“Uno de los pocos hombres que han caminado por la luna cuenta como tuvo que reprimir su sensibilidad y sentimientos cuando llegó al satélite.
Recuerda que cuando se hallaba mirando embelesado a la Tierra, estaba como paralizado por el asombro y la sorpresa, entonces se dijo a sí mismo: ¡Dios mío, qué preciosidad, qué belleza!
Pero, unos minutos después, volviendo en sí, se dijo: Deja de perder el tiempo, y dedícate a recoger las muestras que viniste a buscar”.
En los próximos días podremos observar al planeta Marte en su punto más cercano a nuestro planeta. Lo extraordinario es que este evento volverá a repetirse en cientos de años. Esta novedad me hizo sentir emocionada, en el medio de tantas noticias negativas, una información que me conectó de nuevo con lo mejor de mi infancia, etapa en la que disfrutábamos alegremente de jugar al aire libre, en contacto con la naturaleza y con los buenos amigos, con los que compartimos momentos acostados en la grama del jardín, viendo hacia el firmamento, imaginando mundos y fantasías, conectados sin miedo con uno de los maravillosos fenómenos de la naturaleza, el cielo nocturno y estrellado.
Vinieron a mí las imágenes de todos jugando al escondite, al stop, corriendo y riendo. ¿Habremos perdido la capacidad de sentirnos de esa manera? Ese niño interior, sano, libre y espontáneo, que le dio a nuestros días alegría, sorpresas y aventuras, se encuentra escondido y olvidado en alguna parte del depósito de nuestras vivencias y recuerdos. ¡Es tiempo de rescatarlo! Ser adultos no es sinónimo de ser aburridos ni de estar limitados o imposibilitados para divertirnos. Por el contrario, la madurez le da a nuestra libertad la responsabilidad que nos permite ejercerla sin riesgos y sin miedo.
¿Hace cuánto tiempo que no haces algo divertido y diferente? Estoy segura de que se te ha ocurrido muchas veces, pero al pensar un poco más en tu idea terminas encontrando no una, sino muchas razones del porqué no vale la pena hacerlo, el ridículo que puedes hacer, lo tonto que puedes parecer, que los demás estén muy ocupados para compartirlo contigo… y lo que pudo haber sido una idea genial muere antes de haber nacido.
Tal vez nos hace falta un poco de inspiración, de motivación, de ilusión, de permiso para vivir con pasión y aventura algunos momentos de nuestra vida. No dejemos que los prejuicios, los temores, la imagen que debemos mantener hacia los otros, la rutina o el exceso de responsabilidad y deberes, nos impidan, de vez en cuando, acostarnos en el jardín, como cuando fuimos pequeños, para compartir un cielo estrellado con nuestra pareja o con nuestros hijos.
Vale la pena recuperar la espontaneidad y la capacidad de asombro, pues nos hacen vivir cada momento como si fuese único y superespecial.
Tal vez para cuando este artículo salga publicado, el planeta Marte se habrá alejado de nuevo de la orbita de nuestra Tierra… Ojalá tú hayas estado sentado en primera fila, para disfrutar y ser testigo de unos de los eventos naturales más especiales de esta época, para renovar tus ganas de vivir y contarlo a tus nietos. ¡Recuerda cómo eras y atrévete a seguir siendo el mismo niño, libre, espontáneo y feliz, que solías ser!
1•- Rescata las vivencias divertidas . Tómate el tiempo para revivir momentos especiales. Conéctate a los sentimientos y las sensaciones que tuviste en ese tiempo, y llénate de ellas. Comparte alguno de esos recuerdos con tus hijos o con tus amigos.
2•- Revisa la cartelera de eventos. Elige un par de ellos y anímate a compartirlos con tus seres queridos. Encuentra el tiempo para hacer aquellas cosas que siempre quisiste, pero que dejaste olvidadas, porque no eran parte importante de tu lista de pendientes y responsabilidades.
3•- Disfruta del tiempo libre.Tómate unas horas para hacer alguna actividad que no tengas que planificar, déjate llevar por la invitación o la idea de alguno de tus hijos o amigos. Evita ser tú el que ponga los “peros”, o le señales a los otros las razones del porqué no vale la pena hacerlo.
4•- No te preocupes por el qué dirán. Lamentablemente, ésta es una de las razones que más peso nos hacen al momento de dejar salir nuestro niño interior. El temor a lo que pensarán los demás de nosotros si nos soltamos un poco y disfrutamos del momento o de la experiencia nos impide disfrutar más de la vida.
¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa y todo va a estar bien!
