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Consecuencias
Problemas psicológicos:
La mayoría de los niños obesos tienen baja autoestima.
Pueden presentar resultados deficientes en el rendimiento
escolar. Algunos son introvertidos y se sienten rechazados
socialmente. Otros, al contrario, pasan a ser centro de atracción,
lo cual trae como consecuencia que desee perpetuar su condición
de gordito.
Problemas fisiológicos:
Dificultades respiratorias, las cuales le pueden causar la
muerte (apnea del sueño); aumento de los niveles
de colesterol (hipercolesterolemia), elevados niveles de insulina
en la sangre (hiperinsulinismo), aumento de grasa circulante
en la sangre (hiperlipidemia), diabetes, problemas en el hígado
(esteatosis y esteatohepatitis), aumento en la presión
arterial (hipertensión).
Problemas ortopédicos: Se puede producir deformidades
(arqueamiento) de las extremidades, o necrosis séptica
de la cadera como consecuencia del peso excesivo.
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Obesidad infantil:
El peso de una enfermedad
La percepción de que los kilos
están asociados a la buena salud, esquiva la atención
de los padres hacia un problema que merece ser atendido a temprana
edad. Idalia De León
En términos generales, se considera
que hay problemas de obesidad en un niño cuando su peso está
por encima de un 20 por ciento del peso ideal que debería
tener de acuerdo con su talla y sexo. La enfermedad está
relacionada con un exceso de calorías con respecto a los
requerimientos diarios necesarios. Como se sabe, todo ser humano
tiene demandas de calorías aproximadas que deben ser atendidas,
y que, en caso de ser superadas de manera consuetudinaria, se acumulan
en el cuerpo en forma de grasa, ante la ausencia de alguna actividad
física.
La obesidad ha adquirido especial importancia
en los últimos años debido al incremento de las cifras,
las cuales denuncian que algo raro está pasando con la alimentación
de los más pequeños. En países como Estados
Unidos, por ejemplo, se estima que alrededor de 20 ó 35 por
ciento de los niños presenta exceso de kilos. En los adultos
constituye un problema de salud pública, pues una de cada
dos personas es obesa. La situación se ha agudizado en las
últimas décadas, por lo que ya se afirma que la obesidad
es la enfermedad de esta época. En Venezuela no hay cifras
confiables al respecto, pero el incremento en el número de
pacientes que asisten a la consulta privada impulsados por el exceso
de peso, podría indicar que, en el futuro inmediato, la obesidad
puede convertirse en un asunto que debe ser atendido.
"Siendo una enfermedad hay que atacarla como tal", explica
el médico endocrinólogo José Guillermo Guevara.
Esto quiere decir que hay que combatirla una vez que se tienen claras
muestras de que algo no está bien con los números
que registra la balanza. "La obesidad se considera un problema
crónico, esto quiere decir que se va instalando progresivamente
en el organismo, y puede venir acompañada de otros problemas
como hiperinsulinismo, diabetes, hipertensión arterial, y
complicaciones en las articulaciones", refiere el especialista.
Primordialmente, existen dos tipos de obesidad de acuerdo con sus
causas. Por una parte, se encuentra la obesidad endógena,
la cual responde a motivos hormonales que predisponen al aumento
de peso. Se manifiesta en padecimientos como hipotiroidismo, hipercortisolismo
o síndrome de Cushing (enfermedad causada por incremento
de la hormona corticol), problemas con la insulina (hiperinsulinismo),
o diabetes. Por otro lado, se ubica la obesidad exógena o
primaria, y constituye la principal causa de obesidad en los niños.
Está condicionada, fundamentalmente, a factores hereditarios,
ambientales y psicológicos.
Cuando interviene el factor hereditario, es
decir, cuando el padre o la madre tienen problemas de exceso de
peso, puede existir una tendencia en el niño a ser gordito.
Cuando ambos padres son obesos, se estima que el 66% de los hijos
lo serán. Cuando uno de los dos progenitores tiene exceso
de peso, es probable que el 50% de los hijos sean obesos. Si ninguno
es gordo, únicamente el 9% de sus hijos presentará
sobrepeso.
El factor ambiental, por su parte, es quizá
el más importante, a decir del especialista, debido a que
es la primera causa de obesidad. "La alimentación inadecuada,
el exceso de carbohidratos en forma de dulces, unido a otro elemento
como es el sedentarismo, genera un coctel nada beneficioso para
la salud. Es importante destacar el hecho de que a medida que va
avanzando la tecnología, existen muchas distracciones como
los juegos de video, que mantienen al niño sentado por muchas
horas frente a un monitor o a la televisión, alejándolo
de la actividad física, lo cual es contraproducente en el
caso de un chico con tendencia a la obesidad", aclara Guevara.
