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revista Estampas
 
Luchemos por hacer la diferencia
 

“Una tarde, padre e hijo caminaban juntos por el parque, donde un grupo de niños jugaba beisbol. Alberto estudiaba en una escuela para niños especiales y era costumbre caminar un poco antes de ir a casa. El pequeño sorpresivamente preguntó: ‘Papá ¿crees que me dejarán jugar?’.

El padre llamó a uno de los niños y le preguntó si Albertico podía jugar. El lo miró y contestó: ¿Por qué no? Pensando que estaban perdiendo por seis carreras y el juego estaba por terminar, no veía cómo podía empeorar la situación. El padre quedó sorprendido con la respuesta y con un gran apretón de manos agradeció el gesto, mientras Albertico sonreía.

De pronto, la situación en el juego mejoró, el equipo de Albertico anotó de nuevo y tenían las bases llenas con dos outs. El niño estaba en turno para batear. ¿Dejaría el equipo que el nuevo jugador bateara, arriesgando la oportunidad de ganar, al notar que éste ni siquiera sabía tomar el bate? Todos se quedaron paralizados, pero nadie se atrevió a decir nada… De todas formas, Alberto ya estaba parado y listo para batear; el pitcher se movió unos pasos para lanzar suavemente la pelota, de modo que el niño al menos pudiera hacer contacto con ella. El pequeño falló. Entonces un compañero de equipo se acercó y le ayudó a sostener el bate. El pitcher de nuevo lanzó suavemente; público y jugadores contenían la respiración. Alberto bateó, pero
la bola rodó suavemente a los pies del pitcher, éste podía lanzar a primera base, ponchando a nuestro niño y sacándolo del juego, pero en vez de eso, la lanzó
lo más lejos que pudo. Todos empezaron a gritar, sorprendidos por su gesto:
‘¡Corre a primera base!’. El nunca había corrido a primera base, pero todos le indicaban hacia dónde debía hacerlo. Mientras él corría, un jugador del otro equipo tenía ya la bola en sus manos, pero en vez de lanzar a la segunda base, dejándolo fuera, la lanzó bien alto, lejos de ella. El entusiasmo se apoderó de todos los presentes que gritaban: “¡Corre a segunda!”, y Albertico lo hizo, mientras los  otros niños corrían a su lado dándole ánimo. Y así mientras los jugadores contrarios iban
a paso lento en busca de la pelota, Alberto llegaba a tercera. Nunca se supo que pasó, pero torpes jugadores dejaron caer una y otra vez la pelota hasta que nuestro héroe llegó a home. Todo se convirtió en una gran algarabía, los niños lo alzaron en hombros y lo hicieron sentir un héroe porque había ganado el juego para su equipo.

Aquel maravilloso día, esos 18 niños hicieron la diferencia”.


Cuando queremos podemos ser tan generosos, solidarios, comprensivos, compasivos y  respetuosos… Entonces, ¿por qué nos dejamos afectar y contagiar por el comportamiento irresponsable, indolente y hasta egoísta de los demás? ¿Por qué no optar por continuar siendo nosotros mismos al escoger actuar de la mejor manera, para beneficiar a otros con nuestro comportamiento y compañía?

Ayer salimos a buscar nuestro vehículo, con el estacionamiento repleto de carros… íbamos caminando, cuando vimos a un chico que dentro de su carro y con la luz de cruce anunciando que esperaba un espacio  que se desocupaba en ese instante, fue agredido por otro conductor que en forma rápida y abusiva, le tomó ventaja para ocupar el puesto. Este le dijo desde su ventana al chico: “Lo siento, pero a mí me hicieron lo mismo”.

Por supuesto que este evento desató una conversación interesante y apasionada entre nosotros y con algunas de las personas que estaban ahí; todos estuvimos de acuerdo en que el comportamiento del segundo conductor fue agresivo y tremendamente abusivo. El asunto es que no existe justificación alguna que lo excuse a él, ni a ninguno de nosotros cuando actuamos de la misma manera equivocada y agresiva que lo hacen algunas personas, dejándonos llevar por la ira o la afectación que nos causa su comportamiento. Sólo si somos capaces de perseverar en el compromiso que hemos hecho de actuar tal y como deseamos que lo hagan los demás algún día, podremos sumarnos activamente a un cambio social.

Vivir la diferencia no es fácil, especialmente si estamos rodeados de personas que a pesar de actuar equivocadamente parecieran recibir una especie de recompensa instantánea al beneficiarse de su mal comportamiento. A pesar de esto, vale la pena que hagamos el esfuerzo de actuar con responsabilidad, respeto y consideración en todo momento; que seamos ese instrumento que siembre un poco de conciencia en la mente y en el corazón de las demás personas.

