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La gastritis una
enfermedad
bastante ácida


La inflamación de la capa más interna
del estómago sólo puede ser diagnosticada a través de un
examen endoscópico. No obstante,
hay personas que creen padecerla
porque la confunden con el malestar estomacal. Pablo Blanco







Foto: www.ideastock.com/Corbis/Sie Productions/ Zefa

El autodiagnosticarse en términos de salud, por erróneo que sea, es una costumbre que muchos practican libremente. No es raro, pues, escuchar a alguien decir que cree tener gastritis porque le duele el estómago. Esta evaluación casera no está alejada de la realidad: ciertamente, uno de los síntomas de la gastritis puede ser, justamente, lo que se conoce como dispepsia (malestar estomacal que se traduce en acidez, gases, náuseas, pesadez o sensación de llenura). Sin embargo, hay que aclarar que quien tenga dispepsia no necesariamente tiene gastritis. El doctor Paúl García, gastroenterólogo del Centro Clínico Profesional Caracas, lo explica mejor. “La gastritis es una inflamación del epitelio, que es la capa más interna del estómago, su mucosa, la parte que está en contacto directo con los alimentos cuando estos llegan del esófago. Su principal, pero no única, función es producir el ácido que permite la digestión. Las glándulas del epitelio de cobertura gástrica protegen al estómago del acceso de bacterias o infecciones y del propio ácido que produce este órgano”. Agrega el especialista que esta enfermedad es de diagnóstico endoscópico e histológico, lo cual quiere decir que su presencia se confirma por la evidencia microscópica (previa práctica de una endoscopia y, en caso de ser necesario, una biopsia). “Cuando el médico hace la endoscopia lo primero que observa es si el epitelio —cuyo color normal es rosado claro— tiene alteraciones, como, por ejemplo, zonas rojas o con erosiones (pequeñas raspaduras en la superficie). Son estas características las que ameritan la biopsia (se toma una muestra del órgano con una pinza especial a través del endoscopio) para confirmar si, en efecto, hay una gastritis”.

Los principales síntomas de esta enfermedad son del tipo llamado dispepsia: dolor en el área epigástrica (popularmente conocida como “la boca del estómago”), sensación de llenura del estómago, acidez, posibles náuseas, vómitos y eructos. García hace la salvedad de que estos síntomas pueden ser debidos a otras causas aparte de la gastritis. 

De diversos tipos

La gastritis ocurre, en principio, por cualquier evento que cause una agresión al estómago. Esta agresión puede consistir en la acción de factores internos o externos al organismo, que son los que determinan la clasificación de la enfermedad. Entre los tipos más frecuentes se encuentran:

Gastritis de aspecto nodular

Es causada, principalmente, por la bacteria Helycobacter pylori, que se adquiere por vía oral (a través de los alimentos o el agua). En la endoscopia se observan pequeños nódulos de aspecto “empedrado”. “La bacteria tiene afinidad con los medios ácidos, por lo cual el estómago es un organismo en el que suele alojarse”. García explica que la severidad de este tipo de afección varía según el organismo de la persona. “Algunos individuos pueden portar la Helicobacter sin sentir nada, otros sólo presentan síntomas muy leves. No obstante, hay pacientes en los que puede producir, incluso, una úlcera”. En www.medlineplus.com se especifica que la mitad de la población mundial está infectada con la H. pylori y que la misma está presente, mayormente, en los países en desarrollo o en condiciones de hacinamiento o insalubridad. Del mismo modo, se reitera que hay quien puede tener la bacteria en su tracto gastrointestinal sin desarrollar gastritis ni úlceras.

Hemorrágicas o erosivas

Son las que en la endoscopia muestran la presencia de sangre fresca en alguna parte del estómago. También puede observarse una suerte de “arañazos” o raspaduras del epitelio. Este tipo de gastritis, por lo general, es producida por el consumo de medicamentos antiinflamatorios no esteroideos, que son los empleados para dolores o inflamaciones de huesos o músculos. Los mismos disminuyen la capacidad de defensa del estómago y hacen que sea más sensible al ácido. Otro causante es el estrés, pero no se trata, en este caso, de la connotación cotidiana del término sino de la médica. Es el estrés generado como consecuencia de estados de salud graves (terapia intensiva, quemaduras del cuerpo o infecciones severas), el cual produce una disminución del flujo sanguíneo y de la oxigenación del epitelio. Una tercera causa tiene que ver con la ingestión excesiva de alcohol. “No estamos hablando del clásico ‘tomador social’ sino de un individuo que, en determinado momento, ingirió una gran cantidad de licor”, aclara García. Sólo en algunos casos, la bacteria Helicobacter pylori también puede producir este tipo de gastritis.

