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Un
tibetano
vive en Margarita
En el valle de Pedro González
está Tashigar Norte, un centro de enseñanzas Dzogchen
que recibe, semana a semana, a gente de todas partes del mundo.
Estampas tuvo un encuentro con el creador y fundador de esta
comunidad, el Rinpoché Chögyal Namkhai Norbu.
Adriana Gibbs. Fotos: Natalia Brand. Isla
de Margarita.Enviadas especiales
La cotidianidad del pueblo de Pedro González,
en la isla de Margarita, ya no es la misma. La presencia de un maestro
tibetano, desde hace unos meses, ha sido una suave y fresca brisa
para la sequía de ese valle. Que el Rinpoché Chögyal
Namkhai Norbu haya decidido establecerse en Margarita e impulsar allí
la creación de un lugar para las enseñanzas Dzogchen,
ha traído -por añadidura- buenas nuevas a la comunidad,
pues semana a semana Pedro González recibe a personas de todo
el mundo -italianos, franceses, rusos, españoles, ingleses,
por mencionar algunas de las nacionalidades presentes- que vienen
a conocer el centro bautizado con el nombre de Tashigar Norte. Una
de las actividades que desde allí se impulsan, tiene como escenario
la hermosa y serena playa de Zaragoza. Todos los días, a las
10 de la mañana, Namkhai Norbu llega allí. En compañía
de quienes comulgan con sus enseñanzas, se sumerge, poco a
poco, en las profundidades de esas aguas, alejándose de la
orilla. Lejos, muy lejos, se acuesta flotando boca arriba, dedicando
un buen tiempo al canto de mantras; toda una meditación. Ya
de regreso, pero aún en el agua, se pone en franca actitud
de juego con los demás. Quien los ve a lo lejos podría
pensar que se trata de una pandilla de niños. Quien los ve
de cerca comprueba que sí lo son: se ríen distendidos,
celebran estar en al agua, chapotean... Chögyal Namkhai Norbu
es un niño que el pasado 8 de diciembre cumplió 65 años
de edad.
Nació en el Tíbet y fue reconocido a la edad de dos
años como Adzom Drugpa, un alto tülku (lama que reencarna
a conciencia por el bien de todos los seres) de la escuela Nyigma.
A los cinco años de edad comenzó sus estudios formales
en un monasterio. Luego, a los nueve años, rindió con
distinción sus exámenes para entrar a la universidad
monástica a pesar de que la edad mínima que se exigía
para entrar era 13 años. Después entró en contacto
con las enseñanzas del maestro Dzogchen, Chanchugb Dorje, quien
era un campesino tibetano. Tras los sucesos políticos que sacudieron
al Tíbet a causa de la ocupación China, salió
del país y se estableció en Italia. Durante 30 años
se desempeñó como profesor del Instituto Oriental de
la Universidad de Nápoles. Al jubilarse, se consagró
a tiempo completo a las enseñanzas Dzogchen por todo el mundo.
El título honorífico que recibió es el de Rinpoché
(que significa "hermoso"), nombre dado a la última
generación de maestros plenamente entrenados en el Tíbet.
En una hermosa casa, ubicada en Pedro González, Rinpoché
nos recibió para una conversación que transcurrió,
serenamente, acerca de su persona, las enseñanzas Dzogchen
y Tashigar Norte, el proyecto que se ha iniciado en Margarita.
¿Cuáles son las principales ideas que sustentan el
Dzogchen?
"No son una filosofía ni una doctrina religiosa. Uno de
sus propósitos es que cada quien descubra la verdadera condición
de sí mismo. Cuando decimos, 'hacernos conscientes de nuestra
propia condición', significa observarnos a nosotros mismos,
descubrir quiénes somos, quiénes creemos que somos,
y cuál es nuestra actitud hacia los demás y hacia la
vida. Para ello, es suficiente con observar los límites, los
juicios mentales, las pasiones, el orgullo, los celos, los apegos
y todas las actitudes en las que nos encerramos en el curso de tan
sólo un día ¿De dónde surgen? ¿Dónde
están enraizados? Para ayudarnos a nosotros mismos y a los
demás, tenemos que superar todos los límites en los
que estamos encerrados. Esta es la verdadera función de las
enseñanzas".
