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O también guarubí. Como quiera que se le nombre, lo cierto es
que esta salsa picante indígena, preparada originalmente por
la etnia kurripaco, es usada en
el estado Amazonas para acompañar platos con pescado.
Se elabora con masa de yuca dulce, un ají de alto calibre -se suele emplear uno que por esas tierras llaman tornillito-, sal y
aliños. En aquello del picor se las
trae, y es, sin duda, un aderezo hermano de la más conocida catara, picante típico de la región que se elabora con yare -jugo de la yuca-, aliños, ají y el indispensable bachaco culón, que es el condimento que le otorga
su característico sabor.
Foto: www.sxc.hu
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Algunos cronistas de la conquista en Venezuela reseñaban que nuestros indígenas se alimentaban, principalmente, de lo que crecía debajo de la tierra.
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Con toda seguridad, uno de los tubérculos que originó ese comentario fue la yuca,
a la que Cristóbal Colón se refirió como "zanahoria con sabor a castañas". Hervida, frita, en forma de casabe o como parte fundamental de preparaciones típicas de Amazonas -mañoco, harina de yuca amarga molida, o yucuta, bebida elaborada
con el mañoco, entre otras- conforma uno de los pilares de la alimentación del país,
a pesar de ser baja en proteínas, carencia que es compensada con su riqueza en hierro, vitamina B y fósforo. En cuanto a los tipos, básicamente existen dos: la dulce o mansa, que sólo requiere un hervor para ser consumida,
y la amarga o brava, a la que se le ha de extraer el yare -jugo amargo y tóxico-, y que es la materia prima de las tortas de casabe. En el caso los postres que hechan mano de ella, no son muchos en Venezuela, pero los hay y con innumerables adeptos: he ahí, pues, a los almidoncitos,
las naiboas y los buñuelos. Y para finalizar, cómo no mencionar que sancocho o parrilla que se respete
en estas tierras, incluye una buena ración de yuca
con su respectiva guasacaca.
Foto: Archivo
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Igualmente, sapoara, sapuara
o zapuara. Este pez, abundante
en el Orinoco sólo durante julio
y agosto, temporada durante la
cual aprovecha la crecida del río para remontarlo a contracorriente con el fin de desovar, es muy apreciado por los habitantes de
la región de Guayana, quienes
lo comen frito, relleno o en sancocho. A él han dedicado
una feria -antes de la zapoara,
ahora del Orinoco-, y también una
leyenda, segœn la cual si un visitante se come una cabeza del pez, quedará atrapado en las redes de una guayanesa
y por allá habrá de quedarse. Eso sí, como el amor, dicen que, aunque sabroso, tiene más de una espina. Si tiene dudas -no vaya a ser-, opciones sabrosas es lo que hay
en la zona: entre otras, el morocoto, la palometa
o el ya mencionado lau-lau.
Foto: Oscar Arria
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