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CRÍMENES MAX HAINES

JUSTICIA NORTEÑA

En 1873, los vecinos de Maine aplicaron su propia justicia a Big Jim Cullen. Max Haines

Cuando pensamos en la práctica un tanto vil del linchamiento, nos inclinamos a imaginar turbas que por motivos raciales cometen crímenes en el sur de Estados Unidos. Desgraciadamente, sin embargo, ha habido ocasiones en que los vecinos de regiones más norteñas han tomado la soga en sus manos para asegurarse de que una clase de justicia fuera aplicada sin el beneficio de un juicio.

En toda la historia del estado de Maine, sólo ha habido un linchamiento. El corpulento Jim Cullen, apodado Big Jim, vivía en Ball's Mill, no lejos de Presque Isle, Maine, y al otro lado de la frontera internacional de New Brunswick, Canadá.

Big Jim, quien medía más de 1,80 metros de estatura, era un tipo duro a quien no convenía molestar. Por allá en 1873, los buenos vecinos de Maine se mantenían alejados de él todo lo que podían.

El 28 de abril, alguien se introdujo en el almacén de Dudley, en Ball's Mill. Un par de botas fueron robadas. Debido a la talla de las botas, Dudley sospechó inmediatamente de Jim Cullen. Éste tenía grandes pies y era el único en el pueblo que podría usar unos zapatos tan grandes.

Dudley advirtió que el ladrón había penetrado en la tienda a través de una ventana. Frente a la ventana había huellas dejadas en la nieve recién caída por las botas robadas.

El ayudante del alguacil, Granville Hayden, recibió un llamado de Presque Isle. Echó un vistazo a las huellas y él también concluyó que sólo las pudo haber hecho Big Jim Cullen. Las huellas conducían hacia el bosque, hacia la casa de Swanback, en Chapman Plantation, un recorrido que tomaría unas cinco horas a pie y que sería incluso más difícil debido a la nieve.

Hayden necesitaba ayuda. Reunió un grupo frente al almacén de Dudley y pidió voluntarios para rastrear al ladrón. Granjeros y leñadores, todos gente muy trabajadora, apartaron la mirada. Nadie en sus cabales quería salir a perseguir a un hombre tan fuerte y de genio tan explosivo como Jim Cullen. Después de todo, sólo había tomado un par de botas.

Del grupo, sólo dos hombres, Bill Hubbard y Minot Bird, se ofrecieron como voluntarios para acompañar al ayudante del alguacil. Los tres hombres partieron, y sus calzados con raquetas hacían crujir la nieve bajo sus pies. Al final de la tarde, los hombres se acercaron a la casa de Swanback. Como todos los hombres que viven solos, a Swanback le complació tener compañía. "Vengan y cenen con nosotros. Jim llegó hace poco".

Hayden entró cautelosamente en la habitación y le preguntó a Cullen hacia dónde se dirigía. Big Jim le dijo, ingenuamente, que se había metido en un pequeño problema y se alejaría por un tiempo. Hayden no dijo nada más y los cinco hombres disfrutaron de una opípara comida frente a la chimenea. Después de la cena, Hayden le mencionó a Cullen que deseaba conversar con él fuera de la casa.

El frío viento norteño de Maine soplaba entre los árboles mientras Hayden le informaba a Big Jim que tenía una orden para su arresto por haber robado las botas de la tienda de Dudley. Hayden le indicó que se daba cuenta de que no se trataba del peor crimen del mundo.

No tenía grandes deseos de ver a Cullen en la cárcel, pero quería que su territorio estuviera libre de robo. Le ofreció un trato. En tanto Cullen siguiera hasta cruzar la frontera con Canadá y nunca regresara, no lo arrestarían ni lo perseguirían. A la mañana siguiente estaría en libertad de marcharse.

Hayden, quien creía que había actuado de manera justa, volvió a la cabaña y se acostó a dormir al lado de Bill Hubbard.

Big Jim entró. Le habían acomodado un catre. Jim se sentó allí, mirando fijamente el fuego. La oferta de Hayden no le agradaba. Había nacido en Florenceville, New Brunswick, y si regresaba a Canadá lo acusarían de cargos menores. Además, vivía con una mujer llamada Twist cerca de Ball's Mill. No quería dejarla para siempre. No, señor. La oferta de Hayden no le gustaba nada a Cullen. Al acercarse la mañana, Jim estaba al borde de un estado de paroxismo. Estaba plenamente consciente cuando resolvió cómo salir del aprieto. Los cuatro hombres dormían plácidamente cuando Jim tomó un hacha de un rincón de la cabaña. Reuniendo todas sus fuerzas, descargó el hacha sobre la cabeza de Hubbard.