Logremos con nuestro ejemplo motivador estimular a aquellos que tratan de hacer la diferencia, no permitamos que ese grupo de personas indolentes y aprovechadas gane espacio y adeptos dentro de nosotros. No es con violencia o agresividad como vamos a lograr que otros cambien su comportamiento, mucho menos cediendo a la presión que ejercen sobre nosotros, sino con nuestra actuación consciente y constante, aun en aquellos momentos en los que el estrés, la necesidad o la urgencia nos tomen por asalto, para hacernos olvidar nuestra verdadera naturaleza.

maytte@maytte.com

 

Preguntas y respuestas

HOLA, MAYTTE. En casa te leo junto a mis padres todas las semanas. El caso es que yo vivo con ellos, y los he cuidado sacrificando mi vida personal, no me he casado y por estar pendiente de ellos abandoné mis estudios. En cambio mi hermana siempre fue muy despegada y se fue de la casa muy temprano, dejándolos abandonados. Ahora, después de muchos años, regresó con tres hijos y quiere instalarse aquí. Me parece injusto que ella venga a vivir a la casa de mis padres como si nada hubiese pasado y disfrute de lo que por derecho es mío. ME.P.

En tu correo no me dices cómo se sienten tus padres, si están alegres por el regreso de tu hermana, si tal vez se sienten más acompañados, qué opinan de esos nietos que vienen a llenar de vida la vieja casa. Si tu verdadero deseo es preservar su bienestar, tal vez deberías elevarte por encima de tus temores y prejuicios al momento de analizar la situación. Voy a compartir contigo una parábola:

“Dios estaba paseando por el cielo cuando se dio cuenta que sólo tenía un pequeño grupo de personas justas y que los demás estaban en el infierno. Esto lo inquietó, porque, ¿acaso no tenía la obligación consigo mismo de ser justo?

Llamó al ángel Gabriel y le dijo: ‘Vamos mañana al infierno y daremos un indulto’.

Al día siguiente todo el mundo acudió a la reunión en el infierno y leyó Gabriel el primer mandamiento. Entonces dijo Dios: ‘Todo el que haya pecado contra este mandamiento podrá trasladarse al cielo inmediatamente’. Lo mismo hizo con el segundo mandamiento, con el tercero, el cuarto, el quinto…  y el cielo se llenó de gente y el Creador cerró el infierno. Cuando Dios y el ángel regresaron al cielo, contentos con haber perdonado a todos, encontraron un comité de iracundos justos que indignados vociferaban: ‘¡Injusticia, injusticia, ellos son pecadores y nosotros santos; somos diferentes y nos costó mucho llegar hasta ti. Exigimos nuestros derechos. Fuera los condenados!’”.

MAYTTE, soy una persona que mantiene vivo el recuerdo de las personas que me hicieron sufrir, y mi deseo es hacerlos pagar por todo lo que me hicieron algún día. Usted habla del amor y el perdón, pero yo lo que siento es rabia, un gran resentimiento y un deseo de venganza. La Biblia dice: “Ojo por ojo, diente por diente”. Mi mamá me pone a leer sus artículos y me dice que me calme, pero yo no encuentro ninguna razón para perdonarlos. T.R.

Eres una persona a la que han maltratado mucho y con razón estás llena de dolor y resentimiento. Pero tienes derecho a recuperar tu paz, por eso voy a compartir contigo algunas reflexiones. Vamos a dejar de pensar por un momento en la gente que te lastimó y sin usar mis argumentos del amor, vamos a pensar en ti, en tu salud emocional y física; así que voy a citar a una persona especial, el doctor Iván Mendoza, profesor jefe de Cardiología Experimental del Instituto de Medicina Tropical de la Universidad Central de Venezuela (UCV), que dice textualmente: “La rabia desarrolla calcio en las arterias coronarias, sube el colesterol y la presión arterial y el mejor antídoto contra este amargo sentimiento no está disponible comercialmente, pero es gratis, no tiene efectos secundarios y no es otro que el perdón. El perdón es un sentimiento de paz que nace cuando el dolor, sea cual sea su origen, se deja de tomar personalmente” (El Universal, 12-12-2006. Pág. 3/7).

Cuando perdonamos, no liberamos a las personas de su responsabilidad, en realidad, nos liberamos a nosotros mismos de todos esos sentimientos negativos que hemos acarreado durante tanto tiempo. Además, nos damos la oportunidad de aprender algo de lo vivido para madurar y tomar la decisión consciente de pasar la página para dejar de ser víctimas del pasado y comenzar una nueva etapa.

 

MAYTTE, salí de la universidad hace varios meses y no he podido encontrar empleo; soy muy tímida y no sé cómo venderme, en el buen sentido de la palabra. Me siento a veces muy nerviosa y en ocasiones, por la misma tensión, me pongo agresiva. ¿Tienes algunas normas que me sirvan para conseguir  trabajo?

Lo primero que tienes que hacer es definir lo que te gusta hacer y lo que sabes
hacer de verdad, cuál es el salario que esperas recibir y las condiciones que deseas, con conciencia. Luego, ponte en el lugar del empleador y piensa qué le puedes ofrecer, en dónde puedes lucirte y cuáles son tus puntos más fuertes que pueden ayudar a su empresa (honestidad, orden, tenacidad,  espíritu de superación, preparación…). Incluye toda esta información en tu currículo, recuerda mostrar que contigo la empresa puede avanzar, que no sólo vas a llenar un puesto sino que puedes y quieres aportar. Después, prepárate mentalmente para buscar trabajo, lo que no es fácil, ni inmediato; por tanto debes estar lista para no perder tu entusiasmo y ánimo. Cuida tu presentación personal y tu actitud corporal, demuestra iniciativa y carácter. Usa Internet, los periódicos, los amigos y conocidos. Te deseo mucha suerte, paciencia y éxito.

 

maytte@maytte.com

 

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