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Para no agotarlos con especulaciones densas
y distraídas que puedan diluir el asunto que me interesa
desgranar en esta ocasión, prometo ir al grano sin dar vueltas
centrífugas en torno al tema. Es bien sabido que la gracia
y la elegancia no son asuntos exclusivos del universo femenino,
y con el ojo afilado y la conciencia maliciosamente entrenada es
posible diagnosticar las claves que hacen de un varón corriente,
un hombre arrollador, magnético y altamente provocador. En
mi opinión, existen 12 mandamientos básicos que favorecen
el éxito de un conquistador irreductible.
Ante todo, recuerda que quien es sexy no
pretende parecerlo. Los varones que son naturalmente seductores
no necesitan hacer esfuerzos explícitos por ponerse en evidencia.
Ver a un sujeto de sexo masculino esforzándose por asumir
el día entero pose de picaflor/robacorazones con modismos
aprendidos en la vereda incorrecta de la vida, da risa: su esfuerzo
te crispa la piel y te produce rechazo en lugar de beneplácito.
Procura nunca elogiar a nadie con frases
aprendidas, ultramasticadas y requeteoídas. Para las
mujeres -que hemos aprendido lecciones de cinismo irremplazables-
la exclusividad es un valor muy importante. Muletillas como "bella",
o peor aún "mi bella", no convencen ni a las féminas
más mojigatas y conformistas. Cuando pretendas flechar a
tu víctima, observa algún aspecto de su discurso ético
o estético y arriésgate con apelativos que tengan
asidero y credibilidad. La realidad arroja evidencias subjetivas
y objetivas que estás obligado a descifrar con sensibilidad.
Si eres del tipo perceptivo tus dardos serán infalibles,
sin embargo, si eres el tipo de macho que sólo ve lo que
se exhibe en forma evidente, mantente fiel a tu simplicidad y no
te traiciones con frases de poesía barata ni boleros trasnochados.
Sé prudente y locuaz. Nunca falla.
Existe un dicho popular que no miente: el que
mucho abarca poco aprieta. Por eso, ser selectivo es una
cualidad que vale oro en las jugarretas del deseo y el amor. Cuando
tienes la desdicha de observar a un hombre desesperado buscando
en qué palo ahorcarse, le pierdes instantáneamente
todo ápice de respeto. Es probable que por desilusión
más de una se retire antes de que finalicen las apuestas
y se decida por un sujeto con más autocontrol. Percibir que
te desean, no por ser fantástica, sino porque el baboso que
te pretende no discrimina entre una falda de buen gusto y una percha
barata, es lo peor.
Los hombres que no temen ser feministas,
liberales y tolerantes tienen el visto bueno del mundo moderno.
Escuchar pataletas homofóbicas, machistas o autoritaristas
de la boca de caballeros de pensamiento anquilosado, es una desgracia
anacrónica y desfasada que honestamente desapruebo. Los hombres
comprometidos con causas nobles, no de la boca para afuera sino
del pellejo hacia adentro, escasean, y los casos bizarros siempre
tienen buena demanda en el libre mercado.
Comer con apetito es un síntoma
de vitalidad indispensable, sobre todo si eres capaz de alimentarte
de un modo saludable y sujeto a los protocolos del manual de urbanidad.
Lo cortés no quita lo valiente, por eso, sin abandonarte
al estereotipo del cerdo insaciable, se puede comer con la saludable
voracidad de un hombre que otorga a la lujuria su justo lugar en
la vida.
En estos tiempos en los que las paradojas de
la metrosexualidad se han convertido en una realidad en boga, es
importante, para los varones con mejor posicionamiento en el ranking
colectivo, tener una adecuada conciencia escénica y estética.
Esto sin caer en el narcisismo de la vanidad desmedida y exacerbada.
Existe una delgada línea entre la preocupación y la
obsesión, y si bien un hombre vestido a la moda resulta sumamente
inspirador, uno obsesionado por su apariencia es fatídico
y despreciable.
Ser valiente, nunca fanfarrón,
es condición obligada de un hombre con una dosis elevada
de sex appeal y sentido de heroísmo. Por otra parte, no ser
demasiado predecible también es importante. El ochenta por
ciento de los ejemplares del muy vanagloriado sexo fuerte es susceptible
a la soberbia, el orgullo y la infidelidad. Si respondes al patrón
masculino sin sorpresas, no lograrás desconcertar a nadie.
Y sin asombro no hay ilusión ni deseo ni admiración.
Sólo aburrimiento.
Sonreír desde el alma y con picardía
es una condición que los mortales deben conservar al precio
que sea, tengan la edad que tengan. Por otra parte, afinar el sentido
del humor es mucho más que importante: un hombre que no se
toma demasiado en serio le facilita la vida a todos los que lo quieren,
lo disfrutan o lo padecen.
Por último, aprender a comprar ropa
de mujer y preferir los aviones a los automóviles
puede revelarte como un sujeto aventurero, inconforme y a todas
luces generoso.
Si eres machista, charlatán, predecible,
impotente e inapetente apréndete de memoria estos mandamientos
y aplícalos sin reservas. Centenares de mujeres insatisfechas
te lo agradecerán. l
tofano@hotmail.com
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