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El retorno del rey KONG
El director de El señor de los anillos, Peter Jackson, regresa a las pantallas con el proyecto más “peludo” de fin de año: una nueva versión del clásico King Kong. En esta entrevista habla sobre su visión del film, que será visto en el país a partir del próximo 14 de diciembre. Ian Nathan
“Es completamente cierto que después
de ver King Kong quise dedicarme al cine.
Yo tenía nueve años de edad
y justo al día
siguiente de ver la película
comencé a filmar pequeños cortos
con una cámara Súper 8
de mis padres. Conseguí un poco
de
plastilina y arranqué
a hacer peliculitas”.
Peter Jackson
¿Ha sido King Kong más difícil que El señor de los anillos?
“No es más difícil. Lo interesante es que creíamos que era una película más modesta, pues El señor de los anillos duraba hasta tres horas y veinte minutos y teníamos más efectos especiales. Siempre pensamos que Kong duraría dos horas, dos horas diez, quizá dos horas veinte. Pero cuando cortamos los rollos obtuvimos una película de tres horas (risas). Traté de recortarla un poco durante un año. Luego, tenía sentido dejarla de tres horas. Y los estudios estuvieron de acuerdo cuando vieron los primeros resultados. Yo estaba esperando que nos pidieran que la recortáramos. Uno pierde la objetividad frente a una película cuando has trabajado mucho en la misma”.
¿Por qué es tan larga si el original es bastante más corto?
“Esa es una muy buena pregunta. Yo me la he formulado también: ¿cómo es posible que el original sea de una hora y cuarenta minutos? ¿Por qué no pudimos hacer nuestra película de una hora y cuarenta y cinco? Lo sé. De hecho, seguimos la estructura del original, pero tenemos más personajes en esta versión y nos hemos tomado más tiempo para desarrollarlos al igual que la relación entre Ann Darrow (Naomi Watts) y Kong en la isla. Al final, en Nueva York, suceden más cosas. Además, la pelea con el tiranosaurio dura el doble”.
¿Le parece que su versión tiene un gusto diferente a la original?
“Así es. Era inevitable que así fuera. El gusto de la original está estrechamente relacionado con su época. Es imposible para mí juzgarla. Fue hecha en los años treinta. Las actuaciones y el acabado son típicos de ese período. No sé cómo hubiéramos podido hacer una película con el mismo gusto”.
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Naomi Watts es la rubia en apuros, mientras que Adrien Brody es el héroe, un papel que siempre fue suyo en la mente del director. Jack Black completa el trío portagónico de lujo de este film |
¿Cómo describiría su versión?
“Cuando la vimos, hace un tiempo, y espero que el público lo note, me sorprendió lo poco comprometida que era. Sentí una gran simpatía por Kong, lo que fue intencional, siempre tratamos de conseguir eso. Pero me gustó el hecho de que no comprometimos el personaje. Es un gorila salvaje y brutal; es un animal salvaje. Logramos mantener su impredecibilidad. Por ejemplo, en la escena con Ann en la isla, es posible sentir compasión por Kong, y uno comienza a entenderlo. Y en la siguiente escena, él ataca a los marineros que lo están buscando; personajes que morirán a manos de Kong. Es bastante extraño. Pero interesante. Me gusta la complejidad de la película. Me gusta como estamos presentando a Kong”.
¿En qué momento se dio cuenta de que había logrado la apariencia que deseaba para Kong?
“Fue después de que salió el trailer. Estábamos trabajando aún en la imagen de Kong cuando apareció. Entonces cambiamos un poco su apariencia. Lo hicimos más viejo; siempre me pareció que debía ser muy viejo. Primero le pusimos más cicatrices y lo hicimos más rudo. También le estrechamos un poco la cara porque me parecía que la tenía un poco redonda y le pusimos más canas. Finalmente, lo ensuciamos un poco para que pareciera el tipo de criatura que ha pasado varias décadas en isla Calavera”.
¿Cuál fue la escena animada más complicada?
