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Abuso o intimidación escolar
Cuando la violencia y la agresividad toman el colegio. He aquí una guía para padres. Nelly Aguilera Franceschi
Pedro tiene 11 años y estudia 5to grado. Es un niño simpático, inteligente, buen estudiante y bien parecido. Con todos estos atributos, cualquiera pensaría que es un pequeño feliz y sin problemas. Pero Pedro tiene unos “amigos” que no lo desamparan ni de noche ni de día. En el colegio siempre están pendientes de él (no pierden la más mínima oportunidad para hacerle bromas pesadas o dejarlo en ridículo frente a otros compañeros). Un día estas bromas se pasaron de la raya y uno de sus amigotes lo llamó a su casa con una amenaza más seria: “Mañana te sueno en el colegio”. El niño, muy asustado, no le comentó nada a sus padres. Al día siguiente, José persigue a Pedro en el colegio y cuando éste se distrae, le propina una paliza. Ese día Pedro corrió con suerte, ya que los golpes no lograron causarle traumatismos severos.
La mayoría de los niños en edad escolar ha formado parte de una historia similar, como víctima, victimario o espectador. Aunque la situación narrada es la más común, en ocasiones, incluso, se llega al extremo de las armas. Afortunadamente, esto último sucede en Venezuela, todavía, como casos aislados. Lo importante es que cualquier tipo de intimidación, por inofensiva que parezca, debe ser definido como inaceptable por todos en el colegio, ya que crea un ambiente de temor y ansiedad general.
El abuso o intimidación entre niños ocurre cuando un estudiante es agredido de forma repetida, bien sea de manera física o psicológica. Estas intimidaciones pueden tener infinitas formas, como golpes, empujones o agresiones, amenazas verbales y/o físicas, exclusión intencional de un grupo, gestos de amenaza, insultos, esparcir rumores, entre otros. En general, los abusos no deben confundirse con peleas ordinarias entre chicos con características más o menos similares, ya que en los casos de intimidación escolar hay abuso de poder, que difícilmente termina sin la intervención de un adulto.
Estos comportamientos no deben ser considerados como comunes e inevitables de la niñez y la adolescencia, ya que pueden traer graves consecuencias en el futuro de todos los involucrados. Entre las secuelas más comunes de las víctimas se encuentran: problemas de salud físicos y mentales, depresión o baja autoestima, conductas agresivas y hasta considerar el suicidio como salida. En cuanto a los abusadores, estos tienen mayor probabilidad de convertirse en cónyuges o padres abusivos y hasta participar en actividades criminales como adultos. Un tercer grupo de afectados serían los espectadores, que no escapan de sufrir las consecuencias, ya que por sentirse solos o excluidos se convierten en cómplices de los abusadores, y en un futuro podrían transformarse en padres permisivos, controlados por sus hijos.
Lo más importante para combatir el problema es que los colegios apliquen reglas estrictas en contra de la intimidación y del abuso, así como programas de prevención.
¿Es mi hijo víctima de acoso
escolar?
Muchos niños temen conversar tanto con sus padres como con sus maestros cuando se encuentran en este tipo de situaciones. La licenciada Mónica Castro de Matjushin, directora ejecutiva de Invedin (Instituto Venezolano para el Desarrollo Integral del Niño), explica que si un niño está siendo intimidado, podría presentar una o varias de las siguientes características: inventar enfermedades para quedarse en casa, no querer ir al colegio de manera reiterativa, notarse ansioso sin razón aparente, presentar moretones sin recordar sus causas, no tener muchos amigos, verse infeliz o inseguro, comentar que nadie lo quiere, hablar de vengarse, reflejar baja autoestima, presentar bajas en su rendimiento académico, problemas de sueño, cambios en su ritmo de vida, entre otros.
Asimismo, Castro aconseja ante cualquier sospecha de que su hijo sea una víctima, dirigirse a la escuela, para evaluar la situación y buscar apoyo. Hay muchos colegios que cuentan con un psicólogo escolar, con experiencia en el manejo de este tipo de situaciones. No enfrente usted directamente al intimidador a menos que presencie algún episodio desagradable. Es importante que su hijo sepa que lo correcto es alejarse del agresor y pedir ayuda, bien sea a algún adulto o a otros compañeros. En ningún momento se deberá considerar chismoso a un niño que, encontrándose en este tipo de situaciones, acuda ante alguna autoridad escolar. Es bueno animarlo a contar su problema a otros compañeros, ya que los niños abusivos prefieren a los solitarios y, por el contrario, le huyen a los grupos. De ser necesario, busque ayuda profesional de un psicólogo o psiquiatra infantil. ¿Cómo reconocer si mi hijo es un posible abusador?
Hay ciertas características que lo podrían ayudar si sospecha que su hijo es un intimidador. Castro recomienda prestar especial atención si nota que a su hijo le gusta pelear con otros, si se frustra con facilidad, presenta conductas insolentes o desafiantes, se refiere a otros de manera despectiva o cuando no quiere que se conozca a sus amigos o sus hobbies. “Por lo general son niños que cuando se sienten dominantes y dueños de la situación se sienten mejor. Detrás de estos agresores se esconde un gran sentimiento de rabia, y detrás de ella, hay tristeza y depresión relacionadas con situaciones traumáticas dentro de la familia o en el mismo colegio. La mayoría de los agresores fueron en algún momento de su vida agredidos. Son niños que no logran sentirse bien si no están pisoteando a los demás. Tienen un falso sentimiento de superioridad que en el fondo puede esconder baja autoestima y mal manejo de sus propias situaciones de vida”, expresa la especialista.
Es importante familiarizarse con las normas de la escuela al respecto y darlas a conocer a su hijo. También es conveniente hablar con él sobre las razones de su comportamiento, ya que muchas veces se puede sentir presionado a participar en comportamientos abusivos para sentirse aceptado o para evitar ser intimidado. Explique las razones por las cuales estos comportamientos son inadecuados. Hay que enseñarlo a pedir ayuda y a respetar a los demás, siendo tolerantes con las diferencias. Recálquele que muchas veces los chicos que parecen ser populares, pueden ser un verdadero desastre por dentro, y que, por el contrario, otros chicos que no parecieran tan “chéveres” en un comienzo, pueden terminar convirtiéndose en excelentes amigos, si se les da la oportunidad de mostrar lo que tienen en su interior.
Por último, es importante que siempre haya supervisión adulta tanto en casa como en el colegio. l
| Atención especialistas |
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El próximo viernes 15 y sábado 16 de julio, se llevará a cabo el simposio Rompiendo el ciclo de la violencia. Intervención escolar y familiar en niños y adolescentes agresivos. Este evento, organizado por la Escuela de Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello y el Centro de Investigación y Estudios de Postgrado de Invedin, estará
dirigido a terapeutas familiares, psicólogos clínicos y escolares, psiquiatras, trabajadores sociales, educadores y otros profesionales relacionados con las áreas de la salud y la educación. Contará con conocidos conferencistas nacionales e internacionales y entre los temas a
tratar se incluye el de Violencia
y agresividad en la escuela
y la familia.
Para mayor información puede
llamar al Centro de Investigación
y Estudios de Postgrado
de Invedin.
Telfs.: 0212-243.2915/2582
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