Casino Royale
Licencia para amar
Están la acción trepidante, los autos lujosos,
las mesas de póker y las mujeres guapas, pero el film número 21 de James Bond se devuelve a sus primeros días como agente 007 y presenta un personaje más falible y vulnerable. Daniel Craig es el sexto actor encargado de asumir el rol y ya la crítica lo ha reconocido como uno de los mejores de todos los tiempos.
Enmar Pérez Garmendia. Nueva York. Enviada Especial
Fotos: Cortesía Columbia Pictures
Se equivoca, se cuestiona, se retuerce de dolor ante las cámaras, suda, se despeina, pide el martini como mejor le parezca al
barman, y, faltaba más, se enamora. A este Bond, el de Casino Royale, el que ha encarnado el —por estos días— muy celebrado actor británico de 38 años Daniel Craig, le corre a raudales la sangre por las venas e, incluso, no tiene reparos en dejarla brotar en pantalla. En fin, este hombre hace un poco de todo lo que nadie espera de 007, el cerebral agente secreto que —tras 20 películas— no parecía tener ya secretos para sus fanáticos, pero la productora del film, Barbara Broccoli, no duda en calificarlo como “Bond en su estilo más clásico”. La afirmación la hacía durante un encuentro con la prensa internacional en la ciudad de Nueva York, adonde había acudido para promocionar la película en compañía de Martin Campbell, director de la cinta, y de los protagonistas Daniel Craig (Bond), Eva Green (Vesper Lynd), Mads Mikkelsen
(Le Chiffre) y Caterina Murino (Solange).
El origen de un clásico
Cierto es que en los 144 minutos que dura la trama no faltan las escenas de acción que dejan sin aliento, los Aston Martin, las armas, las mujeres hermosas (aunque con sus matices) y los parajes exóticos de rigor, pero la aseveración de Broccoli viene por otro lado: paradójicamente, para traer a Bond al siglo XXI se ha recurrido al pasado. Casino Royale es, en efecto, el largometraje número 21 de la franquicia de 007, pero asimismo fue el primer libro que sobre este personaje escribió —en 1953— su autor,
el inglés Ian Fleming, a quien el ya legendario Albert R. Broccoli, padre de Barbara, compró los derechos que le permitirían llevar al cine sus aventuras.
“Cuando mi padre y su socio, Harry Saltzman, adquirieron los derechos, Casino
Royale era el único que no estaba disponible”, dice la productora, quien, junto a su hermanastro Michael G. Wilson, ha dado continuidad a la franquicia por más de una década.
De allí que la película que marcara el inicio de lo que se convertiría en todo un icono del siglo XX fuera Doctor No (1962) —en realidad, el sexto relato de I.F.—, que inmortalizó en el papel a Sean Connery y convirtió a la postre a la actriz sueca Ursula Andress en la más recordada de las chicas Bond. De Casino Royale se había hecho, en 1954, un episodio para la televisión, y, más tarde, en 1967, se haría una parodia donde participarían David Niven, Peter Sellers y un joven Woody Allen, entre otros ilustres comediantes.
“Hace pocos años pudimos obtener (tras una intensa batalla legal) los derechos de Casino…”, explica Broccoli. “Es el libro que mi padre (fallecido en 1996) siempre
quiso hacer porque, en muchos sentidos, es el texto más importante que Fleming escribió sobre James Bond”, agrega.
Todos tienen un pasado
He aquí, entonces, los orígenes de 007. Y si bien el aire de los tiempos imponía
ciertos cambios en lo relativo a la historia —el texto original transcurre durante la Guerra Fría, mientras el film se decanta por la era corriente del terrorismo y el lavado de dinero—, en la película no hay prácticamente artilugios tecnológicos que salven el día y se respeta al personaje tal como lo concibió su creador: más oscuro, más vulnerable.

“Esta vez Bond es más complejo. Incluso en el libro muestra aversión por la violencia. Es un ex comandante de la Marina que recién ha adquirido (dentro del servicio secreto británico, MI6) su estatus doble-cero (licencia para matar). Al final se verá como es que completa ese viaje que lo llevará a convertirse, como dice el texto, en ‘la bella máquina de matar’ que todos conocemos”, señala el director Martin Campbell, quien ya había dirigido Golden Eye (1995), la cinta que lanzara a Pierce Brosnan en el rol. Por cierto, con rotundo éxito. Pero aun cuando Muere otro día (Die Another Day, 2002), la última producción que se hiciera de la franquicia, todavía con Brosnan como protagonista, resultara la más taquillera en la historia de James Bond (recaudó 456 millones de dólares alrededor del mundo), devolver a su esencia al personaje —y, por lo tanto, a unos días más mozos— clamaba por el siempre más dramático de los virajes: un nuevo rostro, el sexto en 44 años.
