
Foto: Archivo |
Desde hace más
de 200 años se
fabrica en suelo
criollo esta bebida espirituosa que a partir de 2004 goza
de una distinción
que la pone a la
altura de los brebajes más selectos del mundo. Se trata de
la denominación
de origen (DOC),
un sello de garantía internacional que otorga el Servicio Autónomo de la Propiedad Intelectual (SAPI), el cual se
le concede a aquellos productos (alimentarios o agrícolas) cuya calidad se debe a la zona geográfica donde se producen, teniendo en cuenta factores tanto naturales como humanos: clima, cultivo, añejamiento e intervención de maestros calficados en su elaboración, entre otros. Como el champagne y el coñac de Francia, como el whisky de Escocia o el oporto de Portugal, ahora la mayoría de los rones nacionales se ha ganado llevar la distinción "Ron de Venezuela". Entre otras virtudes, estos rones se destacan por su "sabor excepcional" -una de las frases que se lee en dicho sello de garantía-, un verdadero halago al paladar, cuestión que se consigue gracias a un meticuloso y estricto proceso de elaboración. Mientras buena parte de los rones son madurados sólo por seis meses, estos criollos con DOC cumplen con un período mínimo de dos años en barricas de roble, lo cual le otorga al néctar una suavidad, redondez y nobleza únicas; eso sin mencionar los rones añejos de ocho o diez años. La tradición ronera del país va de la mano de la legendaria Hacienda Santa Teresa enclavada en los valles aragüeños desde 1796. Allí, como en otros lugares del territorio nacional, se procesa la caña de azúcar introducida a Venezuela en la primera mitad del siglo XVI. Por estos días la moderna tecnología, la práctica artesanal y el conocimiento del hombre se armonizan y engranan para convertir el jugo de la caña en melaza, seguidamente en alcohol y, luego, en ron. El resultado es una aromática bebida color ámbar, que se puede consumir sola o en famosos cocteles como el mojito cubano, el daiquirí, la cuba libre, y otros con curiosos nombres como ladrillazo, zombie o acelerador. Y si bien es cierto que aproximadamente 70% del ron que se produce en el país se toma fuera de nuestras fronteras -donde es muy apreciado y, dicho sea de paso, se vende a elevados precios-, de unos años a esta fecha este licor ha ido recuperando terreno en el mercado venezolano, el cual dominaba antes del boom petrolero. Ahora, al dar un paseo por los establecimientos especializados de la capital se puede observar a una mayor cantidad de jóvenes y adultos disfrutando tragos del criollo destilado. En estos sitios, algunos de reconocida elegancia
y glamour, bien pudiera cantarse
el popular vallenato "Ron pa' to'
el mundo, ron pa' el que quiera".
Foto: Archivo
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