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¿Por qué mataron a Alice?

El buqué de flores dejado en la escena del crimen resultó ser una pista crucial

Max Haines

Lee Orsini no era una niña típica de Little Rock, capital de Arkansas. Lee era bastante bonita, pero
en cierta forma recordaba un diamante en bruto.
Ella contrajo nupcias con Douglas Sudbury en 1963, cuando ella sólo tenía 16 años. Se divorciaron poco después, pero se volvieron a casar el 14 de julio de 1966.  Un año después, Lee, quien obviamente no podía decidirse, se divorció de Douglas por segunda vez y se fue a casa de su mamá. Lee, quien nunca estaría casada de manera permanente, se unió en matrimonio con David May en 1971. Esta vuelta en
el carrusel del matrimonio duró apenas seis meses.

El 17 de septiembre de 1976, Lee contrajo nupcias por cuarta ocasión. Trajo a su hija, Tiffany, producto de su primer matrimonio. El reluciente nuevo esposo era Ron Orsini, de 34 años. Para entonces, Lee era un mujer experimentada de 29 años.

Los Orsini compraron una casa grande en Pontiac Drive, en North Little Rock. No sólo debían soportar la carga de una pesada hipoteca, sino que también debieron apretarse el cinturón para cumplir con los onerosos pagos de los muebles. Todos sus problemas se vieron opacados por los acontecimientos que ocurrieron la noche del miércoles 11 de marzo de 1981.

Esa noche, Ron se fue solo a la cama. Lee se durmió con Tiffany, quien estaba enferma. Era cerca de media noche cuando el sonido de un disparo rompió la calma nocturna. A la mañana siguiente, Lee descubrió el cadáver de su esposo y llamó a la policía. Ron había muerto por una bala calibre 38, disparada desde una pistola en contacto con su cabeza. Estaba dormido cuando lo asesinaron. La policía analizó la cama cuidadosamente. Por las marcas parecía que alguien había estado acostado al lado de Ron, aunque Lee insistía en que se había quedado dormida en la habitación de Tiffany.

Nunca se encontró el arma del homicidio, pero la policía se enteró de que Ron había presentado una denuncia por el robo de su pistola calibre 38, la cual le había sido sustraída de su camioneta tiempo atrás. La casa no presentaba señales de que alguien hubiera entrado a la fuerza, y nada había sido robado. Por suerte para Lee, Ron tenía un seguro de vida que pagó la hipoteca. Como se puede comprender, Lee Orsini era sospechosa en el asesinato. Contrató al abogado Bill McArthur, a quien le comunicó que creía que su esposo se había involucrado en el tráfico de drogas.

Después de investigar el asesinato de Orsini, el jurado emitió un fallo de no procesamiento, lo cual significaba que Lee no sería enjuiciada por homicidio.
Un año después, el caso había salido de las primeras planas de los diarios.
Otros acontecimientos habían sustituido ese asesinato. Sin embargo, mucha gente
aún creía que Lee Orsini había logrado quedar impune de un homicidio.

El viernes 2 de julio de 1982, dos hombres tocaron la puerta de la casa del abogado McArthur. Sabían que la esposa de Bill, Alice, estaría sola. Alice se asomó por una ventana. Vio a un hombre con un ramo de flores y un sujetapapeles.

Alice tenía cuidado con los extraños, y su precaución estaba bien fundada. 
Semanas atrás, al montarse en su Oldsmobile Cultas y girar el encendido, el auto había estallado. Tuvo suerte de escapar con apenas algunos rasguños en las piernas. Los policías le dijeron que si toda la bomba hubiera detonado, ella y el auto habrían quedado reducidos a escombros. La identidad del autor material era un misterio.

En sociedad con otros abogados, Bill McArthur era copropietario de un bar estilo “lejano oeste” en el pueblo. Sin duda tenía enemigos, y la bomba había podido estar dirigida en su contra.