La bella máquina matadora
No la iba a tener fácil Daniel Craig, una vez que le anunciaron que había sido
escogido para seguirle los pasos a sus sólidos antecesores: Sean Connery (1962 a 1967 y 1971), George Lazenby (1969), Roger Moore (1973 a 1985), Timothy Dalton (1987 a 1989) y Pierce Brosnan (1995 a 2002). Lo primero que debió vencer fueron sus propias dudas: “Al principio no quería aceptar. De hecho, llegué a comunicarme con los productores para decirles que no”, revela el actor. “Lo que finalmente me convenció fue el guión (que contó con el toque de gracia del talentoso Paul Haggis, guionista y director de Crash). Se leía maravillosamente”, comenta con entusiasmo.
No muy familiar por estos lares, Craig cuenta con una respetable trayectoria en el teatro londinense y ha dejado colar sus sobradas condiciones actorales en filmes como Lara Croft: Tomb Raider (2001), Camino a la perdición (2002), Sylvia (2003) y Munich (2005), entre otros. Pronto se le verá en Infamous, inspirado en el novelista Truman Capote, donde asume al atribulado asesino Perry Smith, y en The Visiting, un thriller en el que comparte protagonismo con Nicole Kidman. Asimismo, ya se sabe, asumirá la siguiente producción de James Bond.
“Los papeles que me interesan son aquellos con matices, personajes que sufren un cambio a lo largo de la historia, esos que en el viaje terminan siendo muy diferentes a los que se vieron al comienzo de la película”, expresa Daniel, quien llega a su round con los medios enfundado en un traje gris de Brioni que le calza a la medida. Elegante en apariencia y maneras —que no impostado—, de atractivo poco común pero a todas luces incuestionable, Craig, sin embargo, tuvo que enfrentar una feroz campaña emprendida por la prensa amarillista de su país. Lo acusaban de “demasiado rubio”, “demasiado feo”, “demasiado bajo” o “demasiado plano” para encarnar a 007. Hoy esas palabras han ido a parar al fondo del Thamesis: Casino Royale ha destronado a Muere otro día como la más taquillera de la franquicia en su fin de semana de estreno
y la crítica inglesa se ha desbordado en elogios para su protagonista: “El mejor desde Sean Connery”, han sentenciado algunos. Otros, incluso, se han atrevido a más:
“El mejor de todos los tiempos”.
“Daniel va a ser una revelación para la audiencia —había predicho Martin Campbell—. Es fuerte pero a la vez encantador y con gran sentido del humor. En vista de que esta historia exige mucho más del personaje, su profundidad y carácter calzan perfectamente en el rol. A su vez está en excelentes condiciones físicas y se ha probado a sí mismo ser muy bueno en las escenas de acción”.
Corre, Daniel, corre
“Sufrí heridas, rasguños, me desgarré algunos músculos, tuve hasta un ojo morado, pero no hay manera de interpretar a Bond sin sentir dolor”, confiesa riéndose el actor. Bueno, al menos no al de Casino Royale: tras una primera secuencia en blanco y negro, donde el agente está a punto de eliminar a un enemigo que le hará ganar su nuevo estatus, comienza una persecución implacable —dura cinco minutos en pantalla— a través de una zona boscosa y una construcción. En ella Bond persigue al terrorista Mollaka, interpretado por Sébastien Foucan.
En la vida real, Foucan es creador de una especialidad conocida como free-running o Parkour, que consiste en sortear con destreza toda suerte de obstáculos durante una carrera. Según aclara Barbara Broccoli,
“la persecución fue real para darle mayor verosimilitud
al film. Se usaron cables de seguridad sólo cuando era
muy peligroso”.

El caso es que Craig tuvo que entrenarse duramente en las artes del free-running,
pues prefiere filmar él mismo la mayoría de sus tomas de acción. “Me gusta ser lo más honesto posible con la audiencia —argumenta—. Aunque hay momentos en
los que no soy yo porque físicamente era mucha la demanda”.
