| Fuera de control
El síndrome de vejiga hiperactiva (VHA) supone que un individuo vaya más de ocho veces al baño en un día. A este síntoma lo acompañan la sensación de urgencia y, en algunos casos, la incontinencia urinaria. Pablo Blanco
¿Ha contabilizado usted las veces que orina durante el día? Probablemente le resulte una tarea algo rebuscada y, ciertamente, lo es. No obstante, si el orinar ha afectado su cotidianidad al punto de que, necesariamente, tenga que tener el baño cerca para poder sentirse tranquilo, o bien si usted suspende reuniones de trabajo porque “no aguanta las ganas”, si ha decidido reducir el consumo de líquidos por temor a que esto le aumente su frecuencia urinaria, o siempre lleva ropa extra en caso de que la pueda necesitar y sale poco para evitar las situaciones incómodas que le puedan generar sus incontrolables y constantes ganas de orinar, es posible que usted padezca el síndrome de vejiga hiperactiva (VHA).
Se trata de una afección caracterizada por el aumento de la frecuencia urinaria, acompañado de una sensación de urgencia para llegar al baño. Inmediatamente salta la duda de si no se trata del clásico caso de incontinencia urinaria. El doctor Miguel Angel López Martín, médico urólogo general e infantil del Hospital de Clínicas Caracas, aclara las dudas al respecto. “Aparte del aumento de la frecuencia urinaria y de la urgencia miccional (las ganas incontenibles de orinar) la vejiga hiperactiva puede presentar —o no— como síntoma la incontinencia de urgencia, la cual implica que la persona se orine antes de llegar al baño, por haber fracasado en aguantar las ganas. Esta incontinencia de urgencia nada tiene que ver con la incontinencia de esfuerzo —la cual es la más común— y consiste en orinarse a partir de la ejecución de una actividad física determinada: estornudar, reírse a carcajadas, levantar un gran peso o, simplemente, toser”.
Hidratación versus síntomas
Agrega López que la idea no es crear alarma en la población en torno al tema. El hecho de que un adulto vaya más de ocho veces al día a orinar no significa que, necesariamente, sufra de VHA. Las personas que —por recomendaciones del nutricionista, el vecino o el mejor amigo— ingieren una gran cantidad de líquido al día, probablemente tengan esta frecuencia urinaria sin padecer la enfermedad. Cabe destacar lo mencionado por el especialista sobre este punto: “No existe una medida de vasos de agua —o líquido— específica recomendada para hidratar el organismo; cada individuo, de acuerdo con su peso y con las actividades físicas que lleve a cabo diariamente, deberá ingerir una cantidad determinada. No es lo mismo estar todo el día sentado en una oficina que subir al Avila. El cuerpo requerirá mayor hidratación de acuerdo a lo que se le exija hacer. En cualquier caso es recomendable seguir la siguiente regla: cada vez que se tenga sed, lo mejor es tomar abundante agua hasta quedar satisfecho”.
Se suma a este punto el del color de la orina: si tiene un amarillo intenso significa que la persona está deshidratada; el cuerpo está ahorrando el poco líquido que aún tiene y elimina la orina con muchas sales. “Es una orina ‘mala’, predispone a cálculos y hace trabajar con más intensidad al riñón. Resumiendo el punto: una persona que acostumbre a hidratarse muy bien puede llegar a orinar ocho veces al día; su diferencia con alguien que padezca de VHA es que este último puede tener la misma frecuencia urinaria sin haber llenado completamente su vejiga a lo cual se suman los síntomas descritos anteriormente y un considerable deterioro de su calidad de vida por esta ‘dependencia’ del baño. Ahora bien, ¿qué significa tener una vejiga “normal”?
¿Qué es la vejiga?
Antes de hablar de este órgano es necesario mencionar que pertenece al aparato urinario o excretor. El mismo tiene como función principal mantener la homeostasis (la estabilización del cuerpo relacionada con los procesos fisiológicos), extrayendo de la sangre productos de desecho del metabolismo celular y eliminándolos hacia el exterior del cuerpo. Está compuesto de dos partes:
1. Los órganos secretores, que son los riñones, los cuales producen la orina.
2. La vía excretora: que recoge la orina y la expulsa al exterior. Durante este proceso los uréteres conducen la orina desde los riñones hasta la vejiga urinaria. La vejiga, que es un órgano hueco formado de membranas musculares, recibe la orina de los uréteres y la expulsa, a través de la uretra, al exterior del cuerpo durante la micción (o acto de orinar) en forma voluntaria.
¿Cómo expulsa la orina la vejiga? Específicamente a través de lo que se conoce como el músculo detrusor, que es el que abarca el grosor de las paredes vesicales y se encarga de vaciarla a partir de una contracción. Si la vejiga no está llena este músculo se relaja. “Cuando la vejiga está llena sus receptores mandan esa información al cerebro y este se encarga de ‘dar la orden’ para vaciarla”, comenta López. La vejiga de un adulto, en condiciones normales, tiene una capacidad de almacenamiento de orina que oscila entre 300 y 400 ml. En promedio, un individuo necesita orinar, aproximadamente, seis veces al día. Una orina normal es aquella que es casi transparente.
¿Por qué hiperactiva?
El adjetivo que se le coloca al órgano para darle nombre a la enfermedad está referido al alto número de contracciones que genera el músculo detrusor para expulsar la orina al exterior, aun cuando la vejiga no está llena. Es decir, cuando se está en presencia del síndrome de VHA, la vejiga se vacía al llegar a un límite de almacenamiento que está entre los 150 y 200 ml (casi la mitad de su capacidad normal promedio). Como consecuencia, un individuo que padezca esta afección tiene micciones que se distancian en intervalos de tiempo que no pasan de los 30 a los 60 minutos.
