Llegó el momento del almuerzo. La expectativa inunda el comedor. ¿Qué habrá traído Mishiko hoy? ¿Por qué ella come con palitos mientras el resto no? ¿Y qué le habrán mandado esta vez a Austin? ¡Pobre de él que se conforma con un sándwich al mediodía! Sí, ya se sabe: en su casa, como en su país, cuando se come completo
es en la cena. El estómago de Romina no aguantaría tan poco, acostumbrada a las bacanales que le manda la nonna en la lonchera. ¿Y a quién no le va a provocar la arepa que le mandaron a Francisco? Quizás no a todos y, en eso está, precisamente, parte del encanto de estudiar en un colegio donde la diversidad cultural es la pauta: todos aprenden de los otros y al mismo tiempo se respetan.
Venezuela no ha quedado atrás en el mundo de la educación multicultural. De hecho, la mayoría de las instituciones de este corte que existen actualmente en el país (buena parte de ellas arraigadas en Caracas) se caracterizan por su larga trayectoria. Las hay con hasta más de cien años funcionando, razón por la cual no son pocas las historias que reposan en sus instalaciones que cada nuevo período escolar se llenan de niños
y jóvenes con nacionalidades y proyectos de vida distintos.
¿Pero qué hace que unos padres decidan que sus hijos estudien en uno de estos centros y no en otros? Las razones varían. En el caso de algunos extranjeros, suele tener que ver con la característica “nómada” que toman sus vidas cuando alguno de los padres es transferido a otro país por motivos profesionales o diplomáticos. Para ellos, acostumbrados a cambiar de ciudad cada tres años, o quizás menos, la solución de una institución con un programa internacional resulta la más acertada, en virtud de las facilidades de transferencia que se dan hacia otros institutos educativos en otros países donde también funcionan.
Igualmente está el segmento de venezolanos nacidos y criados aquí que quieren para sus hijos una educación especial, no sólo por facilitar la enseñanza de más de un idioma, sino por las posibilidades de proyección que este tipo de instituciones ofrece a la hora de querer estudiar determinada carrera universitaria en otros confines del planeta una vez que estén graduados de bachillerato.
Y asimismo se incluyen aquellos padres venezolanos descendientes de inmigrantes, así como los radicados en el país desde hace mucho tiempo, que tienen un objetivo muy claro: no perder (y más bien reforzar) los lazos que desde siempre les han unido con la otra patria. Para ellos, la opción de este tipo de colegios encaja perfectamente. No en balde, institutos como el Colegio Humboldt, el Colegio Francia, el Colegio Internacional de Caracas y The British School (aunque no son los únicos), están en buena parte integrados por los hijos de estas familias que se despiden en la mañana con un idioma y saludan a sus amiguitos con otro.
Bienvenidos Welcome
Lo que comenzó en 1950 como una pequeña escuela con 37 alumnos y cuatro maestros, utilizando como instalaciones una vieja hacienda en la urbanización Las Mercedes, hoy es una institución de larga trayectoria erigida a los pies del majestuoso Avila. Los responsables de The British School, entre muchas cosas, destacan que por sus aulas han transitado —y aprendido lo mejor de dos mundos— miles de venezolanos y extranjeros afortunados. ¿Pues para qué negarlo? El costo de la matrícula de este colegio, así como el de la mayoría de los centros educativos multiculturales, ciertamente no está al alcance del grueso de la población.
Sin embargo, quienes logran ocupar sus aulas desde preescolar hasta la culminación de la primaria (The British School no cuenta con bachillerato) saben aprovechar muy bien las bondades de sus instalaciones y el sistema educativo basado ciento por ciento en el programa de enseñanza británico. Tanto así, que todos sus textos y útiles escolares llegan en barco a Venezuela provenientes de Inglaterra, según explica Carolina Taboada, encargada de la Oficina de Desarrollo de la institución, aunque igual advierte que el currículum escolar está adaptado para poder cumplir con la enseñanza de materias relacionadas con la historia y cultura de Venezuela, así como el español como segundo idioma, considerando que las materias son impartidas en estricto inglés. Según ella, no hay desperdicio en este esquema educativo. “Nuestro fuerte es el sistema de valores que se inculca aquí, además de que enseñamos a los niños a pensar, a preguntar, a intervenir; es decir, al conocimiento no se llega a través de una clase magistral impartida sino con la participación. Esa es una de nuestras fortalezas”.
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Buenos días Bonjour
Nada más oportuno que la anécdota aportada por Mikel Orue, administrador general del Colegio Francia de Caracas, para graficar la relatividad de las cosas en una institución marcada por la educación bicultural: “Mientras un muchacho de nuestra sección francesa no entiende por qué la camisa del uniforme tiene que estar dentro del pantalón, porque para él eso no agrega ni quita nada, en el caso del venezolano es distinto porque este tipo de normas las tiene más internalizadas”. No obstante, la premisa del Colegio Francia es, precisamente, lograr que converjan y convivan similitudes y diferencias en un mismo espacio. Si bien es un hecho que son dos instituciones que trabajan de manera autónoma (la primera llamada Lycée Francais, donde se imparte el programa oficial galo, y la segunda, denominada Unidad Educativa, regida por el programa del Ministerio de Educación venezolano, aunque con el idioma francés como materia), hay una convergencia en objetivos: hacer del muchacho una persona integral, que comparte y aprende de la otra cultura (los franceses y demás extranjeros de la sección francesa incluso llegan a desarrollar proyectos comunes con los de la sección venezolana), amén de coincidir todos los días en el mismo patio del recreo, así como en las actividades extracurriculares.
