
Dossier Venezuela
de punta a punta
El rostro
Andino
de Lara
La región de montaña de este estado tiene sorpresas dignas de descubrir. ¿Conoce ya los pueblos fríos de San Pedro, Jabón y Los Humocaros, o la grata calidez de Barbacoas? Por Yamilet Herrera. Fotos: Héctor Andrés Segura
'Yo los he visto, chiquiticos. Cuando
uno se les va acercando se pierden
por ese cerro arriba. En una finquita
de café que tenía, cuando íbamos
a trabajar dejábamos las bolsas
con comida y las conseguíamos
llenas de palitos, eso lo hacen por maldad". La voz de Adelis Desiderio Chávez cuenta una historia común
en los pueblos de la cordillera
larense. Por ahí, aseguran, hay duendes traviesos y también
seretones (otro tipo de gnomos)
que enamoran a las muchachas.
Pero nada de asustarse, es parte
del encanto de los bosques
nublados.
San Pedro, Jabón y Barbacoas
están unidos por la geografía,
el clima y el sosiego. Sin embargo, "improvisaciones en la ley de división político-territorial hacen que los dos primeros pertenezcan al Municipio Torres y el tercero a Morán", aclara
el docente tocuyano Pablo Quintero. Dice Quintero que en esa demarcación no se tomaron en cuenta sus coincidencias antropológicas
y culturales y agrega que los tres
fueron fundados por los españoles.
En todo caso, todos suelen ser el destino de fines de semana, lunas de miel y temporadas vacacionales para quienes escapan del smog, las cornetas y los decibeles intensos de la capital de Lara.
El desvío de la carretera a Carora hacia Agua Viva lleva por un camino largo y recto hasta la entrada de San Pedro. Los espigados cañaverales bordean la ruta que exhibe de fondo las cumbres arropadas por la neblina. En medio del valle, el central azucarero La Pastora regala aromas de molienda, y del otro lado se divisan los atados de heno, el ganado, el campo apacible. Después viene un tramo de curvas, el cruce de quebradas de aguas frescas y el contraste de cerros encendidos por el rojo de la arcilla, en medio de otros cubiertos de helechos, líquenes aferrados a la humedad, palmas moriches y flores silvestres, amarillas y lilas, salpicando el paisaje.
En algunos puntos, frescos manantiales descienden como serpentinas. La vía irregular sirve de excusa para andar lento y beberse el regalo de la naturaleza sorbo a sorbo.
Un arco de piedra da la bienvenida al poblado, casas tradicionales y chalets sirven de hospedaje en temporadas altas. También existe la alternativa de las posadas. Valle Azul y La Asomadita, con un mirador hacia el espectacular valle, son algunas opciones. Recorrer el pueblo a paso lento permite compartir con su gente, detenerse un rato en las bodegas, saborear una conserva de coco y probar las cuajadas, así como disfrutar de la plaza, la iglesia y la casa comunal, o sólo pararse a respirar el aire puro, para cargarse de energía y disfrutar del verde espeso que todo lo rodea.
Tomando hacia la derecha en la ruta a Jabón, hay una parada obligatoria, la champiñonera, donde puede comprarse la suculenta producción que, en su mayoría, es para la venta al mayor.
Hacia Barbacoas
Un camino rústico conduce directo a Barbacoas. El clima cambia, la temperatura se torna cálida y la vegetación muestra signos de aridez... cactus y cujíes le dan ritmo. Cuentan que éste fue uno de los primeros asentamientos de españoles y que
el territorio emergió del mar, por esos
pueden encontrarse restos fósiles
sobre la superficie.
Las casas están rodeadas de muchas flores,
los hombres trabajan la agricultura y después
de la escuela los niños se entretienen jugando
con "fondas", lanzándole piedritas al horizonte.
Para quedarse en el lugar puede tocar las puertas
de las posadas Doña Elisa, La Pablera
o La Abuela María, entre otras alternativas.
Un sitio para regalarse con los sabores nobles
de la comida criolla es La Bella Durmiente,
el restaurante de Carmelinda Oropeza y José Lucena. Allí se esmeran en servir sabrosuras
como arepitas calientes, redondas cuajadas,
suero de tapara y picante.
Listos para seguir, se divisa a los lugareños sentados frente a sus casas, seguros de que
sus vidas nada tienen que ver con las últimas páginas de los diarios que ellos alcanzan
a leer ocasionalmente. En el panorama también
se divisa la espigada iglesia de San Felipe
Apóstol, el patrono.
