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Cuestión de privilegios
Max Haines
Honolulú estaba a punto de sufrir
una guerra racial
porque cinco nativos habían violado a una mujer blanca adinerada
El
famoso abogado Clarence Darrow defendió a muchos asesinos
culpables. En este caso, que conté el 19 de enero de 1975,
su brillante defensa casi ocasionó disturbios callejeros.
En 1931, Hawai no era el orgulloso estado número 50 de Estados
Unidos que es hoy día. La isla tenía tres fuertes:
el turismo, una enorme base naval estadounidense y la fruta. La
población estaba compuesta por nativos de Hawai, japoneses
y chinos, y una variopinta mezcla de estos tres grupos, que odiaban
al personal de la base naval estadounidense destacado en la isla.
En poco tiempo esta tensa situación racial explotó.
Fue en una húmeda noche de septiembre.
El teniente Tommy Massie y su esposa Thalia estaban en una fiesta
en la pensión Ala Wai. Tommy y Thalia discutieron y ella
se marchó sin decir palabra a nadie. Como esa tarde de septiembre
era muy hermosa, Thalia decidió irse andando hasta su casa.
La mujer dijo que vio un vehículo detenerse. En él
iban dos hawaianos, un chino y dos japoneses. Uno de los hawaianos
la metió por la fuerza en el vehículo. La llevaron
hasta una zona desierta donde los cinco hombres la violaron, por
turno. La dejaron con la mandíbula partida y prácticamente
en estado de histeria. Poco después, ella logró que
la llevaran en auto, y Tommy, quien todavía estaba en la
fiesta, fue informado de lo ocurrido.
Rápidamente, los cinco hombres fueron arrestados por violación.
Se trataba de Joe Kahahawi, Horace Ida, David Takai, Henry Chang
y Ben Anakuelo, todos de origen pobre o de clase trabajadora. Uno
de ellos, Joe Kahahawi, era boxeador de cierto renombre y era muy
conocido. Ninguno de los cinco había tomado ninguna precaución
para enmascarar su identidad y, tras insistir un poco, fueron reconocidos
por la señora Massie, quien estaba destrozada.
El 19 de noviembre empezó el juicio y, 15 días después,
el jurado, que estaba compuesto mitad por blancos y mitad por nativos,
llegó a un veredicto y los cinco acusados fueron liberados
bajo fianza a la espera de un nuevo juicio.
La situación se puso al rojo vivo. Las autoridades estadounidenses
estaban que trinaban. Una mujer blanca de un teniente de la Armada
había sido violada por cinco nativos y estos cinco hombres
seguían libres y recorriendo las calles de Honolulú.
La situación era increíble.
Además, Thalia no sólo era mujer de un teniente. Provenía
de una familia destacada. Su madre, la señora Grace Fortescue,
que era sobrina de Alexander Graham Bell, se fue a Hawai para estar
con su hija en esos duros momentos. En la isla casi se estaba registrando
una batalla racial. Los nativos organizaron un fondo de defensa
para los cinco acusados. Los americanos blancos estaban furiosos.
Al final, un grupo de oficiales de la Armada atrapó a Horace
Ida. Le pegaron con una pistola y le ataron a un árbol. Luego,
le fustigaron. Posteriormente, le colocaron al borde de un precipicio.
Horace no pudo soportarlo más. Firmó una "confesión".
Los oficiales le dejaron marcharse.
Horace no era tonto. Mandó fotografiar sus heridas y de esta
manera logró que la "confesión" fuera invalidada.
Cuando la noticia del apaleamiento de Horace Ida se hizo pública,
bandas de nativos apalearon a grupos del personal naval. Los americanos
respondieron. Por toda la isla se registraban tumultos.
Las cosas suelen ir de mal en peor. Tommy Massie se aseguró
de agarrar al boxeador, Joe Kahahawi, y, con dos amigos de la Armada,
lo llevaron hasta la casa de la señora Fortescue. Massie
acusó a Joe de pegar y violar a su mujer. Le dijo al hawaiano
que le apalearían hasta que confesara la verdad.
Durante todo ese tiempo, Massie apuntaba con una pistola al hawaiano,
que estaba aterrorizado.
Al final, Joe respondió. "Ya está. Vas a tener
tu merecido".
Massie apretó el gatillo y el boxeador cayó al suelo
muerto. Massie, sus dos amigos de la Armada y la señora Fortescue
fueron arrestados, al intentar deshacerse del cadáver de
Kahahawi.
El 14 de abril de 1932, los cuatro fueron juzgados por asesinato.
Los acusados convencieron a Clarence Darrow para que aplazara su
jubilación pagándole una minuta de 25.000 dólares.
A sus 75 años, este viejo abogado era probablemente el único
letrado que podía llegar a salvar a los acusados.
Los americanos se peleaban con los nativos en las calles. Era tal
el odio entre las dos facciones opuestas que los seis miembros blancos
del jurado llegaron a las manos con los seis jurados nativos.
El
protagonista del juicio fue el viejo abogado Clarence Darrow. Redujo
todo al instante en que Massie apretó el gatillo. Darrow
arguyó que su cliente tuvo un momento de locura transitoria.
Pero ni siquiera la voz de Clarence Darrow surtió efecto
en el jurado, que declaró culpables a los acusados y los
condenó a diez años de prisión.
Las autoridades navales estadounidenses estaban convencidas de que
si los cuatro americanos blancos iban a parar a una prisión
hawaiana, los matarían o habría una fuga organizada
por personal naval armado. En ambos casos, la situación podía
acabar en una guerra civil.
El fiscal general de Hawai llamó a Darrow y llegaron a un
acuerdo. ¡Las sentencias de diez años fueron conmutadas
por una hora en prisión! A cambio, el fiscal retiraría
las acusaciones de violación.
Todo con una condición: que Massie, la señora Fortescue
y los dos marineros abandonaran Hawai, cosa que hicieron unos días
después, cuando, acompañados por Clarence Darrow,
se marcharon de allí para siempre.
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