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Muy distinto al que se ha comido por siglos en las Islas Canarias -producto de mezclar distintos granos y frutos tostados, reduciéndolos en una molienda para convertirlos en base para distintos platos-, el gofio venezolano es un dulce preparado con harina de maíz cariaco que se tuesta y combina con papelón y especias, entre las cuales prepondera la pimienta bien molida y, en ocasiones, el jengibre. También se suele hacer con maíz normal -de granos más pequeños y redondos- o con casabe molido, melado de caña, canela, clavo y jugo de frutas, como en el caso del originario de Cumaná. Debido a la consistencia que adquiere al amalgamarse sus ingredientes, hay quienes lo llaman sacamuelas o rompemuelas.
Y por algo lo dirán.
Foto: Javier Pino/
Marvic Ruiz
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La tildan de "sutil brebaje", pero las consecuencias de sobrepasarse con unos tragos de esta bebida podría repercutir en cualquier cosa menos en delicadezas. Pues será el azúcar y la cítrica fruta, solapando el gusto a caña blanca, lo que atente contra el incauto que piense que no hay guarapita que pueda con él. Se trata, además, del orgullo de los hombres y mujeres de las costas de Aragua y Vargas, quienes se atribuyen -por allá por el siglo XVIII- la invención o, al menos, la popularización de esta poción que comparten y reparten al son de los tambores que avivan pasiones. Aunque la receta base lleva siempre caña blanca, aguardiente o ron blanco, mucha azúcar
o papelón, además de algún jugo de fruta natural (casi siempre parchita, pero hay quienes lo hacen con fresa, limón o vaya a usted a saber para cuánto da la imaginación), sobran los que recomiendan agregarle una recarga alcohólica como vermouth blanco o vodka. Otros, por el contrario, acusarán de sacrílegos a quienes osen incurrir en tal acción. La palabra, a todas estas, es diminutivo de guarapa, voz de origen africano que significa bebida fermentada. Más allá de que quienes saben de guarapitas protejan con celo su particular preparación, he aquí una receta, moderada y práctica, transmitida de boca en boca entre los fanáticos de esta "pócima".
Ingredientes: 3 botellas
de 0,70 litros de aguardiente,
una panela de papelón
y, aproximadamente,
un kilo de parchitas.
Preparación: En un
recipiente grande se coloca
la raspadura de la panela,
se añade el aguardiente
y se revuelve hasta que
se disuelva bien el papelón. Luego se agrega taza
y media de concentrado
natural de parchita (que se
obtiene licuando la pulpa de la fruta
sin agua, que se pasa por un colador
de rejilla primero y, después, por uno
de tela). Finalmente se embotella y se deja enfriar
en la nevera durante cinco horas como mínimo.
Foto: Javier Pino/ Marvic Ruiz |
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Foto: www.sxc.hu
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Hasta el corazón se puede poner como un "guarapo" cuando se está en trance de culminar una relación o de despedirse de la persona amada. Están también aquellos que nacieron con ojos "aguarapaos"… Y así, como en la vida, la palabra que da origen a estas expresiones se explaya en significados dentro de la culinaria criolla. Pues cuando se dice guarapo,
se puede estar refiriendo -según bien resume Rafael Cartay en su Diccionario
de cocina venezolana- a cualquier bebida preparada
con mucha agua y azúcar o papelón; o al refresco logrado al mezclar el jugo o la cáscara de alguna fruta, también con mucho agua o papelón; o al guarapo de caña de azúcar, así como al que resulta, simplemente, de dejar fermentar el agua de panela. Aunque también se puede referir a la infusión que se obtiene de hojas, raíces o semillas como ruda, hierbabuena y tilo. La vida del venezolano es un guarapo, ¡y cómo negarlo!
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