Tampoco es él, lógicamente, el que maneja el Aston Martin que da vueltas siete veces y media en el aire, lo que estableció un record Guinnes de pasada. Pero, eso sí, está más que presente, en músculo y hueso, en un episodio —quizá el más memorable de la producción— donde, atado completamente desnudo a una silla que no tiene fondo en el asiento, es azotado por el villano Le Chiffre, quien lo golpea repetidamente por la parte de abajo. La secuencia aparece en el libro de Fleming.
“No fue tampoco tan difícil hacerla. Un rato antes de comenzar a rodarla, me desnudé
y me fui a una esquina con mi Ipod a escuchar música (The Clash). Más tarde me tocó sentarme para que me torturaran. Lo único que tenía que hacer era quejarme de dolor y mostrarme desafiante”, dice con naturalidad. Después de todo, los peores latigazos habían venido de afuera —de los medios— y ante ellos ya había demostrado el temple. El esfuerzo valió la pena. Larga vida a Mister Bond.•

¨Vesper está llena
de secretos y creo que eso
no es lo que le atrae a Bond: Él no puede ver a través de ella¨ -Eva Green (Vesper)
| Sangre, sudor y lágrimas |
No habrá Q (el genio detrás de los gadgets) ni habrá Moneypenny (la secretaria). Pero habrá dos Aston Martin —un DBS color Casino Ice, que no saldrá a la venta hasta 2007, y un DB5,
el favorito de Bond—. Tampoco faltarán las persecuciones intensas ni las sabias canas de M, jefa de 007 en el servicio secreto británico (MI6), que sigue asumiendo la gran dama del cine Judi Dench. Allí estará en la pantalla, cavilando si tomó la decisión acertada cuando otorgó al impetuoso agente el nada corriente doble cero. La razón habría sido impensable en la era Connery: se ha regado a través de Internet un video donde se aprecia a Bond disparando contra un desarmado terrorista, Mollaka (Sebastien Foucan). Una vergüenza para MI6. Pero estará el infaltable villano que hará ganar puntos a 007: Le Chiffre (Mads Mikkelsen), amoral testaferro que lava dinero de organizaciones terroristas internacionales, con una particularidad: en momentos de tensión deja escapar una lágrima de sangre. La oportunidad de eliminarlo se presentará durante un juego de póker —Texas Hold’ Em, aunque en el libro original es baccarat—, de convocatoria exclusiva, en el casino Royale. Esta vez James habrá
de asistir vigilado: para mantenerlo a raya M, enviará a Vesper Lynd (Eva Green),
una agente que logrará bajarle las armas y definirá el curso de la historia.
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| El beso francés |
Ya se sabe: alguna vez 007 tuvo su corazoncito. Pero la mujer que se lo roba —a la larga, literalmente— tampoco es la tradicional criatura 90-60-90 “que está allí para llevar un biquini,
ser sexy y disparar un arma”. El encomillado es para la actriz gala Eva Green (The Dreamers), quien encarna a Vesper Lynd, la agente secreta que deslumbra a Bond en Casino Royale y en cuyo homenaje el espía que la amó bautizó su trago favorito: el Vesper martini —“tres medidas de Gordon, una de vodka,
media de Kina Lillet, bátalo con hielo hasta que esté bien frío.
Entonces, aderécelo con una delgada rodajita de piel de limon”—. Bella, aunque no escandalosamente, ultradelgada
y con una apariencia que algunos han calificado de “gótica”, Green confiesa que aceptó el papel porque no era el de la clásica chica Bond: “Vesper es misteriosa, está llena de secretos. Es la primera mujer que Ian Fleming concibió al lado
de 007 y tiene un fuerte impacto en su vida. Su personaje es la explicación de por qué James se comporta como lo hace con
las mujeres”. Pero allí estará también la sensual italiana Caterina Murino, en la piel de Solange, esposa de uno de los terroristas de esta aventura, con quien el agente sostiene un fogoso
encuentro. Esta dama, valga decirlo, sí que era una suerte de adelanto de lo que estaba por venir: “Entre Bond y Solange la energía es puramente sexual. Pasan una apasionada noche,
y luego, ¡bum! —dice Murino sonando los dedos en el aire— él se esfuma”. |
| Sólo para sus ojos |
No deja de tener humor que sea Bond el que surge del agua en homenaje a la inolvidable escena de Ursula Andress en Doctor No (1962), que repitiera Halle Berry en Muere otro
día (2002)
  
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Ver también en Encuentros:
- Casino Royale Lucencia para amar
- Juego madera
- Angeles en la tierra
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