¿Qué relación tienen con las distintas escuelas
budistas?
"Muchos senderos espirituales tienen como base el principio de
la compasión. A veces, sin embargo, ésta puede convertirse
en algo artificial. Una compasión genuina sólo puede
surgir cuando hemos descubierto nuestra verdadera condición.
Observando nuestros límites y condicionamientos, podemos llegar
a ser verdaderamente conscientes del sufrimiento de otros y, entonces,
nuestra propia experiencia se convertirá en base, o modelo,
que nos permitirá entender y ayudar mejor a aquellos que nos
rodean. Cuando sabemos cómo ayudarnos a nosotros mismos y cómo
trabajar con nuestra situación, es cuando podemos realmente
beneficiar a los demás, y nuestro sentimiento de compasión
surgirá espontáneamente, sin necesidad de someternos
a las reglas de conducta de ninguna doctrina religiosa en particular".
¿Qué requisitos deben cumplirse para conocer estas
enseñanzas?
"No hay limitaciones. Cualquier persona se puede acercar, pero
lo importante es que realmente le interese. Un monje, sin romper sus
votos, puede perfectamente practicar Dzogchen, como puede hacerlo
un sacerdote católico, un oficinista, un trabajador, o cualquier
otra persona, sin tener que abandonar su papel en la sociedad, porque
el Dzogchen no cambia a las personas desde el exterior; más
bien las despierta internamente. Lo único que un maestro le
pedirá es que se observe a sí mismo, con el fin de obtener
la conciencia despierta necesaria para aplicar las enseñanzas
en la vida diaria. Las enseñanzas deben convertirse en un conocimiento
vivo. Esta es la esencia de la práctica y, fuera de esto, no
hay otra cosa en particular que deba hacerse".
Caribeño.
El atavío que ostenta el fundador y guía de la comunidad
Dzogchen no tiene remembranza alguna con su procedencia. No es un
monje ni lo parece. Tiene un look muy caribeño. Su mano derecha,
Carmen Rivas, señala que casi todas sus holgadas camisas
son coloridas, siendo el rojo, el naranja y el amarillo las tonalidades
más frecuentes en él. Su propia cotidianidad refleja
el contenido de su enseñanza. No está apartado del
mundo. Se casó con Rosa Namkhai cuando tenía 30 años
y con ella tuvo dos hijos que viven en Italia; ambos los han convertido
en abuelos.
Un día de Chögyal Namkhai Norbu en Pedro González
suele iniciarse a las cinco de la mañana, con una práctica
personal. Luego dedica un tiempo a la escritura -es autor de El
cristal y la vía de la luz, y La jarra que colma los deseos,
entre otras publicaciones- y a revisar su correspondencia en la
computadora. Sigue el desayuno y un poco después el ritual
del baño en el mar -cuando no hay retiro en Tashigar Norte-
que se prolonga un poco más allá de mediodía.
El almuerzo y una siesta continúan la jornada vespertina
que incluye varias actividades. "Trabajo un poco más
y, luego, hacia el final de la tarde trato de jugar un poco; la
mente debe relajarse y nada como el esparcimiento para ponerla a
descansar", acota. Toda una rutina que guarda sus parecidos
con las de algunos mortales de este lado del mundo. Sobre esto ha
reflexionado Namkhai Norbu:
"Para que un occidental practique una enseñanza que
viene del Tíbet, no hay necesidad de que se convierta en
un tibetano. Por el contrario, para él es importante saber
cómo integrar esa enseñanza con su propia cultura,
para poder comunicarla, en su forma esencial, a otros occidentales".
¿Qué lo condujo a radicarse en la isla de Margarita?
"Varias razones. Me gusta estar en Margarita por razones de
salud; su clima es muy bueno para mí. Es caliente y al mismo
tiempo muy seco, justamente lo que necesito. También me gusta
la isla en sí misma y creo que así será con
la gente que ahora venga acá, interesada en las enseñanzas.
El primer centro que se creó en América fue Tashigar
Sur, en Argentina; y años después de conocer Venezuela
y, específicamente, Margarita, se nos ocurrió crear
esta posibilidad de Tashigar Norte. No tengo mucha idea de cuánto
tiempo tengo todavía para vivir, pero para el resto de mi
vida quisiera pasar más tiempo dondequiera que haya más
posibilidades por el clima y donde la situación sea más
conveniente. Y eso ha ocurrido aquí".
