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Montero Challenge
A la conquista de la SABANA
Mitsubishi Motors invitó a Estampas a descubrir algunos de los lugares más hermosos y recónditos del Parque Nacional Canaima... donde no todos llegan, sólo los 4x4
Texto y fotos: Johan Ramírez
Regresar a La Gran Sabana siempre es emocionante. La expectativa de encontrarse con aquella inmensidad de insólita belleza hace que los cientos de kilómetros que nos separan se vuelvan nada, sólo por el deseo de contemplar, nuevamente, la majestuosidad de este lugar.
Esta vez, por si fuera poco, la emoción era doble. Primero, por lo ya dicho. Segundo, porque formábamos parte de una enorme caravana de rústicos, 34 en total, todos siguiendo una misma ruta a través del país, y atravesando la carretera que cruza el Parque Nacional Canaima. Uno tras otro pasaban los vehículos, y allí íbamos también nosotros, a bordo de una Montero Sport 2008. Es que, claro, asistíamos al Montero Challenge 4x4 Gran Sabana que prometía, en cinco días, llevarnos a descubrir la maravillosa naturaleza que se halla en las profundidades de la sabana: Aponwao, Kavanayén, Torón…
DE CARACAS A SANTA ELENA
Partimos desde Caracas un domingo por la mañana. Al cabo de ocho horas ya estábamos en Upata. Allí pasamos la noche, y, muy temprano, el lunes partimos a nuestro definitivo destino. Al cabo de unas siete horas más, divisamos, por fin, la imponente Piedra de La Virgen. Enorme, impresionante, allí estaba como siempre. Nos detuvimos, claro está, para las infaltables fotografías. Sólo que esta vez las gráficas incluían a aquel tropel de autos que bordeaba la gran roca.
Al continuar la marcha, terminamos de subir la Sierra de Lema y se abrió ante nosotros la sabana hermosa. Siempre impresiona encontrarse con ella, tanto como la primera vez, aquel día imborrable en que uno la conoce y se promete regresar toda la vida.
Recorrimos la sabana a través de la Troncal 10 sin parar, y cómo costaba vencer el deseo de detenerse a cada rato para admirar cualquiera de sus altísimos saltos o de sus miradores cargados de magia.
Sólo paramos en Santa Elena de Uairén, donde una habitación de hotel se convertiría en nuestra casa por casi una semana. De allí saldríamos cada mañana, y allí regresaríamos a cenar y dormir cada noche.
EL MÁS IMPONENTE
El martes, a las 7:30 a.m., tomamos nuestro desayuno tipo bufé, y nos dispusimos a partir. Primero iríamos a la estación de servicio de Los Rápidos de Kamoirán, parada obligatoria todos los días para poner gasolina en la mañana y en la tarde. Una vez repletos los tanques, aquel día seguiríamos la carretera de tierra que conduce al salto más imponente de La Gran Sabana: Aponwao (sin contar, lógicamente, al Salto Ángel o al Kukenán). Tras una hora de camino de granzón, llegamos a un recodo del río Aponwao, donde nos esperaban las curiaras que nos llevarían a las orillas del salto. Rui Mendes, expedicionario por vocación y guía del Montero Challenge, nos dio la opción de hacer el recorrido caminando. Serían unos 45 minutos a través de la sabana hasta llegar al mismo punto que alcanzarían las curiaras. Claro, algunos preferimos irnos a pie.
Fue un largo sendero seco. El sol arreciaba sobre nosotros, y a ratos conversaba uno con la tímida pemón que nos sirvió de guía. De pronto, el rumor del agua comenzó a oírse. Es una sensación muy especial. Uno sabe, en esas circunstancias, que está a punto de ser deslumbrado. Esta vez, sin duda, no fue la excepción.
El rugido se hizo cada vez más intenso hasta que apareció la brillante estela blanca que caía a chorros desde una altura de 150 metros, deslizándose sobre la nada hasta romper con violencia sobre unas piedras en la base del salto. Es impresionante. Luce invencible, enorme, digno de absoluto respeto.
