| Todo por mamá
Amelia le dijo a su hijo que no tenía dinero para enterrar al hombre que acababa
de asesinar.
Max Haines
Era una fría noche de enero de 1949, cuando la policía recibió el aviso de un problema en una de las zonas más bajas en Búfalo, Nueva York.
Una pelea doméstica, la causa de la mayoría de los asesinatos, estaba ocurriendo entre Amelia y John Palwodzinski. Para el momento en que la policía llegó a la escena, John yacía en el suelo con un cuchillo de cocina clavado en el pecho. Estaba muerto.
Amelia no estaba llorando. Ni siquiera estaba disgustada. Con una voz firme y sin emociones contó a la policía que ella y su segundo marido habían discutido. El abuso verbal de ambas partes había llevado a los golpes y, finalmente, ella sacó el cuchillo de la cocina y lo clavó en el corazón de su marido, matándolo instantáneamente.
Amelia fue arrestada y trasladada a la cárcel. Sólo pidió que se le avisara a Harley La Marr, su hijo del primer matrimonio. La policía localizó a La Marr, un joven de 19 años, desempleado, quien vivía solo en los alrededores. Se le llevó a visitar a su madre.
Amelia le comunicó a su hijo que no tenía dinero para enterrar al hombre que acababa de asesinar: “Sólo te pido que entierres a tu padrastro”, imploró.
Harley se fue de la estación de policía y arregló el funeral más económico posible. Luego de prometerle el pago al hombre que se encargaría de todo, se dio cuenta de que no tenía dinero ni un empleo que le permitiera reunir el efectivo para cumplir con tal obligación.
Harley caminó por las calles de Búfalo como adormecido. Estaría en grandes problemas cuando el primer pago del funeral de su padrastro llegara. Se formó un plan en su cabeza. Sabía que había un viejo rifle en el ático. Harley buscó y encontró el arma, pero sabía tan poco sobre armas de fuego que tuvo que llevarla a una armería para comprar balas. Le dijo al sujeto de la tienda que estaba planeando ir a cazar venados, pero en realidad tenía otra cosa en mente.
El confundido joven tomó tranvías y autobuses hasta una zona algo alejada de Búfalo. Mantuvo el rifle escondido en su abrigo.
Por casualidad vio que un carro nuevo azul esperaba en un semáforo a que la luz cambiara. La mujer al volante vestía un abrigo de piel. Debe tener mucho dinero, pensó Harley. Sin recapacitar demasiado sobre el asunto, abrió a la fuerza la puerta del auto del lado del acompañante y saltó adentro.
La señora Willard Frisbee iba esa noche al Sandy Beach Yacht Club en la isla Grand. Su marido no podía ir. Estaba ocupado en la casa completando unos informes de ventas para su compañía, la Queen City Water Co.
La señora Frisbee estaba a punto de recoger a sus padres cuando Harley se metió a la fuerza en su automóvil.
El desesperado joven mantuvo el rifle apuntando directamente a la cabeza de la señora Frisbee mientras ella se dirigía a un pequeño pueblo llamado Clarence. Se le ordenó que detuviera el carro al costado de una ruta oscura y desolada. Según el relato subsiguiente de Harley, la señora Frisbee simuló coger su cartera, pero en vez de eso lo golpeó. El rifle se disparó. Una bala entró en el cerebro de la desafortunada señora y la mató al instante.
A la mañana siguiente, el granjero Harold Mergenhagen vio un abrigo de piel al lado de una ruta de tierra. Luego de la investigación se halló el cuerpo de la señora Frisbee.
Los detectives de la escena notaron que la cartera de la víctima faltaba. De todas formas habían dejado el abrigo de piel y valiosos anillos que no fueron retirados de sus dedos.
Ese mismo día, el auto de la señora Frisbee fue encontrado abandonado en una calle de Búfalo a muchos kilómetros de la escena del crimen. Dentro del coche estaba el arma asesina, una vieja Winchester, que fue hallada en el piso junto a la cartera vacía de la señora Frisbee.
La policía dio a conocer el viejo rifle, asumiendo que era lo suficientemente inusual como para ser reconocido. Esta vía de investigación rápidamente trajo resultados positivos: el dueño de una ferretería recordó haber vendido balas para ese raro rifle. La tienda estaba localizada cerca de donde había sido hallado abandonado el carro de la señora Frisbee.
Los detectives sentían que el asesino podría vivir en el área. Llevaron a cabo un registro casa por casa. Al hacerlo se encontraron con Harley La Marr. Harley no necesitó que lo llamaran. Contó sobre la promesa que le había hecho a su madre y relató en detalle cómo había matado a la señora Frisbee.
Harley fue juzgado, hallado culpable y sentenciado a muerte por su insensible crimen. Mientras esperaba la fecha de su ejecución se quejaba de nunca haber recibido una visita. En la fecha de su cita con el destino, la madre de Harley La Marr lo visitó en su celda. Ella estaba esposada a un policía.
Harley sólo pudo decir: “No te preocupes, Ma”. Pero la madre tenía buenos motivos para preocuparse. Recibió una sentencia de 30 años por el asesinato de su marido, y su hijo Harley sería ejecutado en la silla eléctrica de Sing Sing el 11 de enero de 1951. l
Ilustraciones: David Márquez |