De la comida venezolana... ¿qué es lo que más
le gusta?
"Nada como el mango y la cocada".
¿Qué extraña de Italia?
"A decir verdad, nada. Aquí la cocina es muy sabrosa,
y preparan buenas pastas".
¿A qué le tiene miedo?
"No tengo miedo. Este viene del apego. Cuando la gente no puede
soltar las cosas surge la tensión. La enseñanza Dzogchen
plantea que todo es relativo, y da herramientas para darse cuenta
de las situaciones por las que se pasa y poder resolver los problemas
cotidianos. Entender, por ejemplo, que se tiene un cuerpo físico,
y que tenemos un apego fuerte con ese cuerpo, aunque todas las cosas
sean irreales. No existe nada real. Ni el miedo. Si baja el apego,
el miedo desaparece".
¿Qué puede decirnos acerca de la situación
que está viviendo ahora Venezuela?
"El momento parece muy difícil, pero no sólo
en Venezuela sino también en otras partes del mundo. Todo
es impermanente; quizá hoy es así pero mañana
puede que cambie. Si se recuerda y practica esto, baja la preocupación.
Ha habido muchos problemas en otras épocas, y todavía
habrá muchos más; esa es nuestra naturaleza. Lo más
importante es que los venezolanos tengan conciencia de ello, de
su realidad, y no dejen de trabajar desde sus propias condiciones.
A veces, las personas que empiezan a interesarse por las enseñanzas
pueden caer en la tentación de alejarse de la realidad para
vivir en la fantasía, como si las mismas constituyesen algo
completamente separado de la vida diaria. Bajo esta tendencia, se
oculta, muchas veces, el propósito de eludir nuestros problemas
y la ilusión de que vamos a encontrar algo que, milagrosamente,
nos ayudará a transcenderlos". l
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El maestro que enseña
Dzogchen no dirá:
'¡Sigue mis reglas y obedece mis preceptos!', sino:
'Abre tu ojo interno y obsérvate. Deja de buscar una
lámpara externa que te ilumine,
y enciende tu propia lámpara'.
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| Tashigar Norte |
El centro venezolano
se une a los cinco lugares que se han levantado en el mundo
entero. "Tashi" significa "buen augurio"
y "gar", "lugar principal". Rinpoché
Chögyal Namkhai Norbu visitó Venezuela por primera
vez en 1986, cuando realizó un retiro de enseñanzas
en Caracas. En 1989 repitió la experiencia en Mérida,
y, así, sucesivamente. En 1999, comunicó su deseo
de venir a pasar más tiempo en Venezuela, preferiblemente
en un lugar cercano al mar. Lo invitaron a la isla de Margarita
y quedó encantado. Fue así como comenzó
la búsqueda de una tierra en la isla que reuniese los
condiciones para desarrollar Tashigar Norte. Todo fluyó
en la forma de un proyecto agrícola (plantación
y procesamiento de aloe vera) que fue desarrollado para satisfacer
las obligaciones legales; la compra se hizo con las inversiones
personales de la gente que desea compartir esta tierra con Rinpoché.
Alrededor de 150.000 plantas ya han sido sembradas, lo que se
ha traducido en más empleos para los habitantes de Pedro
González, amén de lo que ha significado para los
que tienen restaurantes, posadas, o alquilan casas y habitaciones,
pues no es nada irrisoria la cantidad de extranjeros y venezolanos
que se desplazan hasta allí para participar en los distintos
programas que allí se convocan. Además de los
retiros, en los que Rinpoché Namkhai Norbu imparte las
enseñanzas, instructores como Carmen Rivas y Fabio, dan
cursos de Danza Om Ah Hum y Yantra Yoga, respectivamente. Quienes
quieran acercarse a conocer un poco de estas enseñanzas,
pueden ponerse
en contacto con ellos, por el teléfono 0295 258.0525
o, mejor, visitando el site: www.dzogchenvenezuela.org |
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- José Manuel Suárez
¡Sí va!
- Año nuevo, nueva
lengua
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