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El eterno triángulo

No hay nada mejor que un enredo romántico a la francesa
Max Haines

¡Ah!, el fresco y limpio olor de la primavera, la estación cuando los pensamientos de un hombre joven se vuelven asuntos del corazón. En ningún lugar, absolutamente en ningún lugar se da este humor eufórico más prevalentemente que en Francia. Como su vino, son conocidos por hacer el amor de una forma superior. El hecho de que l’amour algunas veces explota en sangriento asesinato nunca ha desaparecido entre los franceses.

Pierre Chevallier provenía de una de las familias más antiguas y queridas de Orleans. En 1935, el atractivo Pierre estaba preparándose como médico con un futuro prometedor. Eso fue cuando conoció a Yvonne. Una bella y joven mujer, quien, desafortunadamente, provenía del campo y no era muy inteligente. Pero el amor supera todo. ¿A quién le importa estar conjugando verbos en la cama? Yvonne se marchó de su pueblo y se fue a vivir al apartamento que Pierre tenía en Orleans.

Por un tiempo todo funcionaba a la perfección. Cuando empezó la guerra, Pierre se unió a la armada. En su primer destino fuera de casa, se casó con Yvonne. Los Chevalliers tuvieron dos hijos, Thugal, nacido en 1940, y Mathieu, nacido en 1945.
Pierre era un triunfador. Justo antes de que Francia se rindiera a Alemania, se le entregó la Legión de Honor por asistir a tropas heridas bajo condiciones extremadamente peligrosas. Una vez que volvió a Orleans, se convirtió en uno de los líderes principales del movimiento de la resistencia. Cuando la guerra se ponía en contra de Alemania, fue el grupo de Pierre el que atacó abiertamente a los alemanes en su retirada y limpió la ciudad antes de que llegaran los soldados aliados.

Ya convertido en un héroe de buena fe, Pierre fue elegido como el primer alcalde después de la guerra. A Pierre se le acreditó la reconstrucción del pueblo tal y como se encuentra actualmente: es una de la ciudades más bellas de Francia. La vida se convirtió en una eterna ronda de recepciones, reuniones y viajes.

A Pierre le encantaba. Abandonó su consultorio médico y se dedicó íntegramente a la política. El adorable y considerado doctor con el que Yvonne se había casado no era el animal agresivo y político con el que ahora vivía, pero todavía le amaba entrañablemente.

¿Quién sabe cómo empezó todo? Una palabra, un gesto, una discusión, una más amarga que la otra. A Yvonne le disgustaban intensamente las recepciones a las que se veía obligada a ir. Le resultaba difícil atender a la gente que no conocía, y mucho más recordar sus nombres, como una buena esposa de un político debía hacer.
¡Oh !, Yvonne, inténtalo. Se peinaba en el salón de belleza de moda. Leía las revistas de arte y literatura, pero nunca logró entender o disfrutar de los temas. Compraba ropas caras, pero de alguna manera nunca se veía bien en ellas.

Entonces cometió el pecado imperdonable de quejarse por sus faltas a Pierre. Al principio él se encontraba muy ocupado para tener esa conversación. Yvonne persistió. Pierre estuvo de acuerdo. Sí, ella vestía muy mal y era una pésima anfitriona. El hecho es que realmente era una pesada y una aburrida. Por fin estaba aclarado y descubierto ante todos. Yvonne estaba perdiendo el amor de su marido. Tenía el corazón roto.

Cuando su hijo Mathieu enfermó, Yvonne lo puso en la habitación suya para tenerlo cerca durante la noche. Pierre, voluntariamente, se ofreció a dormir en su estudio. Cuando Mathieu se recuperó, Pierre decidió no volver al lado de Yvonne.

Esta era la peor de las reacciones. Su maridito no se sentía atraído físicamente hacia ella. Era duro de aceptar. Yvonne lo tomó muy bien. Ella tomaba un medicamento para que le ayudara a dormir; y otro por la mañana para deshacerse de los efectos. Entre drogas, fumaba sin parar y tomaba litros y litros de café.

