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Ira y venganza
Max Haines
Marlene se refería a su madre como
"esa enfermedad"
Jim
Olive llevaba trabajando para la compañía petrolera
de Quito, Ecuador, unos 14 años, cuando se libró de
sus responsabilidades y se le envió de vuelta a EEUU. Tal
vez el pequeño shock cultural que iba a sufrir su pequeña
familia podría haber sido anticipado. Tal vez no.
La mujer de Jim, Naomi, no se tomó el
traslado muy bien. En Quito, tenía una vida social muy activa,
varias criadas y una casa muy bonita que se la cedieron como parte
de la posición ejecutiva de su marido. La hija única
de 14 años de los Olive, Marlene, había sido adoptada
al nacer y no conocía otra vida más que la de la minoría
privilegiada de Quito.
En 1973, los Olives se asentaron en la comunidad
residencial de Terra Linda, California, situada a unos 22 kilómetros
de San Francisco.
Jim inmediatamente se dispuso a crear una compañía
consultora. Era muy difícil establecerse. Naomi sintió
el cambio en su estatus social. El teléfono no sonaba. No
había funciones de la compañía y ningún
evento de caridad que solían ocuparla anteriormente.
Se dio cuenta de que un trago de vodka le ayudaba
a sobrellevar la vida por las mañanas. Otra copa le hacía
más llevaderas las tardes. En menos de un mes, Naomi bebía
continuamente.
A la hermosa y rellenita Marlene se le hizo
difícil crear amistades en la escuela de Terra Linda. Las
chicas estaban organizadas en grupos. Muchas tenían novios
estables. La gran mayoría estaba metida en asuntos de drogas.
Marlene, quien nunca había asistido a ninguna fiesta sin
acompañante en Quito, al principio estaba espantada por la
disponibilidad y uso de las drogas. Se quedaba en casa y escribía
poesía, veía la televisión, y se aburría
tremendamente.
En menos de un año, Marlene supo que
no podía negarse a fumar marihuana cada día y ser
aceptada por sus compañeros. Se ablandó. Una vez iniciada,
Marlene se adaptó al mundo de las drogas como pez en el agua.
Socialmente todo estaba resultando perfecto.
Con su aceptación surgieron problemas.
Marlene siempre había sido una excelente estudiante. Ahora
sus notas se veían afectadas. Sus pobres resultados escolares
producían discusiones en casa, pero Jim Olive era un hombre
tranquilo. Su niñita estaba teniendo problemas adaptándose.
Al final todo resultaría bien.
El abismo que se desarrolló entre Marlene
y Naomi era mucho más serio. Una vez empezado, creció
como un cáncer. Naomi acusó a Marlene de mezclarse
con gente mala. Sus competencias de gritos culminaban normalmente
con Marlene acusando a su madre de ser una alcohólica con
problemas mentales. Naomi se vengaba diciendo a la hija que no era
más que una hija no deseada de una prostituta.
La vida en el hogar de los Olive se había
deteriorado bastante cuando Marlene conoció a Chuck Riley.
Chuck tenía un problema de peso. En el sexto grado, pesaba
más de 130 kilos. Su familia, con ayuda médica, había
intentado controlar el problema pero sin mucho éxito. En
el instituto, Chuck sufrió la humillación de ser diferente,
con el exterior buen humor que típicamente tienen las personas
obesas. Chuck tenía su propio auto, lo que le daba algo de
prestigio. Pero era la marihuana lo que le deba la aceptación.
Chuck tenía un buen proveedor y se convirtió
en el traficante local del instituto. Ganó suficiente dinero
como para abandonar la escuela. En lo que concernía a sus
padres, ellos pensaban que él tan sólo estaba parando
la escuela sin hacer nada. Sus padres le tenían martirizado
conminándole para que consiguiera un trabajo, pero, mientras
tanto, Chuck tenía uno muy bien remunerado. El mismo era
su mejor cliente, y su consumo de droga aumentó. Descubrió,
entonces, que su apetito había disminuido. Chuck perdió
peso hasta llegar a 90 kilos.
Un buen día Chuck Riley conoció
a Marlene Olive en una fiesta de ácido. El tenía 18
años y aún era virgen. Ella tenía 15 y ya había
tenido varias aventuras amorosas con otros chicos.
Eventualmente, los dos jóvenes se hicieron
novios. Fumaban marihuana, hacían el amor, y cuando se les
antojaba robaban juntos en las tiendas. Un día les pillaron
robando pero por sus edades y las firmes promesas de que no ocurriría
de nuevo, les dejaron marchar con sólo una reprimenda.
Los padres de ambos adolescentes estaban devastados,
pero Naomi era la única que se lo recordaba constantemente
a su hija. La vida en el 353 de Hibiscus era intolerable. Ahora
Marlene se refería a su madre como "esa enfermedad".
Según pasaba el tiempo, Jim Olive hacía
todo lo posible para mantener la paz familiar. Consideraba que su
mujer estaba nerviosa y enferma y que merecía algo mejor
de su única hija. Regañaba a Marlene por su comportamiento
desconsiderado. Marlene entonces sentía odio hacia sus padres.
