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La doble
vida de

Marisa Román

Desde que empezara en Cosita Rica ha vivido en la piel de dos personajes que le han usurpado su propia existencia, pero ella feliz. Este ha sido el detonante de una carrera donde le aguarda la protagonización. Raúl Chacón Soto. Fotos: Dumont & Regalado

¿Marisa qué?, suelen decir quienes escuchan su nombre, antes de relacionarlo con María Suspiro. Cuando se menciona a la explosiva gemela de la telenovela estelar de Venevisión, muy pocos desconocen de quién se habla. La actriz está consciente de ello. A pesar de que venía de interpretar un personaje que le había dado cierta notoriedad -en la telenovela de RCTV, Trapos Intimos-, su nombre no es de los que se graban fácilmente en la memoria del público. Por lo menos, no, hasta que en su vida aparecieron el par de hermanitas que poco tiempo le dejan para ser ella misma. Sería necesario un pequeño accidente en el set de grabación, para que ¡por fin! disfrutara de dos días de descanso. Una fuerte descarga eléctrica cuando se encontraba en la ducha con su amado Cacique (el personaje que confronta a las hermanas), le golpeó de tal manera que derribó todo empeño por seguir adelante y la sentó en el consultorio de un médico, quien, después de descartar todo mal, le mandó a casita por 48 horas con un aparato adosado a su cuerpo -un hultter que ella no duda en mostrar alzándose la camisa-, que mide sus pulsaciones minuto a minuto, y es que la frecuencia cardíaca de la joven, como lo ha revelado algún examen, parece estar algo debajo de lo normal para las personas de su edad, y eso hay que confirmarlo. El reposo, asegura, le ha caído de maravilla. Gracias a él, también ha podido dedicarle buena parte de la mañana a este encuentro, al que llega como si acabara de escapar de una clínica, a juzgar por los pequeños ¿electrodos? que se dejan entrever en el escote de su camisa blanca, que acompaña su pantalón también blanco, de esos de telas muy ligeras, que revelan bastante del cuerpo de quien los lleva. Marisa ha llegado sonriente y acelerada. Sobre su nariz descansan unos lentes de pasta que le otorgan un inesperado toque intelectual o "serio" a un rostro que conserva mucho de la niña que fue hasta hace poco. Con todo, los cristales no ocultan el pardo clarito de sus ojos; y mucho menos, la clásica belleza de las facciones, luminosa sonrisa incluida. Cuenta, en cuestión de segundos, la historia de su accidente, con toda la pasión que una muchacha de 22 años debe otorgarle. Podría haber sido mucho peor que el susto que finalmente fue, asevera. ¿Cómo no creerle?

Apenas iniciada la conversación, Marisa no disimula el entusiasmo que le produce imaginarse en la portada de esta revista, a pesar de que le había prometido a su manager no confesar esos juveniles anhelos. "Muchas soñaban con ser Miss Venezuela, pero yo no. Yo, desde chama, soñaba con salir en la portada de Estampas. Aunque no sabía haciendo qué". Lo dice sin pensarlo y pidiéndole, a su manager, con un mohín, que la perdonara. La actriz no quiso controlarse. Más adelante, confesaría que acostumbra decir lo que piensa y que, en muchas ocasiones, ha sido muy imprudente. Habla rápido y seguido. Se esfuerza por no dejar nada en el aire y por contar los episodios que ha vivido con atención en los detalles.

Finalmente ha aparecido en Estampas... como actriz. No como abogada, ni como médica -lo que querían sus padres, una pareja argentina radicada desde hace muchos años en el país-, y mucho menos haciendo lo que suelen hacer quienes se gradúan en Psicología, Letras o Arte, ésta última la carrera por la que al final se decidió y que actualmente permanece ¿definitivamente? relegada. "Ahora estoy retiradísima". Marisa no es de quienes sintieron la vocación desde pequeños, aunque ya se le podía ver sobre las tablas cuando tenía nueve años, en las piezas que montaba el Teatro Colibrí. Supo que la actuación era su destino cuando sintió "ese rush de adrenalina" al escucharle a Luis Manzo las palabras: "Cinco y acción...", durante el primer día de grabación de Así es la vida, una producción independiente en la que debutó a los 15 años. Venía de la mano de Angel Barceló, el director del grupo de teatro del colegio donde estudiaba, quien la animó a presentarse en el casting. Después vendría otra serie juvenil: La calle de los sueños; y más tarde una participación especial en Muñeca de trapo, e, incluso, actuaciones en dos cortometrajes, uno de ellos dirigido por Román Chalbaud. Meses después, a fuerza de castings, ganaría personajes en Viva la pepa, A calzón quitao (en la que se dio el lujo de improvisar a sus anchas junto a Luis Fernández) y, de manera especial, Trapos Intimos, donde le dio vida a María Soledad, una conflictiva adolescente que le sirvió de gran aprendizaje y que logró que muchos repararan en ella. Un poco antes, ya lo había hecho Leonardo Padrón, quien al encontrársela en una arepera le habría expresado su deseo de verla algún día en uno de sus proyectos.