“Todas son complicadas de una u otra forma, pero la coreografía más compleja es la del tiranosaurio. Quería evitar que la pelea tuviera lugar en un claro del bosque. Obviamente empieza en un lugar, pero se va desarrollando a lo largo de toda la isla. Fue muy trabajoso, pero emocionante, y activó la creatividad de todos. Al final resultó una secuencia de 300 tomas; es decir, como nueve minutos de duración. Así que es la gran secuencia de la película, la obra central de las escenas en la isla. Lo otro que fue complicado, aunque no por razones técnicas, fue la escena del Empire State Building. Fue más complicada desde un punto de vista psicológico porque es una escena icónica. En cierto sentido, es la razón para versionar King Kong. Los biplanos atacando a Kong sobre el Empire State Building es algo increíble. Y como me interesaba tanto esto, estaba preocupado. Pero funcionó bien. Es extraño cuando tienes una secuencia que significa tanto para ti desde un punto de vista personal, que ha significado tanto en tu vida y en tu carrera. Estoy orgulloso de eso”.
 ¿Qué aprendió con las películas de El señor de los anillos, que lo haya convertido en un mejor director para hacer King Kong ahora? Lo intentó por primera vez en 1996...
“Cada vez que uno filma aprende algo. Kong será una mejor película de lo que hubiera sido anteriormente. Aparte de los elementos experimentales, con El señor de los anillos aprendimos a ser realistas. Esto hizo la diferencia. Fue la razón por la que reescribimos el guión de 1996; porque no había nada real en él. Era una película ligera al estilo Hollywood. Nos pareció interesante tratar de convertir la fantasía en algo real. Para mí la historia de King Kong se vuelve más interesante cuando se la considera como real… Creo que el problema con muchas películas de fantasía es que sus realizadores creen que todo puede ser una fantasía, todo puede ser ligero. No ven la necesidad de establecer relaciones reales o hacer personajes reales, porque es una fantasía. Eso no es lo que la gente quiere ver. Por el contrario. Si es una fantasía, si hay elementos fantásticos (dinosaurios, duendes, hobbits) entonces debemos procurar que se vean lo más reales que sea posible. Es por esto que hemos basado el personaje de Jack Black, Carl Denham, en gente real. Pensamos en Orson Welles, estudiamos cineastas documentalistas, que eran estos tipos de los años veinte y treinta, los que hacían los documentales de la National Geographic: iban a cualquier rincón perdido del mundo y filmaban los rituales tribales. Cineastas que escandalizaban al público con sus filmaciones, pero que mantenían un estilo parecido al de la revista National Geographic”.
¿Considera que después de El señor de los anillos está mejor preparado para lidiar con Hollywood?
“En cierto sentido sí. El aspecto comercial se vuelve más sencillo. Un proyecto como Kong es algo muy directo porque el estudio te pide que lo hagas, y dijimos: ‘Claro, nos encantaría hacerla’. Y el negocio se hace rápidamente. Se acuerda un presupuesto y luego simplemente vas y haces la película. Es maravilloso trabajar aquí (se refiere a Nueva Zelanda). Todo se ha hecho acá. Es genial tener acceso a toda la infraestructura de Hollywood sin formar parte de la misma. Es muy político, lo sé. Supongo que uno en Hollywood aprende que lo que impulsa a los ejecutivos es el temor de perder su trabajo. Entonces hay que encontrar un modo de hacer lo que quieres sin poner en peligro el trabajo de los demás. Comienzas a conducirte muy políticamente. Y es raro porque lo que debería impulsar a la industria cinematográfica es la emoción que despierta la creatividad. Me parece que no hay verdaderos rebeldes en ese mundo; no sienten emoción creativa. Pero cuando la hay es genial”.
¿Qué tan detallado es el mundo que han creado?
“Bueno, para empezar, Nueva York es increíblemente detallada y se ajusta mucho a la realidad. Lo que quise hacer con Nueva York era dar la impresión de que habíamos caminado por la ciudad en los años treinta y habíamos filmado en la misma. Muchas películas de época se sienten limitadas, porque pareciera que sólo hay un ángulo desde el cual filmar. Cierran una calle y cubren los hidrantes y los parquímetros. No tienen mucha elección. Yo quería liberarme de todo eso y hacerle creer al público que habíamos filmado en la Nueva York de los años treinta. Lo logramos mediante la construcción de calles con edificios de 20 pies de altura. Eso nos permitió hacer cualquier cosa que quisiéramos en la calle. Y luego construimos Nueva York en computadora. Esto fue muy interesante. Básicamente reprodujimos Nueva York en computadora como es hoy en día y obtuvimos toda la información aérea, los mapas y las reseñas. Así pues, nos dedicamos a convertir a la Nueva York del presente en la Nueva York de los años treinta. Una de las cosas más importantes era la secuencia aérea del final. Esta es tan realista que es imposible darse cuenta de que no es la verdadera Nueva York”.
