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Manera más que amorosa de designar a esos ricos dulces horneados, elaborados con coco
rallado, melao de papelón
y harina de trigo, que resultan tan típicos en
todo el país. Besos para
los mirandinos, cocadas para los yaracuyanos
y besitos para el resto… independientemente del nombre que reciban, de su aspecto rústico y su forma irregular tan característica,
¿quién no se ha detenido más de una vez a mitad de la carretera para matar sus antojos con estas doradas golosinas? ¿Y quién, atrapado en una cola, no se ha quedado fascinado ante la habilidad con la que algunas mujeres, sobre todo de los pueblos de la costa, portan sobre sus cabezas, en perfecto balance, una bandeja repleta de besitos junto a sus no menos sabrosas hermanas, las conservas de coco?
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Foto: Guillermo Felizola |
Cuentan los conocedores que
los postres predilectos de la alta sociedad caraqueña en tiempos de la Colonia salían
de los fogones de
tres mujeres pardas: Magdalena, Eduvigis
y Belén Bejarano.
Del grupo de delicias que preparaba esta familia, destacaba un bocadillo muy especial: "la gran torta Bejarana". "Se trataba de una torta cuya consistencia no era la
de un bizcocho tradicional, sino, más bien, un tanto apelmazada o compacta, debido a su ingrediente principal: el plátano. En su composición también lleva queso blanco, huevos, margarina, pan de horno, que son unos bizcochos hechos con harina de maíz cariaco, manteca, anís, papelón y ajonjolí", dice el chef larense Jacobo Perdomo, quien desde hace unos años se ha dado a la tarea de rescatar el gusto por la dulcería criolla. Tal fue el éxito que alcanzó esta torta, que, para la época, no había banquete ni fiesta que se respetara que no la contemplara en su menú. Sin dejar de mencionar a los vendedores ambulantes, quienes en sus cantos de ofrecimiento la tenían como gancho. Y fue, precisamente, gracias al encanto de tales dulces que las tres hermanas se atrevieron a comprar su "blanqueo": con el pago de una fuerte suma de dinero al rey, estas pardas gozarían de los privilegios que sólo estaban reservados a los blancos criollos.
"Ordeno y mando que las tales negras Bejarano sean tenidas como blancas", sentenció el Rey Carlos IV en 1793. No obstante, la "gran concesión" que les otorgó
la sociedad caraqueña se limitó a que, en lo sucesivo, podían escuchar la misa en la última fila del lugar destinado a los blancos, quienes no estuvieron muy contentos con la decisión real. Eso sí, no pudieron resistirse a seguir disfrutando de los dulces de primera
que sólo la entrega y laboriosidad de las Bejarano podían lograr. Perdomo tiene una adaptación de la receta que, según él, es muy sencilla de preparar:
Torta Bejarana
Ingredientes
• 1 plátano maduro
• 50 g de margarina
• 1 cdta. de clavos de especia molidos
• 4 cdas de ajonjolí (para espolvorear el molde)
• 1/4 panela de papelón (300 g aproximadamente)
• 1/4 taza de agua
• 125 g de queso blanco rallado
• 6 bizcochos rallados
• 6 roscas de pan de horno
• 2 huevos
Preparación
Precaliente el horno
a 375 °F (190 °C). Engrase y espolvoree con ajonjolí el molde. Cocine con suficiente agua el plátano, pélelo, y tritúrelo muy bien. Hay quienes prefieren hornear el plátano con todo y concha por, aproximadamente, 30 minutos. Tueste el pan de horno y muélalo. Derrita el papelón en el agua y prepare un melado. Retire del fuego, enfríelo y cuélelo. En un bol una todos los ingredientes y mézclelos muy bien con la ayuda de una batidora eléctrica. Vierta la mezcla en el molde, preferiblemente refractario. Hornee por 45 minutos, aproximadamente. Retire del horno y deje enfriar.
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Sinónimo de rumba, de una escapada con los amigos a echar los cuentos pendientes. La cerveza venezolana, a la cual los habitantes de este país bautizaron con este nombre, prestado de su denominación italiana, es la invitada permanente a cualquier velada, sobre todo a la playera, donde se le ofertará como una "fría" o una "catira". Dicen que refresca el "trancao" de un juego de dominó, además de desinhibir el alma para una buena sesión de baile. Miembro de honor en las parrilladas y víctima del diminutivo que pareciera hacerla más apetitosa al paladar: "Una cervecita, por favor",
es también la eterna protagonista de una promesa incumplible: "Una más y nos vamos".
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