CERRAR LOS OJOS Y ABRIR LOS BRAZOS
Descendimos una difícil trocha, que sólo puede hacerse caminando, para llegar a la altura del río y ver, desde abajo, la grandeza del Aponwao. Es posible acercarse a la caída hasta una distancia de cincuenta metros. Menos de eso puede resultar muy peligroso. Pero desde allí está bien, es un excelente punto para mirar los detalles de la cascada, la extravagancia de sus paredes, y la gracia con que el agua fluye hacia las rocas, para luego desvanecerse en una espesa nube que vuela en todas las direcciones posibles, hasta empaparnos de pies a cabeza en apenas treinta segundos.
Ya mojados, felices, dichosos, fue la hora insospechada de hacer un viaje al centro de nosotros mismos. Quizá suene extraño, pero decidí cerrar los ojos, abrir mis brazos y llenarme por aquel mágico lugar. Tal vez pasaron diez minutos, quince, o media hora, no lo advertí. Yo sólo estaba cargándome con la frescura y vitalidad que emanaba del salto y, a ratos, pensaba en cuánto nos dejamos llevar por las tensiones de la vida diaria, cuando ésta puede ser mucho más que una ciudad, un teléfono, una computadora y un carro de dos metros por dos. Allí, a cielo abierto, sin importar el día ni la hora, comprendí por fin aquella frase que rebosa tanto en sabiduría como en sencillez: "Carpe diem", diría Horacio, el poeta… "Aprovecha el día", se traduce en español.
Estar allí, frente a aquel salto imponente, era una oportunidad para eso, para vivir y disfrutar cada segundo, cada gota de agua que nos besaba la cara, cada brisa que nos estremecía y cada rayo de sol que bañaba la tarde en la sabana.
AVENTURA DE REGRESO
Ya de regreso a Santa Elena, una pertinaz y quizá oportuna lluvia cayó sobre nosotros. La combinación era perfecta para un Montero Challenge: carretera de tierra, agua, 34 rústicos en perfectas condiciones, y varios instructores de manejo 4x4 con Rui Mendes liderando la caravana. Pasar grandes charcos, subir o bajar colinas resbaladizas y "jugar" con la doble tracción de los vehículos hizo que el trayecto de vuelta se hiciera más corto y divertido.
A mitad de la ruta paramos, y allí nos aguardaba un gran toldo, mesas, y nuestros almuerzos servidos. La organización del evento, sin duda, se llevó 20 puntos.
Tras la comida, fuimos directo a Los Rápidos de Kamoirán, pusimos gasolina y bajamos hasta Santa Elena. Tras dos horas donde se combinaron la lluvia con la precaución al volante, llegamos al hotel. Una ducha, una siesta, la cena y agradables conversas hasta tarde… ¡qué manera de cerrar el día!
La travesía en las Montero permitió
conocer lugares de sospechada belleza |
EL MÁS HERMOSO
A la mañana siguiente, después de desayunar, Rui ofreció una breve charla sobre cómo utilizar la doble tracción de las Montero sobre superficie de granzón. Se hicieron algunas preguntas, se aclararon las dudas, y tomamos de nuevo la carretera. Esta vez iríamos a otro salto espectacular, también ubicado en el interior de la sabana, recorriendo otra hora más de vía irregular. Se trataba del Salto Torón.
Ese día hubo oportunidades suficientes para que los conductores mostraran sus habilidades. El terreno estaba fangoso a causa de las lluvias recientes, aunque, ocasionalmente, aparecía una larga recta completamente seca, y, entonces, podía correrse con libertad levantando al pasar una nube de polvo espectacular.
Hubo que superar un par de colinas muy difíciles y un pequeño riachuelo con piedras sueltas y huecos inadvertidos bajo el agua. Tras lograrlo, llegamos al lugar.
Si el Aponwao es el salto más alto e impresionante de la Sabana, el Torón ha de ser el más hermoso de todos. Mide unos cien metros, pero cae en forma de escalera sobre unas piedras rojizas y brillantes que contrastan sobremanera con la blancura del agua. Es realmente hermoso, y no sólo eso, sino que es también inofensivo, pues sin ningún temor uno puede acercarse a la base e, incluso, sentarse bajo las aguas que descienden desde lo alto.
