- Inspiración cinematográfica
- Su ciudad particular
- De amor y de guerras.
Pinceladas flamencas

- Especial
para nostálgicos

 CRONICA
- Llenando las horas
- Bien equipados
- Con las pilas puestas
- Los riesgos de la educación superior
- Los diez mitos
de la enseñanza
- Aprendizaje virtual
- Un espacio integral para niños muy especiales
SALUD
- ¿Dormir
sin descansar?
BELLEZA
- Aliados capilares
MODA
- Decálogo de una mujer elegante
COCINA
- La cocina belga
MASCOTAS
- Normas de higiene
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
 

Los riesgos
de la educacion superior

¿Recuerda la diferencia entre derivadas e integrales? La culpa la tienen los excesos durante los años en la universidad. La vida de un estudiante universitario es una experiencia inolvidable, pero puede hacernos olvidar todo lo que hemos aprendido. Steven Kotler

Asistimos a la universidad para aprender, para absorber una cantidad sorprendente de conocimientos que nos preparará para la vida adulta. No obstante, la universidad no es simplemente un depósito de información. También representa el fin de la supervisión por parte de nuestros padres. Para muchos estudiantes, ello se traduce en cinco años de trasnochos, comida chatarra y fines de semana de extrema diversión que comienzan el miércoles. Si bien estamos conscientes de que los malos hábitos obran en detrimento del proceso de conocimiento en general, nuevas investigaciones han demostrado que el afán de los estudiantes universitarios por comer, beber y divertirse siempre tiene efectos devastadores en el aprendizaje y la memoria. Resulta que el mismo lugar al que acudimos para educarnos, de hecho, puede ser uno de los peores ambientes posibles para poder retener todo lo que hemos aprendido.

¡Pana, no he pegado un ojo en tres días! Los seres humanos normales pasan una tercera parte de su vida durmiendo. Sobre la base de esta afirmación, se puede decir que los estudiantes universitarios de hoy no son normales. Mediante un sondeo de opinión de estudiantes universitarios de la Stanford University, en Estados Unidos, se determinó que un 80% de la población estudiantil de esa institución podía ser calificada de insomne. Por su parte, la National Sleep Foundation de esa nación realizó una encuesta y comprobó que la mayoría de los adultos jóvenes duermen únicamente 6,8 horas diarias.

Al parecer, estar en vela toda la noche puede ser la única opción cuando se acerca el final del semestre. No obstante, está demostrado que dormir —y dormir bien— podría ser una mejor forma de salir bien en los exámenes. El sueño es fundamental para la memoria declarativa, la que nos ayuda a recordar, por ejemplo, o bien en qué año se inició la I Guerra Mundial o en qué aula es la clase de francés. Igualmente es vital para la memoria de procedimiento, la que usamos cuando aprendemos a conducir un auto o a escribir un ensayo de cinco párrafos. “La práctica hace al hombre perfecto”, señala Matt Walker, psicólogo de la escuela de Medicina de la Harvard University. “Pero dormir en la noche después de un día de estudio podría hacernos, incluso, más perfectos”.
Walker enseñó a 100 personas a realizar una serie de secuencias, sin sentido, en el teclado de una computadora —una tarea estándar de la memoria de procedimiento o implícita. Cuando les pidió que repitieran la secuencia 12 horas después, nadie logró hacerla. Sin embargo, cuando a un grupo de ellos se le permitió dormir en la noche antes de ser sometidos una vez más a la prueba, su velocidad y precisión mejoró entre un 20 y un 30%. “Fue sorprendente”, explica Walker. “Fuimos testigos de cómo mejoraron las habilidades de estas personas con tan sólo dormir”.

Para la memoria implícita, las fases de mayor profundidad del sueño, en las que la actividad cerebral es más lenta, fueron las más importantes para registrar una mejoría —particularmente durante las últimas dos horas de la noche. En cambio, la memoria declarativa o explícita es procesada durante las primeras fases del sueño. “Ello significa que la memoria necesita ocho horas completas de sueño”, añade. Walker también descubrió que si alguien no duerme por 24 horas después de haber aprendido una nueva destreza, una semana después la habrá olvidado totalmente. Así que los estudiantes universitarios que se mantienen en vigilia durante los exámenes pueden sacar buenas calificaciones, pero es probable que no recuerden nada de lo aprendido el semestre siguiente.

De acuerdo con Walker, es preciso repensar la práctica común de recargar a los estudiantes con ensayos y exámenes en un semestre. “Los educadores están fomentando el desvelo”, agrega. “Esta no es la manera más efectiva de introducir información en el cerebro”.

