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Para que el salto no duela tanto

Difícil tarea la que se le plantea a quien por primera vez ingresa a un preescolar. Pero no menos complicado es lo que le toca vivir a quien ingresa a las filas de primaria o a quien, en el reto de graduarse de bachiller, le corresponde el “choque” de enfrentarse con un profesor por materia. ¡Vaya susto! Aunque para todo hay recomendaciones que hacen más confortable el camino. Léalas aquí.
María Elisa Espinosa

¿Qué tienen en común Adolfo, con sus apenas 16 meses de edad; Alejandra con sus casi 7 años; y Valeria pisando ya los 13? Pues muy sencillo, o muy complicado, dependiendo de la manera como se suelan asumir las cosas: a los tres les vendrán cambios importantes en sus vidas, cuando en contadas semanas deban enfrentarse, respectivamente, al primer día de maternal, al primer grado de escolaridad como tal y al séptimo nivel de básica (o lo que es lo mismo: al “terrorífico” bachillerato).

Cada uno de ellos, en su escala, convivirá irremediablemente con estas nuevas etapas. La buena noticia es que no estarán solos en el proceso; los acompañarán sus padres, maestros y profesores, y, a todos ellos juntos, también las voces expertas que siempre están dispuestas a colocar el grano de azúcar para que el tránsito por esta experiencia pueda ser más amable y, sobre todo, feliz.


Foto: www.ideastock.com/Corbis/Najlah Feanny

Coinciden en ello Dilcy Santander, psicopedagoga; orientadora de padres y especialista en deficiencias de aprendizaje, y Elinor Garrido, licenciada en Educación Preescolar y directora del Jardín de Infancia Don Simón en Caracas, asegurando ambas que la principal clave para hacer más fácil este camino está en  la confianza que se genere entre todos los actores involucrados en el proceso.

Tampoco se olvidan de advertir que, antes que nada, hay que bajar los niveles de angustia de parte y parte: “Es necesario manejar bien el grado de expectativa que se presenta por todos estos cambios, trabajar el desapego en el caso del niño, pero también de la familia, pues a veces el hijo está muy motivado y quien lo retiene en la reja del colegio es la mamá o el papá”, adelanta Santander.

Garrido ve las cosas muy parecidas, al considerar que la dificultad para adaptarse “muchas veces no está tanto en el niño, sino en una relación de sobreprotección que tienen algunos padres hacia ellos”. ¿Qué hacer al respecto, entonces? La respuesta luce básica: “Los papás tienen que sentir confianza en el proceso, tener una comunicación abierta con quienes manejan el colegio y siempre, siempre, hablarle claro a los niños, anticiparles lo que van a experimentar a partir de ahora, asegurarles que ellos van a estar acompañándolos en todo lo que necesiten, que los van a buscar a tiempo, etcétera”.

Aunque el ingreso a cualquiera de estas etapas implica recomendaciones particulares, hay cosas que la misma lógica sugiere se pueden hacer, independientemente del estadio del que se trate: “Es fundamental que los padres acompañen al niño en ese nuevo ambiente, cuestión que incluye apoyar, y bajo ningún aspecto, mostrarse como ‘invasores’ o ‘salvadores’ del proceso”.

Asimismo, es importante que se conozca muy bien la filosofía de la institución en la que estudiará (o ya estudia) el muchacho, lo que está normado por sus responsables, sus bases legales y demás detalles de interés. “Lo más conveniente en este caso es manejar toda la información posible y, al mismo tiempo, actuar como aliados del colegio, ya que la idea no es competir con nadie, la idea es complementar”,
resalta la psicopedagoga.