El profesor Orue, franco-venezolano y además ex
alumno del colegio, contabiliza 29 nacionalidades que actualmente se ven y comparten en sus pasillos,
una cifra muy alejada de los tiempos en que fue
fundada la institución, en 1952, denominándose entonces Liceo Pascal, donde, por cierto, estuvo
como director administrativo el reconocido arquitecto venezolano Carlos Raúl Villanueva. Como ex alumnos que recuerda Orue se incluyen el artista Pancho Quillici, y el actual primer ministro francés, Dominique de Villepin, quien estudió durante sus años mozos, cuando su padre trabajaba para una transnacional en Venezuela.
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Chaíto Bye bye
Puede decirse que el Colegio Internacional de Caracas es uno de los más antiguos de todos los institutos educativos con formato multicultural que funcionan en Venezuela, si se toma en cuenta que en sus inicios fue parte del Colegio Americano, fundado en 1896 sobre unos terrenos del sureste caraqueño. No obstante, su historia bajo la denominación de CIC data de 1971, cuando se unió a la Academia La Castellana, enfilándose entonces como una institución donde la educación se rige por dos esquemas foráneos (el International Baccalaureate Diploma y el Middle Years Program), a través de los cuales sus estudiantes son preparados para poder asumir los retos de lo que se ha llegado a denominar “un ciudadano global”, esto es: un joven que cuente con todas las herramientas necesarias para defenderse en esta era, cuestión que trae como añadido el hecho de que tal capacitación les facilita el ingreso a universidades de todo el mundo. Según los cálculos de Vladimir Kavan, director administrativo del CIC, en sus instalaciones coinciden cada día niños y jóvenes de más de 40 países (entre ellos Japón, Corea, Francia, Inglaterra, Sudáfrica, Estados Unidos, México y Brasil), en su mayoría hijos de ejecutivos de empresas transnacionales y diplomáticos; aunque no olvida mencionar la cuota de venezolanos que también ocupan sus salones. Todos, absolutamente todos, incluyendo obviamente los profesores, deben hablar todo el tiempo en inglés, razón por la cual este idioma funge como el gran conector de tantas y disímiles culturas. Así será que, tal como lo aseguran las maestras, se llegan a vivir escenas que en otros ámbitos resultan imposibles, por no decir envidiables: un niño estadounidense es, de hecho, gran amigo de un pequeño iraquí. Pero el milagro no es gratuito.
En el Colegio Internacional de Caracas, como en el resto de sus equivalentes del mundo, se le da gran importancia a experiencias como el Programa Modelo de las Naciones Unidas, en el cual han participado tanto en su versión mundial como suramericana. Asimismo realizan trabajo social en los alrededores de la institución donde está enclavada una de las más populosas comunidades de Caracas, Las Minas de Baruta.
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Hasta luego Auf wiudersehen
Cuando en 1994 el Colegio Humboldt de Caracas celebraba sus primeros 100 años de funcionamiento decían tener muy claro uno de sus siguientes objetivos: convertirse en un “colegio bicultural de encuentro”. Esto, según explica su actual director general, Winfried Wagner, se ha logrado alcanzar con creces, entre otras cosas porque en sus salones y canchas, piscina y demás instalaciones, la confluencia de alemanes con venezolanos no es cosa de papel, sumándosele a ellos hijos de extranjeros o descendientes de otros países que también se cruzan y comparten toda una filosofía educativa “importada”, aunque igualmente adaptada al Ministerio de Educación venezolano. Así las cosas, no habrá por qué extrañarse si en el patio del Deutsche Schule zu Caracas llegan a verse niños de distintas nacionalidades cumpliendo con lo exigido por la materia de Instrucción Premilitar; aunque no es sólo eso: igual se enorgullecen —como en la mayoría de los colegios multiculturales— de impartir una educación “verdaderamente integral”.
En el caso específico del Colegio Humboldt esto significa estudiar, además de Matemáticas, Ciencias Sociales, Biología, Química y un sinfín más de asignaturas formales (incluyendo cuatro idiomas: alemán, castellano, inglés y francés), otras muchas actividades extracurriculares, comenzando por los deportes (el otro gran lenguaje universal), además de teatro y música, entre otros. De todo esto se benefician en igualdad de condiciones tanto los niños de la sección alemana (donde las clases se imparten todo el tiempo en ese idioma) como de la venezolana (donde el alemán se maneja como una materia más, aunque igualmente fundamental). Entre estos dos grupos, sin embargo, se encuentra una tercera sección integrada por aquellos niños que, si bien su lengua materna es el español, han demostrado aptitudes especiales para el alemán y por tanto reciben algunas clases en ese idioma. El fin último, en todo caso, es que los alumnos de todas las secciones logren formarse con miras a ser aceptados en las mejores universidades de Alemania luego de cumplir con los requerimientos de ese gobierno, incluido, en el caso de los nativos venezolanos, un año de preparación para presentar un riguroso examen de admisión.
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www.colegio-humboldt-ccs.com