HOLA, MAYTTE, a pesar de que considero que tengo todo lo que necesito y que no existe ningún problema grave en mi vida, me siento aburrida con todo, con el trabajo, que se convirtió en una rutina, con mi pareja, que ya no tiene detalles y siempre es lo mismo, todo se ha vuelto predecible… ¿Qué me pasa? FH.
La apatía o aburrimiento es un estado emocional de insatisfacción que podemos experimentar algunas veces en la vida. Debes encontrar el motivo de tu malestar para corregirlo. Evita caer en la depresión. ¡Vamos, anímate! Coloca tu atención en todos los elementos positivos que también forman parte de tu vida y que están ahí. Adopta una actitud positiva y entusiasta, sonríe. En el trabajo busca recuperar la motivación, rompe la rutina, cambia la forma en la que realizas tus tareas diarias. Inscríbete en algún curso para renovar o actualizar tus conocimientos. Puedes vivir cada día de manera diferente, depende de ti y no de los demás. Si tomas la decisión de limpiar el cristal a través del cual observas e interpretas tu vida, es posible que transformes tu actitud y esto te permita ver las mismas situaciones de una manera diferente. Con tu pareja, recuerda qué hacían cuando se enamoraron, que les gustaba hacer a los dos y toma la iniciativa de organizar alguna actividad en la que puedan divertirse juntos. Tal vez les haga falta un poco de creatividad, tiempo libre compartido y actividades que los hagan conectarse al amor que existe entre los dos. Estoy segura de que la ilusión reaparecerá tan pronto rompan con la pasividad y la rutina. Amplía tu círculo de amistades, relaciónate con personas alegres y entusiastas.

SOY UNA MUJER de edad mediana, tengo una vida agitada, pues trabajo mucho y tengo una familia grande. He notado que mi carácter ha cambiado, estoy nerviosa y me altero por cualquier cosa. ¿Será esto debido al estrés y cómo puedo manejarlo? AM.
No es necesario que surjan grandes problemas para sentirnos alterados o nerviosos, son las ocupaciones del día a día las que debilitan nuestra estabilidad emocional. Yo te recomiendo que te olvides del reloj y aceptes que no puedes hacer todo tú sola, aprende a delegar y a separar lo urgente de lo importante. Concéntrate en el presente, suelta las preocupaciones, baja el ritmo acelerado de tu vida. El correcorre diario, impide que puedas dedicarte a lo que realmente tiene valor. Aprende a disfrutar, recupera los aspectos de la vida verdaderamente importantes que te permiten disfrutar realmente de quien eres y de lo que tienes. Practica algún tipo de ejercicio, porque es la mejor manera de disolver el estrés y las tensiones, come con tranquilidad y variedad, para que puedas recuperar las energías perdidas y tengas más vitalidad. Siempre podemos cambiar el curso del resto de nuestros días para experimentar una vida más tranquila y placentera.

SEÑORA MAYTEE, he seguido sus escritos y programas de radio y TV por muchos años, pero creo que no entiendo bien su concepto de espiritualidad, pues todos dicen que debe ser recogimiento y santidad. Puede explicarme en pocas palabras ¿qué es lo que usted entiende por un ser espiritual? TP.
Para mí ser espiritual significa ser coherente, entre lo que creemos y seguimos como verdad y lo que reflejamos a través de nuestro comportamiento cotidiano. Vivir espiritualmente implica dar lo mejor de nosotros sin esperar recibir nada a cambio, actuar motivados por el amor incondicional, que nos lleva en todo momento a tolerar, perdonar, comprender, a buscar el acuerdo, el entendimiento y la solución. “Para alcanzar el éxito en la aventura llamada espiritualidad hay que estar resuelto a sacarle todo el jugo a la vida. La mayoría de la gente se contenta con bagatelas como son la riqueza, la fama, el placer y demás pequeñeces en la vida”, dice Anthony de Mello. Vivir la espiritualidad equivale a vivir intensamente cada día, como si fuese el único, el último y el más importante de todos, a sentirnos motivados a trabajar por el placer de dar, a disfrutar de lo verdaderamente importante, que usualmente son las cosas pequeñas y sencillas de la vida. A estar dispuestos a compartir y no a competir. A tener sueños y a buscar la forma de convertirlos en realidad, a conectarnos con nuestra verdadera esencia, para aceptarnos, querernos y disponernos a buscar nuestra realización personal, a sabiendas de que somos un instrumento al servicio de la Divinidad y el amor. Cuando seguimos un estilo de vida espiritual, lo hacemos seguros de la presencia de la Divinidad en nuestro interior y tratamos en todo momento de vivir con conciencia de ello. Cuando reconocemos el significado de estar vivos, nos sentimos agradecidos por la posibilidad de disfrutar de este regalo, y reconocemos todas las pequeñas bendiciones que recibimos cada día. .•
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