El golpe rompió el cráneo del hombre en dos. Hayden se frotó los ojos para despabilarse y vio a Big Jim blandiendo el hacha. La hoja de doble filo cayó sobre su cabeza, matándolo instantáneamente.

Swanback y Bird se despertaron y vieron a Big Jim avanzar hacia ellos. Swanback saltó y salió por la puerta, esquivando el hacha, que pasó a centímetros de su cabeza. El hacha golpeó la puerta, que quedó libre de las bisagras. El pobre Minot Bird se sentó, callado y aterrorizado. Miró los enloquecidos ojos de Big Jim, quien aún sostenía la macabra hacha.

Cullen le lanzó una mirada feroz al atemorizado hombre. Finalmente le gritó: "Ve y busca a Swanback. Traigan algo de madera. Quemaremos el lugar. Los dejaré ir a los dos si nunca dicen lo que ocurrió aquí".

Bird y Swanback hicieron lo que se les ordenó y trajeron la madera, apilándola alrededor y encima de los dos cadáveres. Cullen roció querosén sobre los cuerpos y prendió fuego a lo que equivalía a una pira funeraria.

Una vez afuera, Swanback y Bird estaban convencidos de que Cullen estaba por matarlos. Ahora que tenían botas y abrigos, partieron hacia Ball's Mill, seguros de que Cullen los seguiría de cerca.

Los cuatro hombres dormían plácidamente cuando Jim tomó un hacha...y la DESCARGÓ sobre la cabeza de Hubbard

Los dos hombres desesperados tocaron la puerta de Andrew Judkins y le soltaron la terrible historia. Judkins hizo que su esposa despertara a los vecinos, quienes rápidamente se reunieron en su casa. Dado que temían un ataque de Cullen, rodearon la casa. Big Jim estaba sólo a minutos detrás de su presa.

Cuando salió del bosque y vio la cadena de linternas alrededor de la casa de Judkins, sospechó acertadamente que los hombres que perseguía estaban siendo protegidos por la comunidad.

Big Jim frunció el ceño y se dirigió hacia su casa y su mujer. Entretanto, un pequeño grupo de hombres partió hacia la casa de Swanback para verificar que se había cometido un doble asesinato.

Regresaron con una caja de zapatos que contenía huesos achicharrados, que era todo lo que quedaba de Hayden y Hubbard. La gente del pueblo se sentía enfurecida. Decidieron ir en masa a la casa de Cullen.

Al llegar allá, le gritaron a Big Jim para que saliera, pero fue su mujer quien respondió: "No lo he visto en dos días". Cuando la turba la convenció de que quemarían la casa con Cullen adentro, Big Jim salió.

El fugitivo capturado fue conducido a la tienda de Dudley, rodeado por 50 furiosos hombres. Lo ataron a una viga, y durante todo el día los vecinos del lugar pasaron para ver al hombre que había asesinado a dos de ellos.

A Big Jim no le importó hablar sobre los asesinatos. Admitió que había matado a los dos hombres y no mostró remordimiento alguno por lo que había hecho. De hecho, dijo: "Lamento no haber matado a los otros".

Varios hombres, a quienes nunca se identificó, fueron de casa en casa. Los ocupantes decían "sí", allí estarían. Todos sabían que Cullen debía ser transferido de la prisión improvisada a una verdadera celda en Presque Isle. Vigilado por seis guardias, el séquito partió en trineo.

Un grupo de 150 hombres, muchos de ellos con capuchas, interceptaron el trineo antes de que éste se hubiera alejado kilómetro y medio. Tomaron a Cullen y lo llevaron al bosque. Lanzaron una soga por encima de una rama poco alta de un árbol de arce. Treinta minutos después, la turba se había marchado. Sólo Big Jim Cullen estaba allí, meciéndose suavemente en medio de la brisa.

Más tarde, una investigación oficial aseveró que Cullen había muerto por acción de "uno o varios grupos desconocidos".
Nunca se enjuició ni se condenó a nadie por el linchamiento de Big Jim Cullen.

 



TRADUCCIÓN: JOSÉ PERALTA. ILUSTRACIONES: DAVID MÁRQUEZ. DAVIDMARQUEZ@CANTV.NET

 
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