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El lecho marital
Max Haines

Las mujeres abusadas no siempre se vengan, pero algunas de ellas sí

Siempre es abrumador encontrar un cuerpo sin vida. Es una experiencia particularmente dolorosa cruzarse con uno que ha estado muerto por algún tiempo y quemado hasta el punto de ser irreconocible. Eso es exactamente lo que le ocurrió a Franz Faust, un buen día de mayo de 1974, mientras hacía su caminata matutina por los bosques cercanos a la ciudad de St. Polten, Austria.
Franz salió de allí volando y fue hasta la estación de policía más cercana. La policía estuvo en la escena del crimen en cuestión de segundos, pero no había apuro. Incluso un neófito podría haber dicho que el cuerpo estaba sin vida desde hacía un tiempo. Este hecho fue luego confirmado por el investigador de muertes violentas, el doctor Julius Stengler. Luego de hacer una autopsia, el especialista informó que el hombre había sido asesinado por lo menos dos semanas antes de haber sido descubierto, el 2 de mayo. De todas formas, el cuerpo había sido incinerado en los últimos dos días, lo cual llevaba a la conjetura de que alguien habría guardado el cadáver hasta que el olor que acompañaba la descomposición era tan intenso que fue necesario quemarlo.
El bosque donde Franz hizo este horrible hallazgo estaba cerca de un pasadizo para amantes, lo cual le hacía creer a la policía en la horrenda teoría de que una pelea había precipitado el asesinato. Semanas más tarde, el asesino podría haber vuelto para incendiar el cuerpo.
Esta teoría cayó cuando el investigador señaló que el cráneo de la víctima masculina había sido partido, probablemente con un martillo o algún otro objeto pesado. Parecía poco probable que una mujer pudiera matar a su amante de tal forma.
El investigador reveló que más allá de las quemaduras, él podía tomar las huellas digitales de un dedo. También dijo que la víctima era un hombre de entre 30 y 40 años, de buena salud, que tenía roto el dedo índice izquierdo. La víctima había estado usando una tablilla de alambre, que fue recuperada por el doctor. A partir de la condición del dedo parcialmente sanado, pudo asegurar que la ruptura ocurrió alrededor de la última semana de marzo.
En un intento por identificar el cuerpo quemado, la policía chequeó el Hospital St. Polen. Un técnico identificó que esa tablilla era como las usadas en el hospital. Cientos de fichas de archivo fueron examinadas en busca de un hombre que hubiera sufrido de un dedo índice izquierdo roto, y que hubiera sido tratado entre el 15 de febrero y mitad de abril. La policía encontró tres nombres. Dos personas estaban sanas y salvas.
El tercer hombre era Friedrich Madler. Su mujer, Anne, insistió en que su marido estaba en Viena buscando empleo durante ese lapso crucial. El la había llamado sólo dos semanas antes por lo que no podría haber sido víctima de asesinato. Tanto ella como su hijo de 17 años, Johann, habían hablado con Friedrich por teléfono. Justo cuando la policía estaba segura de que tenían al hombre equivocado, las huellas del dedo de Madler fueron comparadas con las de la víctima. Era una combinación perfecta.
Las autoridades ahora sabían con certeza que el hombre asesinado era Friedrich Madler.
Anne y Friedrich Madler habían estado casados 20 años. Tenían cuatro hijos adolescentes, Johann, de 17 años, era el mayor. La señora Madler era una secretaria altamente reconocida en una gran empresa de seguros y parecía ser el sostén económico de la familia. Friedrich, un obrero, estaba más tiempo desempleado que trabajando. No tenía parientes cercanos más allá de su familia inmediata, y ningún enemigo conocido; por lo menos nadie con la intención de partirle la cabeza y mantenerlo durante semanas antes de incendiarlo.
La llamada telefónica a Anne, supuestamente de su marido, era un rompecabezas. De hecho, el asesinato de Friedrich Madler parecía sin solución hasta que, a través de un proceso de eliminación, la policía llegó a la conclusión de que ambos, Anne y Johann, estaban mintiendo sobre la conversación telefónica.
Con una orden de la corte en mano, la policía revisó la casa de Madler. En la habitación principal, debajo de la cama matrimonial, los investigadores encontraron un largo palo con sangre seca. Obviamente, la sangre no había sido notada por Anne. Apenas la mujer se dio cuenta de lo que ocurría, se desarmó y confesó.
Anne le dijo a la policía que su matrimonio de 20 años había involucrado golpes y abuso sexual. Ella se sometió a un examen médico y se le encontraron cicatrices y moretones en sus pechos y sus nalgas. Los hijos de los Madler corroboraron su historia al revelar que generalmente se quedaban despiertos hasta tarde por los llantos angustiantes de su madre.
Era Anne quien trabajaba largas horas, durante los 20 años de matrimonio, para proveer a su familia. A Friedrich no le gustaba mucho el trabajo. Cuando se le ofrecía empleo, por lo general él lo rechazaba.
El 18 de abril, Friedrich volvió ebrio a su casa, como de costumbre. Sometió a su mujer para tener sexo pervertido y le pegó hasta altas horas de la madrugada. Había un pesado martillo en la habitación, así como otras herramientas que habían sido dejadas por trabajadores que estaban haciendo arreglos en el baño adjunto. Luego de que Friedrich se quedara dormido, Anne levantó el martillo y, con ambas manos, lo dejó caer sobre su cabeza. Luego lo hizo otra vez.
La mañana siguiente, Johann encontró a su madre llorando en la sala. Fue él quien convenció a su madre para que no fuera a la policía. El cuerpo fue puesto debajo de la cama. Estuvo allí durante tres días, fuera de la vista de los otros chicos.
Johann y su madre cargaron el cuerpo hasta el carro y lo pusieron en el maletero. Por dos semanas la familia usó el carro, con el cuerpo de Friedrich en el maletero. El 1 de mayo, cuando el olor se hizo intolerable, la madre y el hijo llevaron el cuerpo al pasadizo de los amantes y lo arrastraron unos pocos metros dentro del bosque. Echaron aceite y gasolina y lo incendiaron. La imagen era tan perturbadora que Anne y Johann se fueron antes de que el cuerpo estuviera completamente destruido.
Anne Madler fue juzgada por asesinato en la primavera de 1975. Fue hallada culpable y sentenciada a cuatro años de prisión. Johann se presentó ante la corte juvenil y fue hallado culpable de ser cómplice luego del hecho del asesinato. Fue sentenciado a cinco años en una escuela reformatoria.
Las sentencias tanto de Anne Madler como de su hijo Johann fueron suspendidas.l

Ilustraciones: David Marquez

 
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