Del dicho al hecho

Partiendo de esa convicción, tanto Santander como Garrido son generosas facilitando una serie de sugerencias que, a cada una en su campo, le han resultado exitosas en el objetivo de lograr que la experiencia de los primeros días de un nuevo año de clases (sea para entrar a un preescolar, pasar a primaria o incursionar en bachillerato) no resulte un drama para los niños, padres y docentes:

l En el caso de los más pequeños, es decir, aquellos que por primera vez pisan una guardería, maternal o cualquiera de los niveles de educación inicial, lo mejor es hacer en casa un trabajo previo de socialización, donde se le vaya introduciendo la idea de lo que el niño se va a encontrar entonces: rutina de actividades, con horario establecido (más allá de que pueda ser más flexible que en las siguientes instancias educativas), con normas a cumplir (aunque generalmente son pocas y adaptadas a su capacidad de asimilación y respuesta), donde sin embargo no faltarán momentos para divertirse (¡de hecho abundarán!). En dos platos: darle la importancia que tiene esta etapa de sus vidas, respetando cada una de sus rutinas, pues no son fortuitas.

lDe parte de las autoridades de la institución, a decir de la directora del Jardín de Infancia Don Simón, es recomendable proveer a los pequeños de herramientas que les faciliten la llegada a su nueva realidad, siendo inclusive flexibles con el tema de dejarlos llevar durante los primeros días aquellos objetos a los cuales los niños puedan estar sentimentalmente unidos. “Como por ejemplo, el tetero, el chupón, el pañito, el conejito… Es decir, todo lo que usan en casa. La idea es no cortar tantas cosas a la vez, porque ya el hecho de salir del hogar genera un cambio y mucha ansiedad en los niñitos”.  

lIgualmente resulta conveniente establecer un período de adaptación durante el cual las rutinas del preescolar no sean tan estrictas. “Nuestra experiencia nos habla de dos semanas, sin embargo hay niños a los que les cuesta más. En ese tiempo se puede dar más libertad en el colegio en cuanto a la permanencia de los padres o de cualquier persona ligada al niño para que compartan un rato desayunando, o en el aula, o en el jardín; claro que siempre tratando de tener ciertas normas, pues también extender esos procesos lo pueden convertir en algo más largo y no necesariamente exitoso. Lo cierto es que todo va a depender de cada caso”, argumenta Garrido.

lNunca está de más —y, por el contrario, puede resultar sumamente positivo— llevar al pequeño a las instalaciones del preescolar o maternal antes del inicio de clases; incluso probar incorporándolo al plan vacacional de la institución, en el caso de que lo ofrezca. La idea es que se vayan familiarizando con la institución y su gente.

Graduaditos con honores

En el caso del tránsito del preescolar al primer grado de Educación Básica, las recomendaciones pueden variar un poco. En el Jardín de Infancia Don Simón han tenido un gran éxito preparando a los pequeños graduandos para la hora de realizar la prueba de admisión que suelen hacer los “colegios grandes”. “Lo hacemos con una especie de simulacros aplicados por personal distinto al que trabaja a diario con el niño; es decir, pueden ser otras maestras o colaboradoras de la institución y la idea es que los niñitos se vayan familiarizando con lo que se van a encontrar, que le pierdan el miedo al proceso”, precisa la directora.

lCorrespondiéndose con todo esto, está la convicción de Garrido de que todo niño que acceda a, por lo menos, uno o dos niveles de educación inicial antes de llegar a Básica, será un niño mucho más autónomo, independiente, seguro de sí mismo y con una alta autoestima, “lo cual redundará en poder enfrentarse a todos estos cambios con seguridad, naturalidad y una mejor actitud”.

lSantander agrega un punto imposible de obviar: “En el paso a la primaria indiscutiblemente ahonda más la parte académica; es decir, la adaptación de cierta manera ya está hecha, pero ahora llegan otros procesos de aprendizaje como la lectoescritura. Esto implicará necesariamente mayores exigencias: el niño debe mostrar una serie de competencias que debió haber aprendido, por eso hay también mayor expectativa de parte de la familia y la idea, entonces, es apoyarlo muchísimo: no hacer de la ruptura un drama, verlo como una continuidad”.

l Esto, a su manera de ver, se logra poniendo al niño en cuenta de las normas del colegio, del nuevo método de enseñanza con el cual se va a encontrar, “estimularlo muchísimo al logro”.

lEn esta etapa, sobre todas las demás, es una buena sugerencia involucrar al muchacho en el proceso de compra de útiles y uniforme: “Si se le coloca una gama dentro de nuestras posibilidades económicas, que él elija entre ella lo que más le guste, cuestión que le resulte placentero interactuar con lo que va a ser su material en esta nueva etapa. Si bien la franela del uniforme va a ser la misma para todos los alumnos, en el fondo no lo es porque él escogió la suya”, asegura Santander.

lOtro tip se refiere a prepararse (cognitiva y emocionalmente) durante las vacaciones: “No es lo mismo empezar apresurado (cogiendo el ruedo del pantalón la noche anterior), que tomar las previsiones y hacer de ese día algo fluido, sin apuros”, termina graficando la experta.