Lo que sí se debe considerar es que, para llegar a la base, uno tiene que bajar una pendiente muy difícil, más aún que la del día anterior. El posterior ascenso, por si fuera poco, es tres veces más complicado. No obstante, el esfuerzo es bien recompensado con una privilegiada vista y un refrescante baño.
¡AGUA!
Como ya era mediodía, comimos un refrigerio y nos fuimos a Kavanayén, donde almorzaríamos y daríamos una vuelta por el mítico poblado para admirar los tepuyes que lo circundan. Apenas iniciamos la marcha se vino sobre nosotros un aguacero terrible. El camino se enlodó en gran forma, y no faltó una que otra coleada repentina y, por fortuna, sin consecuencias.
Una vez en Kavanayén, el clima no había amainado ni un ápice, y así comimos en una cálida cabaña, mientras afuera se inundaban las calles. Por esta razón, casi no pudimos caminar por el pueblo. Algunos dimos un rápido rodeo a un par de manzanas, visitamos la iglesia y tomamos algunas fotos a la famosa Casa de las Misiones.
OTRO ATARDECER
Cayendo la tarde y aprovechando que el cielo comenzaba a despejarse, nos pusimos de regreso. A medida que el día se aclaraba, emergió el gigante Sororopán Tepuy, que vigila a Kavanayén como El Ávila a Caracas. Es muy grande, y tiene en un extremo una gruesa elevación cual dedo levantado o cual mástil de velero.
Las luces del atardecer y la limpieza que dejó la lluvia, nos regalaron unas vistas muy hermosas de esa montaña, de algunos saltos de agua que, aunque no son célebres en los libros, son también de una belleza innegable. Casi oscureciendo recargamos los tanques de gasolina en Kamoirán, y de nuevo a Santa Elena.
DE VUELTA AL MUNDO
El último día del Montero Challenge fue el más tranquilo de todos. Hubo breves trayectos de tierra, pero sin mayores complicaciones. Visitamos la Quebrada de Jaspe, el Salto Yuruaní, el Balneario de Soroapé y varios miradores de los muchos que abundan a orillas de la Troncal 10.
Esa noche, en Santa Elena, cansados por una excitante semana repleta de emociones y lugares inolvidables, Rui Mendes entregó a los participantes sus certificados de asistencia al evento, y se contó con la presencia de Shuji Mataga, presidente de MMC Automotriz, S.A., ensambladora y comercializadora de la marca Mitsubishi en Venezuela.
A la mañana siguiente, muy temprano dejamos nuestras habitaciones, y dijimos adiós a Santa Elena y a la majestuosa sabana. Volvimos, pues, a los paisajes donde predomina el concreto. Cada una de las 34 Montero tomó su rumbo, la caravana se disolvió, y nuestro viaje, lamentablemente, después de tantas maravillas, se dio por terminado.
| Tome nota |
•Exclusivo. Es requisito indispensable, para quienes quieren participar en el Montero Challenge, poseer una camioneta Montero 4x4 en cualquiera de sus modelos. Ésta debe estar en perfecto estado (cinturones de seguridad, luces de cruce, seguros, bocina).
•Partir. No importa en qué lugar del país usted se encuentra. Una vez registrado en el Montero Challenge, se unirá al grupo en alguna ciudad previa al destino final del viaje. En esta ocasión, el punto de encuentro fue Upata.
•Servicio. Una vez en el viaje, usted sólo debe preocuparse por el buen estado de su vehículo y el llenado del tanque de la gasolina. El resto déjeselo a los organizadores del evento, pues al comprar el paquete todo está incluido: comidas, bebidas alojamiento, guías, mecánicos y asistencia médica.
•Todo público. El viaje puede ser realizado por toda la familia, pero se sugiere fuertemente que evite llevar a niños, pues las rutas, el terreno irregular y los mosquitos pueden fatigarlos.
•De viaje. El Montero Challenge también ha visitado destinos como La Península de Macanao (Nueva Esparta), La Victoria (Aragua), San Mateo (Anzoátegui), Santo Domingo (Mérida) y La Represa del Caruachi (Bolívar). Visite www.mitsubishi-motors.com.ve para más detalles. |
Ver también en Encuentros:
- Historia de maletas
- James McAvoy
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