| Auténtica
y seductora
La democrática franela o t-shirt se ha convertido
por obra y gracia del cine y sus celebridades en un valor absoluto del estilo masculino. Mario Aranaga
Pocos resisten su encanto: cómoda, accesible, favorecedora, atemporal... La franela es, sin duda, uno de los mejores descubrimientos de la moda. Una herramienta versátil que por su excelente desempeño se ha convertido en todo un imprescindible del hombre moderno.
Los orígenes de la t-shirt no están muy claros, varias versiones aseguran que la sencilla pieza de algodón blanco fue usada como ropa interior por los marineros y los oficiales de la Royal Navy inglesa, como exigencia de la estricta reina Victoria. Otros testimonios apuntan a que una prenda muy similar, pero de lana, era utilizada por el ejército francés para protegerse durante el invierno en el campo de batalla. Historias aparte, el término t-shirt aparece por primera vez en la industria de la moda en el año 1941, como abreviatura de las palabras training shirt, denominación de una pieza publicada en el catálogo de ropa de la tienda por departamentos Sears Roebuck & Co. La descripción del innovador lanzamiento rezaba: “Una camisa especialmente diseñada para jugar golf, tenis o simplemente para el puro descanso”. Su precio, 39 centavos de dólar.
Las cosas cambian
Todo comenzó cuando la hoy famosa líder del casual wear (estilo casual) fue lanzada como pieza de moda por el actor Marlon Brando, protagonista de la película Un tranvía llamado deseo. Su personaje vestido con un modelo blanco y estrecho, era un hombre temerario y muy seductor. Brando, por obra y gracia de la franelita, se convirtió en un símbolo sexual para todo el mundo y su imagen fue el punto de partida de un estilo —todavía hoy— vigente.
Desde aquel momento ya nada volvió a ser igual, la otrora camisa utilitaria se convirtió, pantalla grande mediante, en un objeto de culto, transformándose en la más mediática de las piezas de indumentaria.
Poca a poco, las variantes de diseño de la franela fueron evolucionando al igual que sus distintos usos. En Alemania, por ejemplo, el Tercer Reich la utilizó durante la guerra con fines de propaganda; años más tarde, en América, se vieron miles de franelas con la imagen impresa del presidente Truman. Casi enseguida se pusieron de moda otros estilos con frases y distintas alegorías que fueron popularizando, aún más, a una pieza destinada a conquistar la preferencia mundial.
¿Provocación o libertad?
El paso del tiempo, la evolución del mercado de moda para hombres y el genio creativo de talentosos diseñadores le han dado carácter y fortaleza a la franela, dotándola de artificios y valores agregados que han generado muchas versiones de un mismo tema. Diferentes tejidos, variedad de mangas, cuellos redondos o en forma de V, botones, cierres, broches, materiales resistentes al frío, telas ligeras y transparentes, en fin, es poco lo que no se ha hecho utilizándola como base, y eso le confiere, aún más, su comprobada versatilidad. Su arraigo en el gusto colectivo nunca ha logrado encasillarla en una categoría exclusiva de jóvenes o de atletas con cuerpo perfecto, todos los hombres disfrutan sin complejos de su comodidad y de su maravillosa capacidad de combinar casi con todo.
Blancas, negras, estampadas, en algodón o microfibra la franela es una apuesta segura. Es una pieza que funciona bien con jeans, blazers o bermudas. Ese, quizás, es su secreto. l

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