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Un caso frío
Max Haines
Este es uno de los asesinatos que la policía de Canadá no ha podido resolver

Justo antes de la Navidad de 1967, el teléfono de Beverley Turner sonó. Fue una llamada que cambió su vida para siempre.
"¿Es usted la esposa de Robert Turner, que trabaja en la planta de energía de las Fuerzas Aéreas de Kapuskasin?". A Beverley le dio un vuelco el corazón. ¿Habría sufrido su esposo un accidente? Apenas acababa de responder afirmativamente cuando la persona al otro lado del teléfono le dijo: "Pues más vale que se siente. Tengo muy malas noticias para usted. Su esposo y mi mujer están teniendo un romance. Mi esposa cree que su marido tiene algo especial. Están juntos y eso yo no lo voy a permitir. Más vale que lo convenza usted para irse de Kapuskasin o lo recibirá en una caja de pino".
Han pasado 33 años desde que Beverley Turner recibiera esa fatídica llamada. Recuerda cada palabra como si fuera ayer. Pero la historia de la familia Turner no acaba ahí.
Mientras miro, sentado, a esta mujer en su piso bien decorado de la ciudad suroccidental de Ontario, ella me cuenta la serie de acontecimientos que han marcado su vida durante los últimos 33 años.
A los 12 años, Beverley Burke se enamoró de Bob Turner. El 15 de abril de 1950, cuando Beverley tenía 19 años y Bob 20, estos enamorados desde la niñez se casaron en Brockville, donde ambos se criaron. Con el tiempo, tuvieron dos hijas y un hijo.
En 1952, Bob ingresó en las Reales Fuerzas Aéreas Canadienses, donde llegó a ser cabo y se convirtió en especialista en funcionamiento de plantas energéticas en zonas remotas. Durante nueve años, los Turner vivieron en zonas apartadas del país, que pertenecían a bases de las Fuerzas Aéreas.
En 1961, Bob dejó las Fuerzas Aéreas y aceptó un puesto en Mechron Engineering, en Ottawa. Ese mismo año, fue trasladado a North Bay, donde la pareja adquirió una vivienda. Dejó Mechron y se puso a trabajar como empleado civil de las Fuerzas Aéreas, lo que suponía trasladarse de un sitio a otro. Al final acabó trabajando en Kapuskasin. Su familia estaba domiciliada en North Bay. Bob se trasladaba un fin de semana sí y uno no de Kapuskasing a North Bay. Luego, sonó el teléfono.
Beverley quedó destrozada. El amor de su vida desde que tenía 12 años la había engañado. Sus hijos, que entonces tenían 17, 14 y 8 años, no tenían ni idea de que su padre era distinto de lo que aparentaba: un padre afectuoso y comprensivo, y cristiano practicante.
Beverley le contó a su hija mayor la devastadora llamada telefónica que había recibido, pidiéndole que hablara con su padre cuando éste llamara. Informado de la situación, Bob recorrió, en una fría noche de diciembre, la distancia que separa Kapuskasin de North Bay, unos 481 kilómetros, llegando a su casa a las dos de la madrugada. Cuando su esposa lo enfrentó directamente, Bob no negó que estaba teniendo una relación extramarital.
Beverley le dio órdenes. Se tomaría en serio la amenaza de muerte y dejaría su trabajo en Kapuskasin. Había leído en un anuncio de Dupont of Canada's Nipissing Explosives Works que necesitaban a alguien para el tipo de trabajo que él hacía. Podía presentar su candidatura y vivir en casa en North Bay con su familia. Bob se mostró de acuerdo. Pasó los exámenes de Dupont y fue seleccionado.
La relación extramatrimonial no terminó. Hay algunas pruebas de que, a escondidas, Bob siguió en contacto con su amante por correo y por teléfono. Su esposa cree que en una ocasión Bob pasó un fin de semana con su amante en las Laurencianas, al norte de Montreal.
El 20 de junio de 1969, aproximadamente 18 meses después de su vuelta a North Bay, Bob Turner se puso su chaqueta de pana, sus pantalones marrones y sus zapatos Dack. Bob, un maniático del buen vestir, se puso los calcetines que su hijo le regaló para el día del padre. Salió de la casa para nunca después volver a ser visto por ningún miembro de su familia.
Bob, un hombre de costumbres, nunca había llegado tarde a cenar. Beverley sintió miedo. A la mañana siguiente, al seguir sin noticias de su marido, llamó a la policía para notificar su desaparición.