¿Por qué se tiene una vejiga hiperactiva? El doctor López explica que existen varias causas. Las más frecuentes están ligadas a un mal funcionamiento en el sistema nervioso central. Estos casos se conocen como vejigas neurogénicas. Los ejemplos más comunes son: la enfermedad de Parkinson, los trastornos de la médula espinal y la enfermedad de Alzheimer. En otro grupo están los derivados de complicaciones tardías de enfermedades metabólicas como la Diabetes Mellitus, la cual en oportunidades produce trastornos neurológicos y vasculares en la vejiga que conducen a una alteración funcional de la misma. Finalmente, existe un grueso numero de pacientes con esta patología a los cuales no se les conoce ningún factor causante; “estos son los casos que mayormente nos ocupan, puesto que es difícil realizar una prevención adecuada sin conocer los factores de riesgo (las características orgánicas de una persona que aumentan sus probabilidades de desarrollar la enfermedad)”.

Tratamiento
Recientemente se llevó a cabo en el país el evento Simposio educativo de vejiga hiperactiva. Médicos de distintas ramas (dentro de los que se incluyeron especialistas internacionales) discutieron sobre esta afección. La ocasión fue propicia para analizar la enfermedad y al mismo tiempo presentar un nuevo medicamento para contrarrestarla. Se trata de la tolterodina de acción prolongada, un componente que evita que la vejiga se contraiga anormalmente. “Genéricamente los medicamentos para tratar el síndrome de VHA se denominan antimuscarínicos. Usualmente, sus efectos secundarios son desagradables por lo siguiente: inhiben la acción de los receptores muscarínicos, que son aquellos encargados de recibir la orden del sistema nervioso central para llevar a cabo diferentes acciones como, por ejemplo, controlar la frecuencia del corazón, graduar la cantidad de saliva o la humedad del globo ocular y modular la velocidad de los movimientos intestinales; en fin, una gran cantidad de funciones que no son manejadas por nosotros en forma consciente. La novedad con la tolterodina de acción prolongada es, justamente, que el médico puede aumentar la dosis y los efectos secundarios están considerablemente reducidos (como su nombre lo indica, su acción es prolongada). No ocurre así con el resto de los medicamentos previamente utilizados para atacar este síndrome”.
El tratamiento médico se acompaña con la terapia conductual, la cual implica lo que se denomina el entrenamiento vesical, que consta de varios aspectos:
1. Enseñarle al paciente en qué consiste exactamente su problema.
2. Llenar diarios miccionales (registros médicos en los que el paciente detalla las características de su frecuencia urinaria).
3. Micciones programadas: orinar con horarios predeterminados.
4. Micciones diferidas: retardar la frecuencia urinaria paulatinamente hasta lograr establecer una hora fija para ir al baño a orinar.
5. Ejercicios del piso pélvico: contraer el esfínter anal en el momento en el que se sientan ganas “anormales” de orinar, para relajar la vejiga y evitar, por lo tanto, la contracción anormal del músculo detrusor. En algunos casos se coloca un sensor al paciente (a las damas en la vagina y a los caballeros en el ano) que indica si están ejecutando correctamente el movimiento para de esta forma “reeducar” la vejiga.
En Estados Unidos, 16 por ciento de la población sufre del síndrome de vejiga hiperactiva. El riesgo aumenta con el avance de la edad. El sexo femenino tiene dos veces más riesgos de desarrollar VHA que el sexo masculino. Setenta y nueve por ciento de los pacientes afirma haber presentado síntomas desde hace más de un año. No obstante, se estima que sólo 15 por ciento de estos pacientes busca ayuda. En Venezuela aún no se tienen cifras al respecto. Sin embargo, según lo informado por López, se está llevando a cabo un estudio piloto en el Hospital Universitario de Caracas, para obtener una idea general que llevará a un posterior estudio poblacional que permitirá establecer cuántos venezolanos padecen esta afección.l
pblanco@eluniversal.com
Especialista consultado
Doctor Miguel Angel López Martín,
urólogo general e infantil.
Hospital de Clínicas Caracas. Telf. 577.5389.
Sitios web consultados
www.wikipedia.com
www.sexovida.com
www.encolombia.com/medicina/urologia
| SEMEJANZAS QUE CONFUNDEN |
Por similitud de síntomas tiende a confundirse el síndrome de VHA con otras afecciones.
Cistitis
Es una inflamación crónica o aguda de la vejiga urinaria, con infección o sin ella. Su síntoma más frecuente es el aumento de las micciones, las cuales, en este caso, van acompañadas de dolor o escozor. Predomina una evidente turbidez y mal olor en la orina, que puede presentar también piuria (aumento de leucocitos) o hematuria (presencia de hematíes). Afecta principalmente a la mujer.
Infección urinaria
Es una de las enfermedades urológicas frecuentes en el hombre y consiste en la infección, por algún agente patógeno (bacterias con mayor frecuencia), de cualquiera de los segmentos del aparato urinario: riñones, uréteres, vejiga o uretra.
Trastornos prostáticos
El agrandamiento de la próstata, conocido como hipertrofia benigna o adenoma, conduce a la aparición de una serie de síntomas que interfieren en la micción. Los más frecuentes son: la dificultad manifiesta para orinar, incremento en la frecuencia de las micciones, la interrupción del descanso nocturno para evacuar forzosamente la vejiga o un goteo involuntario de orina.
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