
Una picadera, una probadita aquí y allá a lo largo de la geografá nacional, un recorrido goloso, lleno de memoria, gusto y buena sazón. De eso se trata esta edición aniversaria, que pretende invitar al lector a saborear, una vez más, el país, a sentarse junto a nosotros en la mesa venezolana, para recordar y redescubrir tanta cosa buena y sabrosa que ofrece su gastronomía.
Muchas manos, anónimas y reconocidas, han metido la mano en este caldo -de letricas-, y su sapiencia, sus recetas y sus charlas han logrado que podamos dejarlo en su punto.
A algunos de los convocados les hemos pedido, incluso, que conciban, a manera de abreboca, una respuesta a la inquietud fundamental que sirvió de excusa para armar estas páginas apetitosas.
Así las cosas, el profesor Rafael Cartay es el primero en lanzar su propuesta: "Venezuela me sabe
a pabellón. No sólo porque este es un plato muy completo, sino también porque me regresa a mi infancia, a la sazón materna, y también porque recrea los distintos ambientes y paisajes gastronómicos que conforman el país, con sus montañas, sus llanos, sus selva, su costa y la dinámica social de su región central".
El chef Víctor Moreno, de su lado, lo sirve de esta manera: "Me sabe a ají dulce, a maíz, a chocolate, a sofrito criollo, a hervido de gallina, a caraotas negras. Sabe a mezcla criolla, africana, española y de nuestros aborígenes. Creo que tenemos una cocina tremenda".
Finalmente, como guinda, la fogosa Helena Ibarra aporta su toque particular: "Lo diré en una frase: Venezuela me sabe a pasión. Tengo muchos años dedicada a explorar los sabores venezolanos y nunca dejan de ser una enorme sorpresa que activa, cada vez más, mi curiosidad gastronómica. La intensidad de los perfumes de nuestros alimentos es algo muy poco usual en el mundo. La sutileza de un ají dulce y la de un cilantro en flor son mágicas. Así como el ajo macho, lleno de una cantidad de matices que le dan nobleza. Por otro lado, nuestros pescados son extraordinarios, por eso los japoneses se los llevan y gozan un mundo con ellos... Todos estos privilegios hacen que nuestra comida tenga un sabor único".
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