Alice abrió la puerta. Fue un error. Quizás corrió en el momento en que el hombre le dio el buqué y metió la mano en su bolsillo. Mientras corría, una bala pasó silbando al lado de su cabeza. Logró llegar a un armario del primer piso mientras el extraño la perseguía. Ella
sabía que su esposo guardaba una pistola en algún
lugar del armario. Buscó frenéticamente el arma, pero sus esfuerzos fueron inútiles.
El hombre la había alcanzado. Otro disparo falló, pero el tercero dio en el blanco.
Alice McArthur cayó muerta en el armario de su dormitorio.

Cuando Bill McArthur llegó a casa esa tarde, encontró afuera al perro de la familia. La puerta de la casa estaba abierta. No podía encontrar a Alice. Llamó a una de sus amigas, Anita Prather, pero Alice no estaba allí. Bill llamó a la policía. Anita llegó a la casa casi al mismo tiempo que el patrullero Robert McNeely. Mientras Bill explicaba la ausencia de su esposa, Anita recorrió la casa. Fue ella quien encontró el cuerpo de su amiga en el armario.

Bill McArthur quedó desolado por la muerte de su esposa. ¿Quién haría algo semejante? Mientras el asesinato de Alice McArthur ocupaba los principales titulares de dos diarios de Little Rock, un criminal de poca monta, Yankee Hall, le preguntó a un conocido, Forrest Parkman, si la policía tenía alguna pista de la muerte. Forrest Parkman era miembro del departamento de policía de Little Rock.

El ramo de flores dejado en la escena del crimen condujo a los detectives a una floristería local. La mujer que había vendido las flores dio a la policía una descripción detallada del comprador. Parkman pensó de inmediato que la descripción correspondía a Yankee Hall. Ese mismo día, la policía recibió una llamada telefónica de un informante anónimo, quien dijo que un hombre llamado Larry McClendon había asesinado a Alice McArthur.

Yankee Hall estaba nervioso. Le preguntó a otro oficial si la policía tenía suficiente evidencia para una sentencia si localizaba al hombre que había comprado las flores. Cuando le respondieron que sí, preguntó si recibiría cadena perpetua o sería ejecutado. Los detectives se aprovecharon de su miedo. Le dijeron que encontraron una pequeña tarjeta en el buqué y que  estaban  por identificar una huella digital en la tarjeta.

Yankee Hall fue detenido para interrogarlo, y más tarde fue acusado del asesinato de Alice McArthur. Un empleado de la floristería lo identificó de entre un grupo de sospechosos como el hombre que había comprado el ramo que se encontró en la escena del crimen.

Ante esta evidencia, Hall confesó. Él y Larry McClendon habían sido contratados por Lee Orsini para matar a Alice McArthur. Él creía que Bill McArthur le había encargado a ella realizar el “trabajo”.

Durante el curso de una compleja investigación policial, los oficiales se enteraron de que Lee Orsini le había pedido a un amigo que hiciera la llamada anónima a la policía en la que informaba que McClendon era el asesino. Ella también fue detenida y acusada de asesinato. Sólo Bill McArthur pudo demostrar que desconocía cualquier información que lo incriminara con el asesinato de su esposa. No tenía ninguna aventura amorosa y no ganaría nada con la muerte de Alice. McArthur fue exonerado sólo después de que lo arrestaron y lo investigó un gran jurado.

A cambio de su confesión y de declararse culpable, el estado garantizó a Yankee Hall que recibiría cadena perpetua. Reveló cómo él y Lee Orsini habían sido responsables de colocar la bomba en un intento de matar a Alice. Lee había dicho que McArthur les pagaría 20.000 dólares por el realizar el trabajo. Un jurado de Arkansas deliberó ocho horas antes de encontrar a Lee Orsini culpable de homicidio con pena capital. Fue sentenciada a cadena perpetua sin posibilidad de salir bajo libertad condicional.

McClendon fue encontrado culpable de asesinar a Alice McArthur. Larry estaba en libertad bajo palabra cuando cometió el asesinato. Ahora debía cumplir primero su sentencia original de 31 años de prisión. Fue sentenciado a otros 20 años de confinamiento por el asesinato de Alice McArthur. Yankee Hall, quien no puede salir en libertad bajo palabra, está cumpliendo su cadena perpetua en una prisión de Arkansas. l

Traducción: José Peralta. Ilustraciones: David Márquez

davidmarquez@cantv.net

 

 
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