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| La película está ambientada en 1933, el mismo año cuando fue estrenada la versión original. Peter Jackson rinde homenaje al primer film respetando situaciones e, incluso, haciendo lucir a su estrella, Naomi Watts, un sombrero parecido al de la actriz Fay Wray en una escena |
¿Qué nos puede decir de la isla Calavera?
“La isla Calavera fue interesante porque es la parte de la película que me preocupaba más; tenía que lidiar con los nativos de la historia. Cómo hacer para que no sea un cliché o resulte racista. Cómo manejar ese tipo de cosas. Al final se me ocurrió que debíamos hacer el pueblo de isla Calavera lo más realista posible; no hacer cualquier cosa, no hacer un cliché, sino algo auténtico. Así que decidimos estudiar varias culturas, culturas de la Micronesia. Hasta no hace mucho había gente que vivía aún como lo han hecho durante siglos. Logramos reunir mucha información y creamos esta raza ficticia de hombres que vive en la isla. No nos basamos en un pueblo en particular, sino en elementos de diversas culturas”.
¿Aún conserva elementos de cuando intentó hacer King Kong a los 12 años?
“Así es. De hecho, los tengo en la sala de edición. Los he tenido en la sala de edición durante los últimos meses. Construí la parte de arriba del Empire State Building con cajas de cartón, y permanece al lado mío en la sala de edición a manera de talismán. No soy muy hábil haciendo maquetas, así que cuando uno las mueve mucho se empiezan a desarmar. Tengo un modelo de Kong hecho con goma, al que le puse una piel de zorro que me regaló mi mamá. Así que ahí está. Es muy frágil, pues tiene 30 años. Se está desarmando. Otra cosa que debo tener por ahí es un paisaje de Nueva York que pinte en una sábana. Tengo una foto de la película y le pinté el edificio de la Chrysler y el río y los puentes para utilizarla como telón de fondo”.
¿Recuerda la primera vez que vio la versión de 1976?
“Sí. Es decir, yo era un gran fan de Kong y leía Famous Monsters Of Film Magazine y Starlog. Todavía recuerdo la emoción que causó toda esta situación. Lo que recuerdo de la versión de Dino (De Laurentiis) es la increíble campaña de mercadeo. Yo tenía 14 años de edad. Unos meses antes del lanzamiento de la película, Kong estaba en todos lados. Y decían constantemente que no era un actor disfrazado de mono, sino un Kong mecánico que habían construido. Pero yo sabía que era Rick Baker en un traje de Kong, porque estuve siguiendo el proceso de realización en algunos artículos de revista. Lo que estaban tratando de lograr era atraer a la gente para que fuera al cine. Querían que la gente creyera que este robot había hecho casi toda la película. Yo estaba muy emocionado con todo esto, y me convencí de que el día del estreno habría multitudes tratando de ver la película. Me debo haber escapado de la escuela o era un día feriado, no recuerdo; pero con seguridad no estaba en la escuela. Recuerdo que me imaginaba una gran multitud porque para mí era un gran evento... Había como diez personas. Vi la película dos o tres veces. Me decepcionó, pero no estaba mal. Como tenía catorce años, estaba feliz de ver King Kong”.
Esto puede sonar extraño, pero, ¿me podría describir a Peter Jackson?
“¿Yo? Bien, creo que soy bastante torpe. De verdad. La gente me ha puesto en un lugar en el que sé que no estoy. Trato de llevar una vida lo más normal que sea posible y trato de ser lo más normal posible. Pero, en cierto sentido, eso es difícil porque llevo una existencia extraordinaria gracias a la publicidad y a la atención que gané con El Señor de los anillos. Antes todo era más normal. No creo que sea una persona interesante. No tengo pasatiempos interesantes. No me gustan los deportes. Soy pésimo hablando de deportes. No me gustan los bares y no me gustan las fiestas. Soy un poco tímido. Me gusta contar con un amigo en quien pueda confiar. Me gusta pasar el tiempo con mis amigos, con mi familia y en solitario. No me interesa la fama, no me gusta. He tratado de revelarme contra ella en alguna medida. Mi mayor fantasía es hacer lo que hizo Kubrick, no dar más entrevistas o siquiera promover una película. Eso es lo que me gustaría hacer. Salirme del radar. Eso sería genial. Suena como si me estuviera quejando, pero no es cierto. Hay ciertas personas capaces de aceptar o rechazar por completo la fama, pero no es mi caso”. l
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