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ue la popularidad de la palabra chimbo no llame a confusión, pues a este postre emblemático del Zulia le cabe cualquier calificativo, pero jamás uno que indique desprecio. Hay quienes dicen que lo de chimbo podría deberse a la similitud con la palabra quimbo, que es como se conocen estos huevos en Colombia, si bien no falta quien atribuya el nombre a los pequeños moldes o quimbos donde se solían elaborar. La señora Margarita de Montiel, de Maracaibo, por supuesto, todavía los prepara a la vieja usanza, lo que quiere decir que los hace en las cáscaras de los huevos y no en la "moderna" chimbera. Quién mejor que ella para explicar que se trata de una receta sencilla -no son más que bolitas hechas con las yemas de huevos muy bien batidas, cocinadas en baño de María, y hervidas, luego, en un almíbar de agua y azúcar al que se le agrega, al final, un cuarto de cucharadita de vainilla y tres cucharadas de ron.
Foto: Ana Viloria
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Foto: Archivo
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Esta chef venezolana, formada con los grandes maestros franceses Joel Robuchon y Gérard Vié, lleva 27 años explorando los sabores criollos, dándoles una textura y gusto que los convierten en toda una referencia gastronómica. Así
son sus tequeños de queso de cabra o su no menos elogiado Tepui, una versión local del chateaubriand (corte de lomito), acompañado de una salsa de perejil verde, otra de hongos y unos soles de yuca para un apetitoso cuadro. Quien desde hace tres años y medio es responsable del menú del restaurante Palms del Hotel Altamira Suites, se define como una gran promotora de las exquisiteces de esta tierra. Para darlas a conocer a una persona extranjera sugiere lo siguiente: "De desayuno le daría a probar un pabellón criollo y unas arepas, para que entre en materia. El almuerzo puede ser un mero con ajo macho, casabe por arriba y una infusión de chorizo carupanero por abajo, acompañado de una milhojas de papas con puré de papas por arriba y en el centro trocitos de chorizo, para que tenga los dos matices: el de la salsa y el sólido, eso le hará entender que aquí no andamos con tonterías. En la noche, le daría a probar algo de mi nuevo menú: El Jardín, por ejemplo, que es un plato que lleva brotes con yogur y un roll de cazón ahumado con flores de capuchina y, en el centro, un espejo de gelatina con malojillo, limón y aguacate. De postre, una Merienda de locos: chocolates, gelatina de miel, turrón de alicante, bombas, una taza de leche malteada y una mousse de ponche crema. Eso por decir algo, porque si yo quisiera mostrar lo mejor de la gastronomía venezolana necesitaría, por lo menos, una semana".
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Foto: www.sxc.hu |
¿Quién puede negar las propiedades que tiene un buen caldo caliente a la hora de aliviar los malestares tanto del cuerpo como del espíritu? Según los entendidos, estas facultades provienen de la especial combinación de carne -que puede ser de pescado, aves o res- verduras, aliños y ramas aromáticas cocinadas en hirviente agua. El gusto por saborear un buen hervido o sancocho -si es dominguero mejor- está muy arraigado en el país; tanto así, que en cada zona le asegurarán que está probando
"el mejor de todos". Si está por los lados de oriente, no podrá rechazar el excelente "sancocho e' pescao", preparado con jurel, carite o mero…, cuyas ruedas de carne son cocinadas en aceite bien caliente antes de sumergirlas en el líquido, sin olvidar el chorrito de limón como antesala a la primera cucharada. Llegando a la región central, lo que manda es el hervido de res -del que destacan la sopa de rabo y la de costilla- o el de gallina, con sus bolitas de masa y el cambur maduro dentro del plato para los más osados. Si lo prueba en la región andina le hallará trozos de plátano verde y papa; y en los llanos, seguramente, lo tomará un poco más espeso debido al arroz que le agregan. En fin, una extensa gama de consistencias y sabores que, sin duda, complacen cualquier estómago y gusto.
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