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Este vistoso entremés que distrae la mirada por su combinación de colores era, hasta hace poco, un clásico de las piñatas venezolanas. Hoy día se le ve menos, pero cuando está en la mesa de los pasapalos todavía vuela. Su nombre lo gana, justamente, por parecer un sándwich gigante, en vista de que su elaboración requiere de varias capas del llamado "pan de sándwich", sin concha y cortado longitudinalmente. Es aconsejable humedecer levemente el pan con leche para otorgarle humedad y suavizarlo. Después se rellena con diversas cremas, preparadas a gusto del cocinero, sobre la base de queso crema, crema de leche o mayonesa. Los agregados más populares son anchoas, pimentón, atœn, jamón, aceitunas y, para los más pequeños, Diablitos. La idea es que la preparación quede armónica en sabores. Después de armado, hay quienes lo cubren con una pasta de queso crema y lo adornan con tiritas de pimentón y aceitunas rellenas cortadas en aritos.
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Durante el jueves y el viernes santo, debido a la prohibición católica de consumir carnes rojas, en el Táchira, especialmente en las zonas fronterizas, al igual que en el departamento del Norte de Santander, en Colombia, se acostumbra comer una serie de preparaciones en conmemoración de las siete palabras que pronunció Jesús antes de morir. Estos "siete platillos", como también se les llama, constan de "sopa, arroz, pescado, macarrones, ensalada (zanahoria, cebolla, lechuga, remolacha), torta y dulce", según el Diccionario de cocina venezolana de Rafael Cartay.
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Foto: Contratipo |
El aroma de
esta suerte de salsa base es
lo primero que inunda las cocinas venezolanas y
el anuncio de
que algo bueno
se está gestando en el fogón. Aunque no es
una creación autóctona, sino más bien producto del legado y
unión de las diversas culturas que hicieron vida en comœn desde tiempos de la Colonia, el sofrito es, prácticamente, condición sine qua non de toda comida
que pretenda denominarse criolla. Aun cuando su confección gira en torno a un grupo específico de ingredientes -cebolla, ajo, aj’ dulce, tomate y pimentón-,
en ocasiones el asunto varía dependiendo del plato que finalmente va a prepararse. Por ejemplo, al guiso que se
le agrega a las caraotas ha de restársele el tomate. Ahora bien, el componente que puede jactarse de estar siempre presente es el ají dulce. Otra de las condiciones para confeccionar una buena salsa, un tanto en desuso por estos días, es el onoto en el aceite; este elemento,
además de otorgarle color, también le regala buen gusto. Asimismo, existen recetas como la que ofrecemos a continuación, que incorporan hasta salsa inglesa, un "condimento", por cierto, que ya ha pasado, desde hace tiempo, a formar parte de nuestros platos más tradicionales.
Ingredientes
Puede decirse que las cantidades casi siempre son "al ojo por ciento" y que dependen, muchas veces, del gusto de quien hace la preparación.
l Cebolla
l Cebollín
l Ajo machacado
l Ají dulce
l Pimentón verde
l Pimentón rojo
l Tomate
l Aceite
l Onoto
l Salsa inglesa
l Sal
Preparación
Se cortan todos los vegetales en cuadritos bien pequeños. Del ceboll’n sólo la parte blanca. Previamente, deber’a prepararse una porción de aceite onotado, el cual se hace hirviendo las semillitas de onoto en la grasa. También se recomienda tener con antelación los tomates pelados y sin semillas. Cumplidos estos pasos, en una sartén amplia se coloca el aceite y, una vez caliente, se agregan la cebolla, el ajo, el cebollín, el ají y los pimentones bien picaditos. Seguidamente se añade el tomate, un chorrito de salsa inglesa y sal al gusto. Cuando todo esto alcanza un hervor se baja la llama y se cocina hasta que se observe que los vegetales están bien marchitos y su sabor bien amalgamado. Posteriormente se agrega a la preparación con la que va a establecer el matrimonio perfecto.
Foto: Contratipo
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