
"Estás pidiendo cacao", reza el dicho popular en alusión a aquel que ruega encarecidamente algo. Y cómo no rogar para probar este manjar si los antiguos aztecas lo llamaban "el alimento de los dioses". No es para menos tomando en cuenta que, a partir de su semilla, se produce esa divinidad universal, que "sabe a gloria": el chocolate. Pero hay quien afirma que no fue en México donde nació originalmente, sino aquí mismo, en las ramas del árbol Theobroma cacao de tipo criollo. Al menos así lo asegura el experto en materia culinaria José Rafael Lovera, en su libro El cacao en Venezuela, una historia. El autor explica que este fruto es originario de la Cuenca del Lago de Maracaibo, de donde luego habría sido llevado a Centroamérica y, posteriormente, al país del tequila, mucho antes de la llegada de los conquistadores. Con el paso de los años, los misioneros españoles lo introdujeron nuevamente en nuestro país, pero esta vez en la zona de Barlovento, donde nacería el cotizado tipo Carenero, tan preciado como lo ha sido, desde esos tiempos, el de Chuao, cerca del pueblo de Choroní. Fuera de nuestras fronteras, estos productos naturales son considerados gourmet, lo que es igual a decir que son apreciados por los paladares más refinados. Y ha de ser así, puesto que, no en balde, nuestro cacao es calificado como uno de los mejores del mundo. Felices nosotros, pues, que contamos con marcas como El Rey y Savoy, entre otras, cuyos productos son protagonistas de meriendas escolares, declaraciones de amor e inspiraciones para canciones y piropos (con un "eres un bombón", se suele halagar a las damas). Y si de bombonería se trata, habría que nombrar a la chef venezolana María Fernanda Di Giacobbe, quien, a partir de su establecimiento Kakao, se ha permitido investigar sobre la producción de esta delicia, dando
de probar a sus visitantes exóticas combinaciones chocolateras de presentación artesanal.

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