¿Quién quiere pizza? Visite el cafetín de cualquier universidad estadounidense y se sorprenderá al ver un menú cargado de papas fritas, pizzas grasientas, hamburguesas y todo tipo de comida chatarra. Para colmo, los restaurantes de comida rápida no han dejado de invadir las instalaciones universitarias en los últimos años alrededor del mundo. En vista de que sus horarios son apretados y sus presupuestos restringidos, para los estudiantes universitarios la comida rápida es una opción fácil. Una encuesta reciente de la Tufts University arroja que el 50% de los estudiantes consume demasiadas grasas, y que entre un 70 y un 80% come demasiadas grasas saturadas. No obstante, los estudiantes que consumen únicamente comida rápida tienen algo más de qué preocuparse: literalmente, están entorpeciendo su proceso de aprendizaje.

Desde finales de la década de los ochenta, los investigadores han estado conscientes del hecho de que los malos hábitos alimentarios propician el tipo de deterioro cognoscitivo propio de enfermedades como el Alzheimer. Desde entonces, han intentado determinar exactamente cómo influye una dieta desequilibrada en el cerebro. Ann-Charlotte Granholm, directora del Center for Aging de la Universidad Médica de Carolina del Sur, recientemente ha concentrado sus esfuerzos en las transgrasas (grasas hidrogenadas o parcialmente hidrogenadas), que utilizan algunos fabricantes para prolongar la fecha de vencimiento de algunas galletas, pasteles y productos horneados y fritos. Esta grasa se crea al agregarle hidrógeno al aceite vegetal mediante un proceso llamado hidrogenación. Además se le añade cobre o zinc para acelerar la reacción química. Con frecuencia, estos metales se hallan en el cerebro de pacientes que sufren de Alzheimer. Fue precisamente este hecho lo que originó la inquietud de Granholm.

A fin de investigar, alimentó a un grupo de ratas con una dieta rica en grasas hidrogenadas y las comparó con otro grupo que fue objeto de una alimentación igualmente grasosa, aunque sin este tipo de grasas. Seis semanas después, sometió a las ratas a una prueba en un laberinto de agua, el equivalente para roedores de un examen final de química orgánica. “El primer grupo cometió muchos más errores”, afirma Granholm, en particular cuando usó laberintos más complejos.

Al examinar los cerebros de las ratas, encontró que las que habían consumido alimentos con alto contenido de grasas hidrogenadas tenían menos proteínas vitales para una función neurológica normal. Igualmente observó inflamaciones en el hipocampo (la parte del cerebro responsable del aprendizaje y la memoria) y alrededor de él. “Fue alarmante”, agrega. “Estos son exactamente los cambios que normalmente se registran en la etapa inicial del mal de Alzheimer, pero con la diferencia de que se observaron después de seis semanas”, aun cuando las ratas todavía eran jóvenes.

El estudio de Granholm se compara con una investigación más profunda que realizaron Veerendra Kumar Madala Halagaapa y Mark Mattson, del National Institute on Aging. Los científicos sometieron a cuatro grupos de ratones a distintas dietas —una normal, una rica en grasa, una rica en azúcar y otra rica en grasa y azúcar. Cada régimen tenía el mismo contenido calórico, de manera que ningún grupo terminara con más peso en comparación con los demás. Después de cuatro meses, los roedores sometidos a la alimentación con alto contenido de grasa tuvieron un desempeño significativamente peor que los otros grupos en la prueba del laberinto de agua.

Posteriormente, los animales fueron expuestos a una neurotoxina que afecta directamente el hipocampo, con el fin de comprobar si una dieta rica en grasas los incapacitaba para hacer frente al daño cerebral. En el laberinto, todos los ratones tuvieron un desempeño peor que el anterior, pero los roedores sometidos a la dieta rica en grasas fueron los más afectados. “Sobre la base de nuestro trabajo”, indica Mattson, “podríamos anticipar que las personas cuya alimentación tiene un alto contenido de grasas, o de grasas y azúcares, no sólo están deteriorando su habilidad para aprender y recordar nueva información. También están sometiéndose a un mayor riesgo de sufrir todo tipo de trastornos neurodegenerativos, tales como el mal de Alzheimer”.

“Viva el tequila”. Es bien sabido que el consumo de elevadas cantidades de bebidas alcohólicas no estimula precisamente el intelecto. No obstante, mucha gente cree que las idioteces que dicen y hacen bajo el efecto del alcohol acaban cuando pasa la resaca. En cambio, resulta que incluso cuotas limitadas de excesiva indulgencia pueden tener efectos a largo plazo.

Hace menos de 20 años, varios científicos empezaron a darse cuenta de que el cerebro de un adulto no era sólo una masa estática de células. Hallaron que las células madre del cerebro están creando constantemente nuevas neuronas, particularmente en el hipocampo. Por su parte, investigadores que enfocaron sus estudios en los efectos del alcoholismo comenzaron a preguntarse si los problemas de memoria que tienen las personas que sufren de alcoholismo crónico tenían algo que ver con el nacimiento y crecimiento de las neuronas.

