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Foto: Oswer Díaz Mireles
Se suele escribir talkarí, tarkaí e, incluso, talcarí o tarcarí, pero, en definitiva, es lo mismo: un gustoso guiso heredado de India que llegó a Venezuela haciendo previa escala en la isla de Trinidad. El ingrediente que lo caracteriza es el masala, masalá o curry. Se prepara con chivo y, en ocasiones, con gallina como sustituto de esa otra proteína. Pero, además, lleva orégano, clavos, pimentón, ajo, vinagre, pimienta brava, cebolla, berenjena, papa y leche de coco. Toda una mezcla de sabores que, gracias a la fiebre del oro que llevó a los trinitarios hasta las costas de Güiria, en Sucre, penetró la cultura culinaria de esa región para convertirla, definitivamente, en una de las más
ricas del país.
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Foto: Archivo |
Bien lo dijo el artista plástico venezolano, y ahora tarotista radicado en
Nueva York, Enrique Enríquez: "Nadie deja pasar un tequeño".
El lema le dio hasta para escribir un libro a finales de los años noventa que así tituló. Y es que el asunto es tal cual: salvo contadas excepciones
-pues las habrá, por más dudoso que esto resulte- no hay quien se resista a un tequeño. "¡Fiesta sin tequeño, no es fiesta!", también afirman los más adeptos a estos palitos de queso envueltos en fina masa de harina de trigo que al ser freídos despiertan hasta a los más contenidos paladares. Sus orígenes apuntan a los predios mirandinos de Los
Teques (de hecho, de allí provendría su nombre), donde
se presume que alguna cocinera -de una de las tantas familias pudientes caraqueñas que solían temperar en
la zona- concibió la fórmula magistral en las primeras décadas del siglo XX, para que corriera luego como pólvora por cada rincón de Venezuela. No obstante, también hay una teoría que esgrimiera en su momento
el ya fallecido cronista de Caracas, Juan Ernesto Montenegro y que, de cierta manera, se corresponde
con un hallazgo del historiador José Rafael Lovera,
segœn la cual el tequeño habría nacido en El Teque, "barrio de guapetones y perdonavidas" ubicado al norte
de Miraflores, en tiempos de la Independencia. Elucubraciones aparte, tanto Lovera como Armando Scannone ya han apuntado que tan cotizado pasapalo
no formó parte del recetario venezolano sino hasta el siglo pasado, cuando algunas familias lo servían, incluso, como primer plato. Sus atributos pocos los discuten: un tequeño se puede disfrutar a cualquier hora y ya podría decirse
que hasta en cualquier sitio. Pues para eso están sus versiones franquiciadas que se ofrecen en este nuevo milenio en centros comerciales y cines, además de los
que se consiguen de varias marcas en los supermercados. Mención aparte merecen los que ya han sido elevados
a la categoría gourmet, como es el caso de los ideados
por la chef Helena Ibarra, rellenos con queso
de cabra y bañados con sutil papelón.
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