Otro factor que se incorpora a las causas ambientales es la popularidad
con la que cuenta la comida chatarra y la presión social
que se ejerce para consumir este tipo de alimentos. "La comida
chatarra puede ser muy peligrosa porque es generosa en grasas y
carbohidratos; presentan un desbalance calórico y un bajo
contenido de proteínas. La periodicidad con la que se ingiere
también contribuye".
El elemento psicológico asociado a la
obesidad requiere de atención especial, sobre todo porque
no es fácil de detectar. Si un niño ya presenta problemas
de peso, él mismo puede perpetuar su situación debido
a la ansiedad que le produce ser percibido de manera diferente por
los demás, en especial, por sus compañeros de escuela.
El ser "el gordito simpático" podría crear
ansiedad o depresión, estados anímicos que contribuyen
a empeorar el problema, ya que incentiva la ingesta de alimentos.
En el caso de las niñas cobra mayor repercusión el
factor psicológico, pues socialmente hay una visión
de lo que debe ser la imagen femenina, de manera que si la chica
está un poco subida de peso, en vez de desear bajar algunos
kilos para adecuarse a la exigencia del entorno, la ansiedad la
lleva a comer más de la cuenta.
En todo caso, especifica Guevara, los infantes
deben tener un control pediátrico, y será este especialista
el llamado a llamar la atención en cuanto al peso del niño.
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| Preguntas primordiales |
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¿Puedo hacer de mi hijo un
obeso?
La respuesta es sí. Los padres pueden contribuir a
hacer de su hijo un obeso. Si en el hogar existe la tendencia
hereditaria, es importante hablar con los padres del niño
para explicarle la necesidad de que ellos promuevan actividades
físicas y una alimentación balanceada; que tomen
conciencia del problema, lo cual redundará en la salud
psicológica del niño.
¿Qué hacer con la ansiedad
y las ganas de comer?
Es completamente manejable.
En algunos casos se puede observar la típica situación
de condicionamiento en este sentido. Es común escuchar
a los padres decir "Si haces la tarea, te doy un chocolate".
Esta conducta es peligrosa cuando se aplica en niños
con tendencia al sobrepeso, y en los que no lo tienen también.
Al chico se le puede estimular de manera positiva, como decirle
que si se porta bien lo va a llevar a pasear, a jugar con
los amiguitos, o bien, que le va a comprar una pelota. La
recomendación es evitar caer en el recurso de premiar
al niño con una golosina. Hay que eliminar de la despensa
de la casa las chucherías, refrescos u otros productos
de alto contenido calórico y de carbohidratos, e ir
instruyendo al pequeño en lo que consiste una alimentación
balanceada.
¿Tiene remedio la enfermedad?
La enfermedad puede ser controlada, pero como todo problema
crónico debe ser tratado en esa misma proporción.
La obesidad se puede vigilar a cualquier edad, pero siempre
es mejor empezar a poner los correctivos a temprana edad,
porque a medida que pase el tiempo, el riesgo de que se perpetúe
el padecimiento conlleva a que la situación se haga
más difícil de manejar. Cuando se presenta este
problema en niños menores de tres años, la situación
es más fácil de controlar, porque los padres
son los únicos que pueden suministrar alimento al niño.
En la medida en que un niño va creciendo, y llega a
los 6 ó 7 años con problemas de obesidad, existe
un 50 por ciento de posibilidades de que se mantenga esta
condición hasta llegar a la adolescencia. A su vez,
en este período, existe un 70 u 80 por ciento de posibilidades
de que alcancen la edad adulta con problemas de obesidad.
En la medida que pase el tiempo las probabilidades de éxito
disminuyen, porque ya existe un condicionamiento, una imagen
corporal internalizada. Lo ideal es que llegue a la adolescencia
teniendo conciencia de su cuerpo y de su problema.
Lo recomendable es que se haga una programación, una
agenda de actividades diarias que incluya algún deporte.
Hay que tratar de estimular al niño para que la actividad
física no la asuma de manera ocasional sino continua,
pues la tendencia a la obesidad es algo que le va a acompañar
toda su vida.
Igualmente, cuando la enfermedad responde a problemas hormonales
o genéticos, el tratamiento médico es de por
vida. Una cosa deben tener clara los padres: como la obesidad
es un problema crónico siempre hay que actuar de forma
permanente y continua. Los tratamientos no pueden ser puntuales
ni limitarse a un período de tiempo.
¿Cómo saber si mi hijo
es obeso?
Usualmente, es el pediatra quien hace un llamado de atención
a los padres en relación con el peso del niño.
Ante este tipo de problema se somete al pequeño a un
examen
físico integral, tomando en consideración su
peso, talla, edad y entorno social. Siempre es importante
hacer una evaluación profunda para determinar si el
exceso de peso
responde a factores genéticos, hereditarios o ambientales.
Lo recomendable es tratar escuchar la opinión de un
equipo multidisciplinario conformado por endocrinólogos,
pediatras, psicólogos y nutricionistas.
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