
Foto: Contratipo
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Dice Felícita de Chacón, sin más autoridad que la que
le proporciona ser de una familia tachirense de no sabe cuántas generaciones, que lo que su abuela, y, por consiguiente, su madre, Mercedes Niño, llamaban pisca, no era más que un caldo claro, aderezado con sal, cebolla junca (cebollín) y un poco de cilantro al que, luego de hervir, se le agregaba aceite, cebolla bien pícadita, un poco más de cilantro y un huevo. Nada de papas. nada de leche. También cuenta que doña Mercedes, en ocasiones, le decía que iban a preparar un caldo de papas. Y entonces sí aparecían la leche y, por supuesto, las papas. Este caldo era, y sigue siendo, plato estelar del desayuno dominguero andino. Alrededor de él giran las hallaquitas, el pan camaleón o de maíz, los pastelitos andinos, la nata y las arepas que, no en pocas casas, terminan -desmenuzadas- dentro del propio caldo, como ingrediente adicional junto a una cucharada de mantequilla y un poco de queso blanco rallado. ¿Quién mejor, entonces, que la señora de Chacón para explicar cómo se prepara una buena pisca... con papas? "Yo pongo a hervir el agua - una taza por cada persona que vaya a comer- y, mientras tanto, pico la cebolla junca, la cebolla de cabeza y un poquito, pero un poquito, de tomate, y otro poquito de ajo. Y lo pongo a sofreír todo con sal. Cuando ya está listo se lo echo al agua. Preparo, entonces, un ramito de cilantro, cimarrón y perejil, lo amarro bien, y también lo echo en el agua que está hirviendo. Dejo cocinar todo una media hora. Después pico las papas -una mediana por cada comensal- y las agrego al agua. Cuando están blandas, añado los huevos -que alcancen para todos. Una vez cocidos, tomo, aparte, una taza de leche y le agrego un punto de sal y cuatro yemas de huevos -suponiendo que es para ocho personas-, y lo revuelvo. Apago el caldo, y agrego la leche sin dejar de revolver. Por último, tapo la olla y, más tarde, saco el ramito de cilantro, cimarrón y perejil".
Antes había quienes acompañaban el caldo con "tostados de sal", un pan tostado que tenía forma de arepa. Pero hoy, se prefieren, como ya se ha dicho, las arepas -de maíz o de trigo. Y no puede faltar el cilantro picadito que, en este caso, se añade, de nuevo, una vez el caldo está en el plato. Y es que, cuando se trata de pisca, aquello de "bueno... pero no tanto", nunca ha tenido menos sentido.
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