De la maestra a los profesores

Otra historia es la que vivirán los flamantes graduados de primaria una vez que ingresan al territorio nunca bien ponderado del bachillerato. Los mitos que han escuchado en boca de sus hermanos y amigos mayores podrán ser desmontados, o no, una vez que efectivamente se sienten en el pupitre. ¡Nunca más una maestra y, en compensación, muchos, pero muchos, profesores!

Para lograr que este proceso resulte lo más fluido posible, Santander recomienda un “entrenamiento previo”: “Tomando en cuenta que generalmente se van a un colegio más grande y tienen más de siete profesores, con horario establecido entre una clase y otra, lo que recomiendo en este caso es que, durante las vacaciones, el muchacho vaya involucrándose en el proceso; no es que se ponga a trabajar con las materias, sino que comparta lapsos de no hacer nada con otros en lo que sí, de manera de comenzar a estructurar un ritmo de trabajo parecido al que va a tener en el colegio”.

La especialista da un ejemplo: “Que se empiece a bañar a una hora determinada, a repasar la materia del año anterior dentro del horario de la tarde (que en la práctica será el mismo en el que deba estudiar y preparar tareas cuando comience de verdad su rutina colegial); luego de eso puede tener un reposo de 15 minutos y leer un poco (actividad que se va a transpolar  después a lo que sería el repaso de las clases que tuvo en la mañana); y luego un descanso también de 15 minutos con posterior lectura recreativa o juego de mesa (lo que para los efectos equivaldría a una eventual actividad de investigación de la jornada siguiente)... Así se garantiza que el niño
tenga fases de trabajo activo, de repaso e investigación, organizándole un sistema para enfrentar el año escolar y evitando que llegue de un proceso bajo de las vacaciones”.

Igualmente es recomendable fijarse las mejores expectativas para el nuevo curso: “Quitarse el mito de que te va a tocar el peor profesor; el éxito del muchacho va a depender de su trabajo como protagonista de su propio proceso”, concluye la psicopedagoga. l

mespinosa@eluniversal.com

Cuándo preocuparse


Hay señales de alarma que dan cuenta de cuando las cosas no están bien en el proceso de adaptación de un estudiante, independientemente de que se trate de Adolfo, Alejandra o Valeria: “Cuando el niño ya no se levanta, se muestra renuente
a ir a clases, comienzan los dolores sintomáticos sin ninguna explicación, cuando
ya lo dice o empieza a poner peros sobre la maestra, cuando sin ton ni son deja de hacer la tarea... Entonces es hora de evaluar qué está pasando”, advierte Dilcy Santander.

En estos casos es cuando mayor debe ser la reacción de los padres, representantes
y docentes: “A veces pensamos que lo que el niño dice es mentira o se lo achacamos a ‘la adolescencia’. Pero no necesariamente es así, hay que atender todos los signos que se presenten y, después de evaluar la situación, se podrá determinar si se trata de flojera, si es que el niño está siendo objeto de algún tipo de burla entre sus compañeros, o si el nivel académico es demasiado elevado para su previa
formación, etcétera”.

Es por ello que la comunicación y la observación son fundamentales para determinar lo que realmente sucede, concreta la experta: “Si tú ves que el niño va muy bien en sus actividades extracurriculares, y el malestar lo demuestra hacia las actividades escolares, hay que ver qué está pasando... Si eso sucede en las primeras semanas o a mediados del período escolar habrá que preocuparse más; si fuera al final del año habría razones para pensar que se trata del típico cansancio, pero si es antes, es necesario revisar con detenimiento y actuar”.




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