Ahora que la unión física había sido cortada, Ivonne, en su estado de mareo por las medicaciones, empezó a sospechar de su marido. Desde luego que un espécimen viril como Pierre tenía que estar viendo a otra mujer. Yvonne registró los bolsillos de su esposo en busca de alguna pieza incriminatoria de evidencia. Allí estaba, encontró una carta de amor firmada por Jeannette y dirigida a su marido.

Esto no era una aventura de una sola noche. Jeannette y Leon Perreau eran los mejores amigos de los Chevallier. Yvonne optó por la reacción agresiva. Habló con Leon y estaba sorprendida cuando él le dijo que no le importaba un pepino. Después vino Jeannette. Ella le juró a Yvonne que era falso; no había relación alguna entre ella y el monsieur.

Ivonne, entonces, tomó el toro por los cuernos y se dirigió a su marido, quien al admitirlo abiertamente la destrozó por completo.

La forma geométrica conocida en el negocio del romance como un triángulo estaba formándose perfectamente. Pierre le dijo a Yvonne que él y Jeannette estaban planeando casarse. Ya se lo habían contado a Leon Perreau y, aunque no tenían su bendición, tenían su consentimiento. Ellos estaban a punto de encarar a Yvonne con su pequeño secreto cuando ella encontró la carta de amor y se les adelantó.

Yvonne se derrumbó. Pidió: “Haré lo que sea, lo prometo, cambiaré. Seré digna de ti”. “No te quiero. Quiero el divorcio”, fue la respuesta de Pierre. “Nunca”, lloraba Yvonne.
“De acuerdo. Si no me concedes el divorcio, pondré a los niños en un internado y tú sólo me verás una vez cada seis meses. Por Dios, deja de llorar”. Yvonne respondió: “No podría amar a ningún otro hombre, sólo a ti”.

Yvonne se fue a la costa con sus dos hijos, comprando tiempo para poder sopesar la situación. Mientras tanto, a pesar de su vida personal turbulenta, el alcalde de Orleans estaba liderando su vida pública, que avanzaba imparable. En las elecciones generales francesas de 1951, Pierre salió victorioso y pronto fue nombrado Secretario de Estado para Educación Técnica, Jóvenes y Deportes.

Yvonne, por supuesto, no tomó parte en la celebración. Estaba ocupada yendo de compras. Ella adquirió una pequeña pistola Mab automática de 7,65 mm.

El mismo día de su nombramiento, Pierre entró a su casa con prisa para cambiarse de ropa entre recepciones. Yvonne se encontraba en la casa —tomando sus drogas—. Sacó a relucir el tema de su problemático matrimonio. Pierre, deseando disfrutar al máximo de su día especial, le dijo a su mujer que se perdiera.

Yvonne tenía otra idea. Subió las escaleras, se dirigió a su ropero, sacó la Mab automática y disparó cuatro tiros a su marido, en el muslo, la barbilla, el pecho y la frente. Yvonne bajó las escaleras y le dijo a su criada que no se preocupara por el ruido. Después se dirigió a su cuarto y, una vez más, poniendo en práctica su buena puntería, disparó a su ya fallecido marido en la espalda.

En el juicio de Yvonne, su abogado tuvo dificultad explicando el quinto disparo, pero al final todo salió bien. Durante el juicio se reveló que Pierre había hecho un gesto obsceno acompañado de comentarios obscenos a Yvonne.

La sala estaba vacía cuando se produjo este testimonio, por lo que nunca sabremos la naturaleza de tales obscenidades, pero sabemos que el testimonio tuvo un gran efecto en el jurado.

Ivonne Chevallier fue absuelta. Abandonó la sala como mujer libre, los gritos de la multitud sonaban en sus oídos. La misma multitud gritaba y pitaba a Jeannette Perreau cuando esta salió del edificio. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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