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Su horóscopo en el 5 y 6

Es cierto: había informaciones de corte político, pero no eran las más. Las doce páginas de Estampas, el suplemento ameno de El Universal, se llenaban con contenidos que, si se observan con cuidado, no distan mucho de los que se leen en esta revista por estos días. Un vistazo al sumario los revela: Humor y encuesta semanal, Radio y televisión, A comer sabroso, Estrenos cinematográficos, Excursión fin de semana y hasta Su horóscopo en el 5 y 6. Así como lo lee. En el primer número de la revista, aparecido el 8 de octubre de 1953, se puede encontrar, por ejemplo, en la sección de Radio y televisión, el horario en que serán transmitidas las radionovelas más apasionantes del momento: Cuando sufren los humildes y Terrible Penitencia. En Encuesta semanal, un espacio para la moda, se afirma que Christian Dior ha ido demasiado lejos al acortar la falda: "El mejor que nadie debe saber que la silueta femenina pierde estética al mostrar la pierna desde la rodilla". Pero sin duda, algo que llama la atención es el espacio dedicado a los astros. "¿Por qué no consultar el horóscopo antes de elaborar nuestro cuadrito semanal del 5 y 6?" se preguntan a manera de justificación en la sección. Así que el lector de Leo podría encontrar un dato como el siguiente: "en las carreras válidas impares inclínese por los equinos que tengan que soportar ligeros pesos". Pensándolo bien... ¿por qué no?.

La frase que necesitaba oír
Mónica Montañes

Sépase que aunque usted se haya graduado y postgraduado por ejemplo en Harvard, o sea una eminencia en microcirugía, o construya edificios enormes, o pinte como ya quisieran los dioses pintar, o calcule puentes sobre el lago, o baile como el Fred y la Ginger, o hable hasta con los animales, o haya inventado qué se yo cuál maravillosa teoría, o logre llegar dignamente y hasta ahorrando alguito al quince y último, o prepare unos patés de rechupete, o cante que ni Pavaroti, o quite bojotes de caries sin dolor, o diseñe casas maravillosas, o críe tres o más muchachos para la decencia, o cure a quién sabe cuántos enfermos al día, o ayude a miles de mujeres a traer a sus hijos al mundo, o enseñe inglés o matemáticas o castellano a más de treinta muerganitos cada día, o componga música que ni los ángeles, o venda más franelas que nadie, o siembre y recoja los mejores tomates, o tenga una sazón que ni los mejores chefs del mundo, o escriba poesía y se la hayan traducido en el mundo entero, o enamore a los que no se enamoran ni de vaina, o haya logrado cumplir sopotocientos años casado con su pareja y esta todavía le sonríe feliz, o gerencie una empresa exitosa en plena crisis, o haya escrito El aplauso va por dentro y lo aplaudan desde el Poliedro hasta Madrid, como es mi caso, sépase, pues, que haya usted hecho lo que haya hecho, si un día cualquiera se le ocurre ir a almorzar en casa de su tío más querido y deja el carro estacionado en la acera porque su tío no tiene otro puesto de estacionamiento y sin embargo usted lo sigue queriendo y queriendo almorzar con él y van y le roban el carro, todo el mundo le va a decir que usted es un redomado imbécil, como si esa fuera exactamente la frase que usted necesitaba oír en ese momento.
Es decir, usted sale a la calle y mira descuidadamente hacia el lugarcito donde aparcó su carro y pone cara de idiota, la única cara posible en esos segundos interminables en que su cerebro se pasea por las siguientes interrogantes: ¿Y mi carro? ¿Será que no lo dejé ahí? ¿Será que yo no vine en carro? ¿Será que yo no tengo carro?, y finalmente cae en cuenta del horror, sí lo dejó ahí, sí vino en carro, sí tiene, mejor dicho tenía carro, la torta fue que se lo robaron. Lo peor no es el bojote de trámites con las policías, ni el bojote de veces que tiene que repetir el bendito cuento, ni el bojote de papeles que le tiene que presentar al seguro del carro, ni el bojote de millones que el bendito carro ya aumentó desde que usted fue y lo compró y lo aseguró y por lo tanto ya no se lo puede volver a comprar, ni el bojote de cuadras que ahora tiene que patear porque ahora usted es un ciudadano de a pie. No. Lo peor es que lo primero que le va a decir todo el mundo es que usted es un redomado imbécil. Porque la culpa no es de la inseguridad ni de la crisis ni del ladrón que se llevó su carro, sino de usted por ser un redomado imbécil que fue y dejó su carro estacionado en la acera en esa zona tan insegura, como si hubieran zonas de lo más seguras en nuestra querida ciudad. Y usted no es que no supiera todo lo que le dicen todas esas personas brillantes que evidentemente no hubieran hecho jamás una estupidez semejante. Simple y llanamente, en ese preciso y desastroso momento en que le acaban de robar su carro, que todo el mundo le salga con la genialidad de que usted es un redomado imbécil, no sé, pero como que no es precisamente la frase que usted necesitaba oír.
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