Por reflujo biliar

Como su nombre lo indica tiene que ver con el recorrido de la bilis dentro del aparato digestivo. La bilis es un líquido digestivo, espeso, producido por el hígado, que contiene, principalmente, colesterol, ácidos biliares (también llamados sales biliares) y bilirrubina (un producto de la descomposición de la hemoglobina). Su función es la de facilitar la digestión, descomponiendo las grasas en ácidos grasos para que puedan ser absorbidos por el tracto digestivo. El sistema biliar lo conforman los órganos y conductos que producen, transportan, almacenan y liberan la bilis en el duodeno (la primera parte del intestino delgado). “Una vez que la bilis llega al intestino, por lo general se devuelve muy poca cantidad al estómago. Cuando sucede lo contrario, lo cual es frecuente en pacientes con alteraciones en el píloro (una pequeña parte del estómago que sirve como “puerta de entrada” al intestino delgado), es cuando se genera lo que denominamos reflujo biliar, el cual genera, a su vez, la gastritis”, aclara García. Endoscópicamente puede tener apariencia erosiva.

Inhibiendo el malestar


Los medicamentos más efectivos y ampliamente utilizados en el tratamiento de los pacientes con gastritis se conocen como inhibidores de la bomba de protones. “A través de la bomba de protones las células del estómago liberan el ácido, por lo cual los inhibidores son el remedio de primera línea para atacar y curar la gastritis, independientemente de su causa. En el caso específico de la causada por la Helicobacter pylori, se recetan, por lo general, antibióticos combinados con los inhibidores de la bomba de protones, lo cual erradica la gastritis y, al mismo tiempo, la bacteria”. Otro tratamiento mencionado por el especialista es el que contempla el consumo de
bloqueadores de receptores H2, los cuales, en menor medida
que los antes mencionados, disminuyen la producción de ácido estomacal.
“Anteriormente se recurría exclusivamente a los antiácidos que actuaban neutralizando el ácido sin atacar
la causa de la gastritis, por lo cual, no la curaban”.

Atención con la dieta 

García aclara que no hay alimento que cause gastritis. “En todo caso pueden mejorar o empeorar la dispepsia. La leche, por ejemplo, es alcalina, lo cual quiere decir, por un principio químico, que puede aliviar la acidez en determinados organismos, al igual que el bicarbonato de sodio.
El café y el picante, en exceso,  pueden producir acidez, y, como consecuencia, dispepsia, pero no gastritis. Y el cigarrillo, entre los múltiples daños que ocasiona, puede generar, a largo plazo, la predisposición orgánica para padecer de gastritis al alterar los mecanismos de defensa del epitelio gástrico. Tal y como lo mencioné anteriormente, lo único que causa directamente la afección, en su tipología hemorrágica o erosiva, es la cuantiosa ingestión de licor”. A lo explicado, el gastroenterólogo añade que, una vez que a una persona se le diagnostica gastritis, la dieta recomendada es para mejorar los síntomas pero no para curar la enfermedad (para esto último se requiere de tratamiento farmacológico). “Se le indica al paciente no comer a deshoras y mucho menos dejar de comer; el estómago produce una mayor cantidad de ácidos a las horas en las que, usualmente, se desayuna, almuerza o cena. Igualmente se le recomienda no consumir embutidos, refrescos o chucherías o platos con excesivo contenido graso o de picante. También se deben evitar las ‘cenas pesadas’, y menos aún irse a dormir inmediatamente después de comer, ya que en la noche la digestión es más lenta”. Otra indicación importante: no abusar de los cítricos. “Se sobrentiende que son sustancias ácidas que, por lo tanto, generarán una mayor acidez estomacal incrementando el malestar”. Se sugiere, asimismo, comer lento y masticar bien los alimentos para una óptima digestión. l

Fuentes consultadas:

Doctor Paúl García, gastroenterólogo
del Centro Clínico Profesional Caracas.
Telf.: 575.2139.
www.medlineplus.com



 
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