En su mente dopada, el mundo entero estaba en contra de ella. Todos,
excepto Chuck.
Es difícil decir el momento exacto en
el que Marlene decidió matar a sus padres. Al principio,
le contó a sus amigos que deseaba verlos muertos. Después,
preguntó si alguien conocía a alguna persona que pudiera
hacer el trabajo. Nadie la tomó en serio. Chuck la conocía
mejor. Marlene lo decía completamente en serio.
Una serie de eventos llevaron la difícil
situación a su punto más álgido. De nuevo,
Marlene y Chuck fueron descubiertos mientras robaban en una tienda.
Marlene se mezcló en una venta de marihuana que terminó
mal. Su padre la salvó. Mientras tanto, Chuck estaba cayendo
más y más profundamente bajo la dominante influencia
de Marlene.
El asesinato fue planeado. Marlene salió
con su padre. Chuck entró en la casa, cogió un martillo
y silenciosamente se dirigió a la habitación de Naomi.
La mujer estaba dormida y nunca más se volvería a
despertar. Chuck destruyó su cabeza con varios golpes de
martillo. La malherida víctima todavía estaba respirando.
Chuck corrió hacia la cocina y regresó con un cuchillo.
Se lo clavó en el pecho. Naomi Olive dejó de respirar.
En pocos minutos, Marlene regresó a la casa con su padre.
Chuck le disparó, matándole.
Después de los asesinatos, Chuck y Marlene
lavaron la sangre, que estaba esparcida por todas partes. Para calmarse
los nervios se fueron a un cine de verano. Los asesinatos habían
sido planeados, pero nunca habían pensado en qué hacer
después.
Fue a Marlene a quien se le ocurrió
la idea de quemar a su padre y madre. Chuck compró una lata
de gasolina. La pareja se desvistió antes de llevar los cadáveres
al auto de Jim Olive. De esta manera, movieron los cuerpos sin mancharse
ellos o sus ropas de sangre.
Manejaron por el campo con su macabra carga.
Finalmente llegaron a una zona aislada, a veces usada para hacer
picnics. Colocaron los cuerpos encima de una parrillera de cemento
y los mojaron con la gasolina antes de prenderles fuego.
Esa noche Chuck y Marlene hicieron el amor
en la cama de su padre. A la mañana siguiente, bastante temprano,
Chuck visitó el lugar de la parrillera. Sólo quedaban
trocitos de los cadáveres. Una vez más, Chuck puso
trozos de ramas y restos de maderas prendiendo fuego. Las llamas
eran tan intensas que alguien se comunicó con los bomberos
de la zona. El bombero Vince Turrino y su asistente llegaron a la
todavía ardiente fogata. Turrino la apagó con la manguera.
Después limpió la zona, dándose cuenta de la
aparición de restos de hueso. Turrino pensó: 'algún
idiota ha asado un ciervo. Ya había pasado antes'. Sacudió
su cabeza y se marchó. Ese domingo, se echó de menos
a los Olive en la misa. Unos conocidos del trabajo hicieron preguntas.
Nada serio.
En vez de guardar en secreto su horrible acto,
Marlene confió en varios amigos. Uno incluso le ayudó
a limpiar la casa para deshacerse de las manchas de sangre. Durante
una semana entera, aunque algunos adolescentes sabían que
los Olive habían sido asesinados, nadie se lo contó
a las autoridades. Finalmente, un conocido del trabajo de los Olive
contactó a la policía.
Cuando
Marlene fue interrogada, inicialmente negó saber el paradero
de sus padres. Después empezó a inventar historias
hasta que finalmente dijo la verdad. Una investigación en
la parrillera descubrió restos de huesos; el más grande
fue de una vértebra humana que medía tres centímetros.
Ambos jóvenes fueron arrestados y acusados
de asesinato. Chuck Riley, quien tenía 19 años en
aquel momento, fue declarado culpable y sentenciado a muerte. Mientras
estaba en la penitenciaría de San Quintín, esperando
para ser ejecutado, se abolió la pena de muerte y su sentencia
se conmutó a cadena perpetua. Actualmente se encuentra confinado
en la colonia californiana de seguridad menor para hombres en San
Luis Obispo.
Marlene Olive, quien tenía 16 años
en el momento de los asesinatos, se sometió a una audiencia
juvenil a puerta cerrada. La ley de California no dejó otra
elección más que entregarla a la Autoridad de Menores
para que la encarcelara hasta que cumpliera 21 años. Marlene
fue enviada a la Escuela de Ventura, al norte de Los Angeles, para
cumplir sentencia. El 9 de octubre de 1978, justo dos meses antes
de ser puesta en libertad condicional, Marlene se escapó
a Nueva York. Tras llevar un año en libertad, se le recogió
y fue devuelta a California para completar su sentencia.
Marlene Olive fue puesta en libertad en 1979, días antes
de su 21 cumpleaños. Bajo la ley californiana, todos los
registros de su participación en el crimen han sido destruidos.
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