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Ali Hewson
al lado de Bono

Lo único seguro sobre la nueva línea de ropa ética de Ali Hewson es que nunca le ha pedido consejos sobre diseño a su esposo, el desaliñado líder de la banda U2. Lo que él ciertamente le ofrece es inspiración infinita. Louise France

Ali Hewson era una chica poco femenina de 12 años cuyos padres eran dueños de una pequeña empresa de electricidad en el norte de Dublín, cuando un adolescente engreído, llamado Paul, se le acercó un día en el liceo: “Me lanzó una frase hecha que usaba para abordar a las muchachas y yo creí que le hablaba a mi amiga. Sencillamente me pareció un idiota”. No tenía forma de saber que 10 años después se casaría con Paul —actualmente conocido como Bono, cantante principal de U2— y que se convertiría en la mitad de una de esas raras sociedades: un matrimonio al ritmo del rock que sobrevive.

Incluso ahora, cuando tiene una casa de huéspedes en el jardín trasero genialmente decorada con garabatos de Bill Clinton y Michael Stipe y recibe invitaciones para pasar el fin de semana en Chequers (residencia campestre oficial del primer ministro británico), pareciera que ella no puede creer del todo la forma en que su vida se ha desarrollado. Apenas maquillada y de habla queda, es lo opuesto de la esposa de una estrella.

“Al principio, nada de esto parecía estar destinado para ninguno de nosotros. Han ocurrido cosas increíbles que hacen que me pregunte: ¿Cómo llegué aquí? ¿Por qué yo?”, señala.

En los últimos 23 años, ella ha conservado su privacidad manteniéndose tras bambalinas para criar a sus niños —Jordan, de 15, Eve, de 13, Elijah, de cinco, y John, de tres— en una torre de tres pisos en Killiney, en la costa cerca de Dublín.
Prácticamente es conocida sólo en Irlanda, donde se ha concentrado en obras de caridad sin alboroto al estilo de la princesa Diana. Después de Live Aid, ella y Bono acamparon en una carpa en Etiopía durante seis semanas. Como presidenta de Chernobyl Children's Charity, ha manejado ambulancias hasta Bielorrusia y se ha expuesto a radiaciones.

Ahora está por lanzar una compañía de ropa ética, Edun. Ali ha pasado cuatro años realizando investigaciones y estableciendo fábricas en Túnez y Perú, a menudo en lugares en que una floreciente industria textil fue aplastada por las marcas mundiales. También hay un proyecto en Lesotho, en un área del sur de Africa azotada por una tasa de desempleo de 50% y un índice de infección de sida de 30%. En la medida de lo posible, los materiales son producidos orgánicamente. El personal recibe el salario mínimo legal, las condiciones laborales están garantizadas y no se permite que trabajen niños.

“Toda la idea surgió del viaje de Bono a Africa y su impresión, cuando regresó, de que lo que necesitaban más que otra cosa era comercio”, explica Ali. En 2000, Africa tenía 6% del comercio mundial. Esa cifra cayó a un lastimoso 2%. “Si ellos pudieran recuperar apenas 1%, ello equivaldría a 70 millardos de dólares al año. La idea es mostrar que el mundo puede negociar con Africa. Allá no desean caridad; quieren demostrar que pueden tener ganancias”.

Eamon Dunphy, biógrafo de U2, ha dicho: “Lo mejor de Bono es Ali. Ella es calmada, racional y capaz de ver más allá de los individuos hasta distinguir la política”. Así que mientras trabaja en casa sobre el proyecto, recibiendo llamadas de Europa durante el día y de EEUU después que los niños se han ido a la cama, me pregunto qué hace por Edun el consorte de Ali. Hablamos de un hombre cuyo sentido de la moda se puede resumir en sombreros que claman atención para el que los porta y pantalones negros apretados. ¿Tiene él —Dios no lo permita— algo que decir sobre los diseños? “¡No! Mi trabajo es mantenerlo alejado de los diseños”, grita. “Puede hablar de todo lo demás sobre lo que quiera hablar. Es un magnífico músico. Es muy bueno para incitar a la gente a rebelarse. Pero no, no es famoso por su sentido de la moda...”.

Según investigaciones en EEUU sobre los matrimonios de gente famosa, la tasa de supervivencia es 30%. Las esposas se quejan de que terminan siendo padres solos, teniendo que asumir toda la carga de la toma de decisiones mientras sus parejas disfrutan de una vida libre de cualquier responsabilidad doméstica. Imagino que las cónyuges de las estrellas de rock tienen la misma queja, además de la amenaza extra de numerosas admiradoras.

“Totalmente”, dice Ali, quien está de acuerdo. “No es algo normal y ha habido un gran aprendizaje. A veces hay discusiones en las que tengo que gritar: ‘¡Sólo tengo dos brazos! No tiene sentido subirse a la mesa y actuar en este momento’. Por su parte, él se queja de que se siente ‘como un pedazo de basura’ cuando viene a casa porque siempre trato de que ponga sus cosas en orden”.

Ali aprecia mucho el hecho de que envían sus niños a escuelas públicas y que ella y Bono pueden “ir al bar local” si así lo desean. Pero si se combina el estrellato en el mundo del rock con el hecho de que Bono tenga a Nelson Mandela en el directorio de su teléfono celular, me pregunto cómo pueden realmente tener algo parecido a una vida normal. ¿Alguna vez dices cosas como: “¡Maldita deuda mundial! Saca la basura, Bono”?

“Ocasionalmente”, responde Ali. ¿Y él lo hace? “Bueno, no. Pero estoy segura de que lo haría si yo realmente necesitara que lo hiciera. Si hay un motivo por el cual me casé con él, diré que me casé por este momento: Abrí la puerta del frente y Mijaíl Gorbachov estaba allí de pie, con un enorme oso de peluche que había comprado para nuestro hijo más pequeño. Yo ni siquiera sabía que él estaba en el país, pero Bono lo había invitado a almorzar”. Cualquier persona hubiera entrado en pánico, pero Ali se sintió deleitada. “Es la imagen que quedará impresa en mi mente durante el resto de mi vida. Todo lo malo que Bono había hecho alguna vez simplemente se canceló”. l

 

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