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¿ Qué hacer
cuando sangra
la nariz?

La mayoría
de las veces
no hay necesidad
de alarmarse,
aunque
sí de tomar ciertas
acciones
en el
momento
en que su niño
aparece
con la tan temida
“culebrita roja”
bajándole hacia
los labios.
María Elisa Espinosa

 

 

 

 

Foto: www.latinstock.com.ve/ Corbis Mascurucci

“¡Susto! A mi hijo le está sangrando la nariz”, espeta una madre angustiada, y con cierta razón, aunque… ¿a quién no le ha sangrado la nariz, así sea una vez en la vida? Ya sea en niños o en adultos, el sangramiento nasal, llamado científicamente epistaxis, se puede deber a muchas razones e, incluso, puede darse sin causa aparente, lo que no quiere decir que no sea necesario estar alerta.

El asunto es como sigue: a diferencia de otras áreas del cuerpo, la nariz tiende más a sangrar debido a que existe en ella una gran cantidad de vasos capilares cuya única protección es una delgada mucosa, y cuando ésta se irrita, puede dejar expuestos aquellos pequeños conductos, produciéndose entonces el temido sangramiento.

Pero que no cunda el pánico: según refieren los manuales pediátricos y de otorrinolaringología, este fenómeno es más común de lo que se piensa; entre sus causas se incluyen: la resequedad del interior de la nariz y su mucosa, la limpieza de la nariz, el exceso de estornudos o soplarse la cavidad, heridas generadas por golpes en la cara o por un objeto trabado en las fosas, catarros y alergias, la introducción de productos químicos, o las muy recurrentes “jorungadas” de los siempre curiosos deditos de su hijo donde nadie los ha invitado.

De hecho, más de 95% de las epistaxis suele ocurrir en la parte anterior de la nariz (es decir, en el septum o tabique nasal que la divide internamente), pues es la más cercana a los orificios y puede ser alcanzada fácilmente con los dedos o algún objeto extraño. Pero, asimismo, existe un 5% de casos de sangramientos nasales que se dan en el área posterior, siendo éstos mucho más graves y difíciles de tratar.

Frente a este segundo tipo de sangramiento —y sobre todo si se hacen repetitivos o muy largos— es por el que hay que estar mucho más pendientes. Lo recomendable es acudir de inmediato al médico para que se descarte la existencia de algún cuerpo extraño en la nariz (especialmente si se trata de un niño pequeño que no se puede expresar con la palabra); o para que se evalúe algún problema de coagulación o la existencia de alguna enfermedad más seria como leucemia o un tumor nasal.

Igualmente hay que tomar cartas en el asunto en aquellos casos en que el sangramiento se presente justo después de un golpe en la cara, de una caída
o de un accidente automovilístico, pues la nariz podría estar rota.

No se preocupe, ocúpese

De acuerdo a información de la Sociedad Venezolana de Otorrinolaringología,
en la mayoría de los casos de epistaxis (especialmente aquellos ocasionadas por hurgamiento o resequedad por clima) la nariz dejará de sangrar espontáneamente al cabo
de varios minutos; pero de no ser así, habrá
que aplicar presión con los dedos pulgar
e índice a toda la parte blanda o anterior
de la nariz durante 5 o 10 minutos.

Si aún así no para el sangramiento, puede usarse algún descongestionante y continuar aplicando la presión sobre la nariz; pero si después de esto persiste el fluido, sepa que ahora sí es hora de consultar a su médico
o de acudir al servicio de emergencia de alguna clínica u hospital.

Otra indicación muy precisa que hacen los especialistas es que, al contrario de lo que muchos padres pudieran pensar (¡y sobre todo los primerizos!), bajo ninguna circunstancia se debe acostar al paciente con la cabeza hacia atrás, pues con ello se corre el riesgo de que trague sangre y se generen complicaciones como, por ejemplo, que el líquido llegue a los pulmones. Lo que en realidad hay que hacer es inclinar la cabeza hacia adelante, por más ilógico que le parezca en el momento.

¡Ah!, pero sobre todo, antes de cualquier cosa, la mejor recomendación que puede recibir un adulto en este trance es no perder la calma. Ponerse nervioso sólo servirá para transmitir la ansiedad y angustia al niño y aumentar el sangrado nasal. En lugar de preocuparse de más, ocúpese y tome las riendas del asunto con total tranquilidad. No se arrepentirá.

El médico le preguntará

Dependiendo del caso, puede que usted deba asistir a una consulta con el otorrinolaringólogo o al servicio de emergencia más cercano.

De ser así, esté listo para responder a estas preguntas:

¿Presenta un sangrado profuso?
¿Se detiene la hemorragia rápidamente al presionar las fosas
nasales?
¿Comenzó el sangrado recientemente?
¿Ocurre con frecuencia o repetitivamente?
¿Ocurre la hemorragia siempre
en uno o ambos lados?
¿Qué otros síntomas están
presentes?
¿Se presenta sangre en las heces?
¿Se presentan vómitos con sangre?
¿Hay tendencia a presentar hematomas o sangrado fácilmente?
¿Se presentan pequeños puntos rojos o púrpura en la piel?
¿Está tomando el niño anticoagulantes o aspirina? 

 
Sepa cómo prevenirlos

Aunque hay cosas que no se pueden evitar, sí existen pasos que, en la cotidianidad
de un niño, se pueden prever de manera de no pasar más sustos de los necesarios:

Mantenga húmedo el interior de la nariz. Esto lo puede
lograr aplicando con una pequeña mota de algodón un
poquito de vaselina dentro de sus orificios dos veces al día.
Asimismo hay especialistas que recomiendan realizar irrigaciones nasales con agua salada.
Si su caso es que vive en una zona extremadamente
seca, utilice durante la noche un humidificador en la habitación. 
No deje que sus niños se metan los dedos en la nariz;
como esto a veces puede resultar un poco difícil, pues
no siempre estará usted a su lado para evitarlo,
asegúrese de que las uñas del pequeño estén bien cortadas y limadas.   

 

Fuentes consultadas

www.svorl.org.ve

www.otorrino.homestead.com 

http://medlineplus.gov

www.nlm.nih.gov

 
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