Las dos Venezuelas
Muchos le siguen la pista desde Trapos Intimos, pero "media Venezuela" la conoce, como ella misma asegura, desde que a su vida llegaron las gemelas. Acababa de terminar su contrato con RCTV cuando surgió la posibilidad en el canal de la colina. Le bastó una reunión con Padrón para saber con certeza cuáles serían sus próximos pasos: "Era un reto como actriz. Estaba intentando probar mis límites, superarlos... había mucha presión, pero era un compromiso conmigo misma". Dejaba de lado, también, la posibilidad de protagonizar en México la novela de Mariela Romero, La hija del jardinero. Aquellas puertas quedaron abiertas para futuros proyectos, aunque ahora la oportunidad perdida poco le pesa, visto el resultado obtenido con los dos personajes que le han hecho famosa. "El camino que se está dando es el que yo soñaba. Tener éxito en mi país para después salir".

Ya son conocidas sus declaraciones de agradecimiento al psiquiatra Roberto de Vries. El conocido médico fue quien le ayudó a construir sus personajes, a entender cómo actuaban y sentían unas gemelas. Ambos partieron de una premisa evidente: las dos muchachas no son más que la representación de las dos Venezuelas: la rica y la pobre. Dos jóvenes muy diferentes -por lo general, en estos casos, una es tímida y otra extrovertida-, pero hermanas al fin, con la misma sangre corriendo por las venas. Lo que se llama familia. Con ello claro en la mente, la recomendación fue dejarlo todo a la intuición y, por supuesto, a las claves que le aportaban los diálogos de Padrón. Lo primero fue encontrar una manera de diferenciarlas visualmente. "María Suspiro es fucsia, y Verónica es verde". Después vendrían las posturas -la hermana pobre echa las caderas hacia adelante, muestra el ombligo y saca la barriga-, los gestos, la manera de hablar. Lo curioso es que María Suspiro, el personaje que fuera concebido como secundario, ha crecido de tal manera que hasta los mismos escritores se han mostrado sorprendidos. "Al principio la tenía recogida, pero cuando empezó a tener contacto con lo que más anhelaba, se fue soltando sola... empezó a ser cómica y divertida. Yo jamás he buscado hacer reír en escena. Siempre me he tomado con mucha seriedad lo que le sucede a ella".

Marisa habla de las gemelas como si ambas existiesen y fueran dos amigas que compartieran gran parte de su vida. Quizás en gran medida ha sido así. Confiesa que en su camerino ha tenido que abrirles un espacio a ambas, donde cada una guarda sus pertenencias. Colitas y bandanas para María Suspiro; ahora incienso y velas para Verónica. Quienes trabajan con ella dicen que casi se siente la doble presencia. Quien también la ha sentido es el novio de la actriz, el modelo Luis Bisbal, conocido como "el Chino". No han sido pocos los conflictos de la pareja causados por la inoportuna aparición de una de las gemelas en sus encuentros personales: "A mí se me han incorporado muchas cosas de las dos. Cuando salgo de María Suspiro, él no me quiere tener cerca. Podría decir que ya tiene un conflicto personal con ella. Cuando salía Verónica, no se molestaba, siempre le tenía rabia a María Suspiro, y eso me daba rabia también, porque ella es algo de mí... Lo más importante, y esto lo descubrí a los cinco meses, es que ambas son muy posesivas, hasta con mi cuerpo, mi espacio, mi territorio. Mi novio me iba a buscar al canal y yo las tenía sentadas atrás en el carro. Yo las botaba en la Cota Mil, y ellas corrían detrás de nosotros... hasta que un día colapsé. Salí y no le compré nada a ninguna, hablé con el psiquiatra, me ví con mi novio. Comprendí que son una centésima de lo que soy yo. Ahora las encierro en el camerino".

De las dos ha aprendido Marisa, pero, indudablemente, está consciente, como su propio manager dice, de que es María Suspiro quien la está llevando a la gloria. "Yo me he tropezado en la calle con muchas Marías Suspiros. Se me acercan y me hablan como ella, me tratan como si fuera una más de ellas", afirma contradiciendo a quienes han asegurado que se le nota un tanto sobreactuada. Otra revelación es igual de contundente: "La señora que lleva años trabajando en la casa me pide que le deje decirme María Suspiro... y se atreve a hablar como habla de verdad".