El 22 de junio, el Vauxhall azul de la familia fue descubierto en el estacionamiento de la plaza Churchill en Sioux Ste Marie, a 430 kilómetros al oeste de la vivienda de Turner. El 24 de julio de 1969, 34 días después de haberse ido de su casa, una pareja americana que estaba paseando su perro por la ribera del Río Veuve, cerca de Sudbury, se topó con el cadáver de Bob Turner, que yacía boca abajo en el río. El lugar donde se halló el cadáver estaba a 360 kilómetros al este de donde se encontró su vehículo. Había sido amordazado y su cuerpo atado con una cuerda. Luego, se comprobaría que había muerto de asfixia antes de ser arrojado al agua.
Bob llevaba muerto menos de 72 horas cuando se le descubrió en el río. Estaba bien vestido y afeitado. Llevaba la misma ropa que al irse de su casa, con una excepción. No llevaba camisa.
El marido de la amante de Bob fue interrogado detenidamente por los detectives de la policía provincial de Ontario. La amante de Bob también. Ambos admitieron sin tapujos su implicación en el caso, dieron voluntaria y abiertamente información y colaboraron totalmente con la investigación. Quedaron libres de toda sospecha.
A medida que se fue investigando el inusitado asesinato de Bob Turner, muchas circunstancias misteriosas salieron a la luz.
Sin que nadie lo supiera, Bob había utilizado dos alias, R.W. Johns y Daniel George O'Donnell. El verdadero Daniel George O'Don- nell trabajaba en Dupont y tenía un casillero al lado del de Bob. Este último le robó la tarjeta de identificación o la consiguió de alguna otra manera. O'Donnell dio parte de la desaparición de su tarjeta el día que Bob no acudió a su puesto de trabajo en Dupont.
Ese fatídico 20 de junio de 1969, cuando Bob, supuestamente, iba a trabajar, se metió en el viejo Vauxhall azul de la familia y dejó su Ford Meteor. Nunca antes había hecho esto. Beverley utilizaba el Vauxhall para ir de compras e ir y volver de su trabajo como auxiliar de una enfermera.
Bob tenía que recibir su paga al día siguiente. Normalmente, le daba a Beverley 80 dólares para los gastos semanales de la casa. En esta ocasión, dejó 90 dólares debajo de su joyero el día antes de la paga. ¿De dónde venía el dinero? Su cuenta bancaria, en la que tenía 800 dólares, seguía intacta.
Si realmente Bob había pasado un fin de semana en las Laurencianas con su amante, uno se pregunta de dónde sacó el dinero para hacer ese viaje.
La hija mayor de Bob una vez se encontró una "bolsa de dinero" en la casa pero no reveló su descubrimiento hasta después de la tragedia. ¿De dónde venía este dinero?
Una semana antes de su desaparición, Bob pasó gran parte de su tiempo con sus hijos. Mostró a su hijo cómo llevar la basura familiar al vertedero por si él no estuviera allí para hacerlo.
Al despedirse de su hija, quien se iba a ir de viaje por una semana, Bob, inusitadamente, se emocionó mucho.
Cuando se recuperó su cadáver, el reloj de pulsera de Bob iba atrasado una hora con respecto al horario de la Costa Este canadiense. Ese mismo reloj, que ahora utiliza su hijo, nunca ha dejado de funcionar hasta la fecha.
Parece haber pocas dudas de que Bob quiso dejar a su familia. Pese a esto, no se llevó ninguna de las preciadas pertenencias que había acumulado en sus 20 años de matrimonio. Una excepción, sí se llevó su rifle Cooley de calibre 0,22. Tal vez el mayor misterio de todos: ¿Dónde pasó Bob Turner el mes durante el cual permaneció bien vestido, alimentado y afeitado?
Con el tiempo Beverley Turner se volvió a casar y sacó adelante a sus tres hijos, cada uno de los cuales ha logrado tener éxito en su trabajo. Beverley todavía trabaja de auxiliar de enfermería y se siente orgullosa de sus cinco nietos, y con razón. Una cosa le falta en la vida y es la solución del asesinato de su marido y aclarar quién puso su cadáver en el río Veuve hace 33 años.
Según el principal investigador de la policía provincial de Ontario a cargo de este caso, el detective inspector David Cardwell: "La tecnología ha avanzado a lo largo de los años. Por consiguiente, encontrar hoy al asesino que cometió el crimen hace más de tres décadas no es una tarea tan ardua ni imposible como puede parecer".

 
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