Una vez en el caserío La Ciénaga, destaca el letrero de la panadería La Peonía,
de la familia Barrios. Los tradicionales panes de tunja, acema, catalinas y otras delicias doradas en un horno artesanal se exhiben apetitosas. Un paquete ideal
para responder al infaltable: "¿Qué me trajiste?".
A Barbacoas también se llega por Humocaro Alto; en esa vía sorprenden las variedades de frailejón, que reafirman el lado andino del Estado Lara.
En Jabón
La espesa neblina y la temperatura
de 18 ºC reciben al visitante. El clima fresco y seco se prolonga, y pronto
se asoman las casas de bahareque
y las calles empedradas. Unos 3.000 habitantes ocupan esta geografía, asiento de la Casa Betania, de retiros espirituales y de La Ciudad de Los Muchachos. La biblioteca pública es una casona colonial restaurada,
y la cancha múltiple, la más alta
de centrooccidente. Su vegetación silvestre y el azul del cielo son
un bálsamo para los sentidos.
A Jabón se puede llegar por la carretera Panamericana o desde La Pastora.
Se encuentra a 150 kilómetros de Barquisimeto y a 1.529 metros de altura, lo cual hace que sea un destino predilecto para quienes cruzan el aire en aventuras de alto riesgo.

Es un pueblo alegre que conserva las tradiciones
mágico-religiosas como el robo del niño Jesús, el baile
de la Cruz de Mayo, el velorio de San Benito
y las fiestas patronales en honor a la virgen
del Carmen.
Fotos: Julio Colmenares

La Cascada del vino
Bañarse "con vino" no es algo excéntrico en Lara.
En medio de las montañas de Morán, entre Los Humocaros y Barbacoas, una altísima cascada,
de unos 90 metros, golpea sus aguas contra las
rocas y al caer forma una helada piscina, tinta
por el color del ácido tánico que emana de los
árboles cercanos. No es de una vid, precisamente,
pero para aquellos que se atreven a sumergirse
en ella, el efecto resulta ciertamente embriagador
| Los humocaros |
Humocaro Alto y Bajo pertenecen al Municipio Morán. Envueltos por el frío, regalan un espectáculo de montaña y mucho verde.
Saliendo de Barquisimeto se toma la ruta
a Carora, luego el desvío en Sabaneta hacia
Agua Viva y después San Pedro-Barbacoas.
Una parada obligatoria es el kiosco "El loco Nelson", de Nelson Arroyo y su esposa Florinda Garfield. Las cestas y otros objetos tejidos
de mapora y carrizo colman la tienda. Mientras escoge algún recuerdo, disfrute las deliciosas empanadas de masa fina, cuyo relleno tiene
una sazón inolvidable y como postre pida
un cambur pintadito .
Como cosa curiosa, Humocaro Bajo se encuentra a mayor altura que Humocaro Alto.
Entre sus atractivos están la Plaza Bolívar y la iglesia Nuestra Señora del Rosario,
un antiguo templo detrás del cual se encuentra El Gran Peñón, una inmensa piedra
del tamaño de una montaña.
Las calles Berríos y del Carmen ofrecen recuerdos coloniales, casas de tejas y grandes ventanales. En el cruce, el Museo de las Tradiciones Emilia Rosa de Gil. Una sala religiosa exhibe imágenes de madera, pilas bautismales, un sagrario y misales, entre otros objetos.
Un área reúne mobiliario antiguo, armarios, aguamaniles de peltre, bacinillas y catres.
En el patio hay maquinarias e implementos de trabajo antiguos: herraduras, yuntas,
sillas de montar y la primera planta eléctrica que llegó al pueblo.
Ambos Humocaros reúnen atractivos naturales y urbanos como las cuevas Ña Diega
y La Peonía, el Parque Nacional Dinira, Hato Arriba, el Charco del Gallo, los caseríos
La Peña y Buenos Aires y el Páramo de Cendé. En la Cascada de Los Humocaros
hay un balneario con instalaciones recreacionales para una jornada de ecoturismo.
En Humocaro Alto está la iglesia San Antonio, frente a la plaza principal, y de su paisaje natural resalta la cascada El Arzobispo. En ambos hay posadas cómodas, y la cordialidad
de su gente hace que la experiencia sea cálida. |
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