El impacto, sin duda, ha sido grande. Cabe esperar qué decidirán acerca del futuro de las gemelas, a sabiendas de que, según Padrón, la reconciliación es el mensaje de la novela. La propia Marisa no lo sabe. Se pregunta, como muchos, qué papel terminará jugando Cacique, el nuevo modelo de hombre por el que ambas hermanas, las dos Venezuelas, se pelean. Lo que sí sabe es que las dos han crecido, así como ella lo ha hecho como actriz y ser humano. Por lo pronto, no cree que ninguna esté aprovechándose de la otra. Verónica, quien en un principio no jugó muy limpio (haciéndose pasar por la hermana para llevarse a la cama a su novio), parece estar sacrificándose para ayudar a María Suspiro. "Me atrevo a decir que la acción de Verónica es altruista. Está sacrificando su amor para convertir en mejor persona a su hermana. Y siento que eso es simbiótico con nuestro país". Pase lo que pase, la experiencia le ha dado un vuelco a la vida de Marisa... y en un buen doble sentido.

rchacon@eluniversal.com

En cortas respuestas
¿Quién es la persona más interesante que has conocido?
"Mi mamá".

¿A quién extrañas?
"A mi papá".

¿Qué te hace sonrojar?
"Un halago a mi persona. Cualquiera. Hasta me corta el habla".

¿A quién te pareces?
"Dicen que soy 50% mi mamá y 50% mi papá. Eso es en lo físico. En lo interior no veo similitud con nadie".

¿Cuál es el objeto más valioso que tienes?
"Un cuaderno negro donde escribo... no es un diario, sería un semanario (Ríe)...".

¿Qué ha sido lo más cruel que te han dicho?
"Ve a México tranquila que donde vas a triunfar es aquí".

¿Cuál ha sido tu mayor imprudencia?
"Soy muy imprudente. No puede escoger una. Ahora pongo en práctica
lo que me decía mi mamá: 'muérdete 20 veces la lengua antes de hablar'".

¿Sin qué no puedes vivir?
"Sin amor".

¿Cuál es la palabra que mejor describe a Venezuela?
"Compromiso".

¿Cuándo perdiste la inocencia?
"La conservo. Sigo siendo inocente".

Una rutina indispensable...
"Lavarme los pies antes de dormir".

¿Tu mayor pérdida?
"No creo en las pérdidas. Toda pérdida es ganancia... ah (Ríe)... ahora, dos pulsaciones por minuto".

¿Cuál ha sido el día más largo de tu vida?
"El día que tuve el breakdown, cuando colapsé".

¿A qué le tienes más miedo?
"A la soledad. A sentirme sola".

¿Con cuál prejuicio has tenido que luchar?
"Prefiero conocer antes de juzgar".

¿Qué te robarías?
"Algo que me robaron primero".

¿A quién te gustaría leerle el pensamiento?
"A nuestro gobernante. Todos lo juzgamos, pero nadie sabe lo que piensa en la intimidad".

¿Tu peor vicio?
"El cigarrillo".

¿Una pesadilla recurrente?
"En estos últimos quince días, sueños donde confluían una jornada muy apretada de trabajo con lo que pasaba en la calle. Enloquecimiento en el lugar donde estoy trabajando".

¿El mayor mito sobre el sexo opuesto?
"Que son todos iguales".

¿La palabra más hermosa del diccionario?
"Amor".

¿Qué te haría enloquecer?
"Estas dos mujeres me están haciendo enloquecer".

¿El talento que más envidias?
"No soy envidiosa. Al talento lo admiro y lo aplaudo".

¿Lo más difícil de tener pareja?
"No querer cambiar al otro".

¿Qué no perdonarías?
"Que traicionen mi confianza".

¿Cuál es el objeto más tonto que atesoras?
"La camiseta llena de huecos que usé en el concierto de Roxette. Me gusta tanto que hasta rapé a mi Barbie favorita como Marie Fredriksson".

¿Algún amuleto?
"Una piedra negra que me regaló... uno de mis angelitos (no quiso decir quién)".

¿Qué no puede faltar en tu nevera?
"Frutas".

¿En qué te gustaría reencarnar?
"¿Puedo volver a ser actriz?...
Me dijeron una vez que fui una reina de belleza árabe. Morí con un brazo engangrenado".

¿Quién es la mayor influencia en tu vida?
"Mis padres".

¿Qué cambiarías de tu físico?
"Nada... y me alegra mucho decirlo".

¿Qué idioma te gustaría hablar?
"Portugués".

¿Un diseñador para ti?
"No soy de tener ropa de diseñador, pero para ocasiones especiales ruego por que
Oscar Carvallo esté en Caracas y me haga algo".

¿A quién le pedirías un autógrafo?
"A Zapata... su firma es finísima".

¿Un amor frustrado?
"Ricky, mi primer novio".

¿Por qué venderías tu alma?
"No está a la venta".

¿El título de tu autobiografía?
"De La Floresta al infinito. Y la bautizaría con guarapita de coco en Choroní".


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