En 2000, Kimberly Nixon y Fulton Crews, del Bowles Center for Alcohol Studies de la Universidad de Carolina del Norte, sometieron a varias ratas de laboratorio a un elevado consumo de alcohol por cuatro días. Dejaron pasar una semana para que los roedores se recuperaran de la resaca. Luego las sometieron constantemente a varios experimentos en un laberinto de agua durante los 30 días siguientes. “Al principio no encontramos nada”, explica Nixon. Pero al decimonoveno día, el desempeño de las ratas había desmejorado significativamente. En 19 días, precisamente, las neuronas que habían nacido durante el estado de embriaguez de los animales ya habían alcanzado la madurez —y evidentemente, las células cerebrales que nacieron en este período dejaron de funcionar adecuadamente cuando alcanzaron esta etapa. “(La simultaneidad) fue casi demasiado perfecta”, agrega.

Mientras que en las ratas normales nacieron unas 2.500 neuronas en tres semanas, en las que fueron embriagadas con alcohol nacieron únicamente 1.400. Un mes después, las ratas del grupo de control habían perdido cerca de la mitad de las nuevas células debido al proceso normal de envejecimiento. Sin embargo, absolutamente todas las nuevas neuronas de las ratas intoxicadas con alcohol murieron. “Fue sorprendente”, dice Nixon. “Fue la primera vez que se determinó que el alcohol no sólo inhibe la formación de nuevas células cerebrales sino que también impide que las viejas sobrevivan”. En otro estudio comprobaron que la abstinencia durante una semana originó un doble estallido de neurogénesis, y en un mes sin someter a las ratas al consumo de alcohol lograron que la función cognoscitiva regresara a sus niveles normales.

¿Qué tiene que ver todo esto con las fiestas que organizan los estudiantes universitarios? Varios estudios realizados recientemente concluyen que, en muchos países, los jóvenes en edad universitaria suelen consumir mucho más alcohol que cualquier otro ciudadano. Según un sondeo nacional realizado entre 10.000 estudiantes por la Harvard University, 44% de los universitarios de hoy beben tanto que son clasificados como bebedores compulsivos. La cantidad de alcohol que ingirieron las ratas en el experimento de Nixon superó considerablemente el volumen de alcohol que se bebe en una de estas fiestas típicas. No obstante, otras investigaciones demuestran que los efectos del alcohol funcionan en una escala descendente. Es probable que los estudiantes que pasaron un fin de semana bebiendo de manera exagerada, seguido de siete días de estudios, no olviden todo lo que aprendieron. Sólo tendrían que esforzarse más a la hora de los exámenes.

¿Me regalas un cigarrillo? Si todo lo dicho hasta ahora le preocupa, he aquí algo que realmente no le gustará: fumar cigarrillos puede tener algunos beneficios para el proceso cognoscitivo, gracias al efecto de la nicotina. Desde la década de 1950 se sabe que este compuesto químico mejora la concentración, particularmente en las personas que sufren del trastorno por deficiencia de atención e hiperactividad (ADHD, por sus siglas en inglés). También podría proteger contra el mal de Alzheimer. En 2000, se demostró que una droga similar a la nicotina creada por la compañía farmacéutica Astra Arcus USA restablecía la capacidad de aprender y recordar en ratas que padecían lesiones cerebrales similares a las que sufren los pacientes de Alzheimer. En fecha más reciente, Granholm, la científica que demostró el efecto que tienen las grasas hidrogenadas en la memoria, comprobó que la nicotina estimula la memoria espacial en ratas saludables. Otros científicos determinaron que esta sustancia química también incrementa la memoria tanto emocional (la que nos ayuda a no colocar las manos en el fuego después de que nos hemos quemado) como la auditiva.

Sin embargo, mientras el número de fumadores continúa disminuyendo a escala nacional, los estudiantes universitarios persisten con este hábito. El índice de fumadores entre adultos jóvenes de 18 a 24 años se ha elevado en los últimos 10 años.

En vista de todo ello, nos preguntamos cómo es posible que alguien haya logrado graduarse en la universidad. Si bien Granholm coincide en que los excesos de los años universitarios pueden ser un “ejemplo perfecto de lo que no deberíamos hacernos a nosotros mismos si estamos tratando de aprender”, no recomienda la abstinencia. “Moderación”, aconseja, “como en todo en la vida. Moderación es la clave del éxito en los estudios universitarios”. l

PSYCHOLOGY TODAY. DERECHOS DE EL UNIVERSAL. TRADUCCION: SERVIO VILORIA
*STEVEN KOTLER HA ESCRITO ARTICULOS PARA THE NEW YORK TIMES MAGAZINE, NATIONAL GEOGRAPHIC, DETAILS, WIRED Y OUTSIDE

Ver también en Encuentros:
- Dossier vuelta a clases. Bien Equipados
- Con las pilas puestas
- Los diez mitos de la enseñanza
- Aprendizaje virtual
- Un espacio integral para niños muy especiales

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso