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Contraindicaciones

No deben tomar la aspirina:
l Quienes sean alérgicos al ácido acetilsalicílico
l Quienes tengan úlceras
l Todo quien tenga problemas
de coagulación
l Niños con procesos gripales
l Mujeres embarazadas
l Quien sospeche de padecer dengue hemorrágico. No se puede por el poder
anticoagulante del AAS. Es bueno aclarar que la aspirina no convierte un dengue normal en uno hemorrágico. Si se tratara del primer tipo no habría problema en consumirla, sólo que muy pocas veces se tiene la certeza de cuál clase de dengue se está padeciendo. En estos casos, lo más seguro es el acetaminofén. Otros antiinflamatorios son igual de perjudiciales
l Quienes vayan a someterse
a una intervención quirúrgica

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Muchos son los sitios en Internet donde puede obtener mayor información sobre el AAS. En bayeraspirin.com puede encontrar una tabla que le permitirá saber si usted está libre o no de los factores de riesgo de sufrir un infarto. Sabrá si es la hora de acudir al médico. Otros sites son: aspirin.com, bayerandina.com y aspirinabayer.com. También puede llamar por el 0800-bayer01. Allí le responderán todas sus inquietudes.

El fármaco milagroso
Raúl Chacón Soto

A sus 106 años -que cumple hoy-, la aspirina sigue sorprendiendo por su excelente performance en el tratamiento de una creciente variedad de males. Pocos medicamentos tienen su potencial curativo y, mucho menos, a tan bajo precio.

Justamente un 10 de agosto, pero de 1897, Felix Hoffman obtuvo por primera vez ácido acetilsalicílico en una forma química pura y estable. Con toda seguridad, el científico alemán, empleado de la Bayer, no tenía ni idea de que el fármaco que acababa de conseguir, con no poco esfuerzo, a partir del salicilato sódico (una sustancia de la que se conocían muy bien sus poderes como analgésico, pero también su acción devastadora en las pobres paredes del estómago), se convertiría en uno de los más importantes del siglo que se avecinaba; y, mucho menos, que todavía en el siglo XXI seguiría despertando la curiosidad del gremio médico que no se cansa de investigar su efectividad en el tratamiento de enfermedades tan diversas como el cáncer, la preeclampsia y hasta el sida (más de 3.500 publicaciones científicas aparecen cada año sobre esta famosa pildorita)... y pensar que lo que más impulsaba a Hoffman era conseguir la manera de aliviar los dolores artríticos de su padre sin que su estómago sufriera demasiado daño.

Dos años después del acontecimiento, en 1899, la gente del laboratorio alemán, quizás no con toda la claridad de este mundo, corrió a registrar la nueva sustancia bajo el nombre de Aspirina; el apelativo con el que todavía hoy la gente designa a cualquier presentación del ácido acetilsalicílico, si bien Aspirina sólo puede llamarse la de Bayer. No era para menos: la sustancia obtenida por Hoffman calmaba los dolores y era mejor tolerada por los pacientes y se asociaba a una menor cantidad de trastornos gástricos, por lo que no era tan difícil imaginar que su uso se extendería rápidamente. Así, el polvo de la Bayer (al principio no había tabletas) alcanzaría una fama justificada que ameritaría su producción industrial al poco tiempo de estar en el mercado. Los años parecen sentarle de maravilla a la aspirina (y disculpen que vaya en minúscula, pero el nombre ya es un genérico). Utilizada (¡y cómo!) durante las primeras décadas como analgésico -y también como antipirético (tiene la capacidad de bajar la fiebre) y antiinflamatorio-, encontraría un fuerte empujón de popularidad cuando se dieron a conocer sus beneficios entre personas con problemas cardiovasculares por allá a mediados de los sesenta. La píldora "blanca y redonda" tenía otras propiedades que si bien ya habían sido, incluso, identificadas en años anteriores, nadie les había prestado mayor atención y mucho menos reparado en su milagroso alcance: el ácido acetilsalicílico (AAS) tiene el poder de inhibir la agregación plaquetaria (evita que las plaquetas se unan) o, dicho de otra manera, actúa como un anticoagulante, lo que quiere decir que impide la formación de coágulos que puedan tapar las arterias, convirtiéndose en medicamento esencial para quienes hayan sufrido infarto al miocardio (o al cerebro) e, incluso, para quienes no los han tenido pero poseen un historial que reúne varios factores de riesgo. En 1988, la revista Newsweek le dedicó la portada a la aspirina bajo el título: Lo que debería saber sobre ataques al corazón, consagrando de esa manera su nueva indicación. Unos años antes, la propia FDA (American Food and Drug Administration) había dado el espaldarazo definitivo al asegurar que se podía utilizar eficazmente el ácido acetilsalicílico como "prevención secundaria" (evitar un segundo infarto), o para prevenir un primer infarto en los pacientes con angina de pecho inestable.
Esta nueva faceta de la aspirina no será la última. Los resultados de los estudios relacionados con la prevención del cáncer de colon que empezaron a publicarse en la década de los 90 parecen vaticinarle una tercera indicación realmente sorprendente. Las cifras hablan por sí solas: quienes han tomado ácido acetilsalicílico de forma regular durante largo tiempo (diez años) reducen en 44% el riesgo de fallecer por cáncer del intestino grueso. Todavía es temprano para darle respaldo definitivo a esta tesis, pero las investigaciones preliminares han sido tan favorables que ahora se han abierto otros estudios para ver la acción de esta famosa píldora contra tumores de otros tipos.
Polifacética ha salido la aspirina. Dolores, fiebres, infartos, cáncer, preeclampsia, diabetes y hasta la enfermedad de Alzheimer (se está estudiando el efecto protector del AAS que podría contribuir a prevenir la degeneración neuronal, aunque por los momentos no hay nada oficial que respalde esta tesis), para no hablar de sus buenos oficios en la prevención del síndrome del viajero de clase turista... es mucho lo que ha entrado (y entrará) en su campo de acción. ¡Qué se hubiera imaginado Hoffman!

rchacon@eluniversal.com

Tómese una aspirina de 500 mg en los siguientes casos
l Dolor de cabeza
l Dolor de muela
l Dolor muscular (incluso por entrenamiento físico)
l Dolor de espalda
l Dolor menstrual
l Dolores crónicos como migrañas o artritis
l Fiebres ocasionadas por procesos infecciosos
l Procesos inflamatorios (ocasionados por golpes o traumatismos)
l Dolor de garganta (que casi siempre al final obedece a una inflamación)
Lo recomendable es hacer gárgaras con la tableta diluida en agua
l Insolaciones fuertes
l Si se sospecha de un infarto se recomienda masticar una tableta y acudir al médico de inmediato

Y las de 100 mg cuando
l Se quiere prevenir el síndrome del viajero; es decir, las trombosis en las piernas que tanto afectan a quienes vuelan en clase turista durante largas jornadas en el aire. Lo mejor es empezar a tomar la pastilla dos o tres días antes del vuelo
l Se utiliza como prevención primaria y secundaria de un infarto. En estos casos el consumo es habitual (una diaria). La evaluación del médico es esencial antes de iniciar este tipo de tratamiento
l Se busca prevenir un accidente cerebrovascular. En este caso también se necesita la evaluación profesional En la actualidad Bayer espera lanzar al mercado una aspirina tópica por su poder antiinflamatorio. Tendría acción local y no sistémica, ya que se aplicaría directamente en la piel, en el sitio afectado.
También existe una presentación de 81 mg con cubierta entérica para quienes deben tomarla diariamente y temen por los efectos en el estómago. Esta píldora es perfecta para pacientes mayores que deben tomar más de un medicamento y es que la cobertura especial permite que la absorción sea por el intestino. Los últimos estudios parecen indicar que esta es la dosis más apropiada para la prevención del cáncer de colon en personas con historial de pólipos. Hasta ayer se pensaba que la mejor era la de 325 mg.


Ver también en Encuentros:
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