Mi papá
es un show
El bochinche se adueñó del lente de la cámara en este encuentro con los humoristas Rolando Salazar, Claudio Nazoa y Kico Bautista, quienes, a propósito del venidero Día del Padre, explican cómo hacen para ser tomados en serio
por sus hijos Pablo Blanco. Fotos: Contratipo
Asistir a una sesión de fotos de un comediante es, probablemente, casi lo mismo que presenciar alguno de sus actos durante una de sus presentaciones o deleitarse con sus inesperadas salidas: bochinche, bochinche y más bochinche es lo que reina mientras ellos se las ingenian para hacer gala de sus dones histriónicos o de su verbo mordaz mientras se dispara el flash. Al menos así quedó demostrado en este encuentro con Rolando Salazar, Claudio Nazoa y Kico Bautista, tres de los más reconocidos humoristas criollos que decidieron compartir con Estampas sus roles familiares a propósito del próximo Día del Padre. Entre toma y toma explicaron cómo hacen para ser la autoridad del hogar sin generar las carcajadas que los acompañan en sus horarios estelares.
Rolando
Salazar
Claudio
Nazoa
Kiko
Bautista
Una cosa seria
“Cuando Jesús muere y llega al cielo se encuentra con un viejecito de barbas blancas
y le dice: ‘Padre, he aquí a tu hijo’. El anciano
le pregunta: ‘¿Qué edad tienes?’, y Jesús le responde: ‘33 años’. Y prosigue el anciano:
‘¿Qué hacía tu padre?’. Jesús responde:
‘Era carpintero’. El viejito grita de alegría
y lo abraza eufóricamente: ‘¡Pinocho, hijo
mío!’”. Con este chiste sobre la paternidad Rolando Salazar comienza la entrevista.
Acaba de llegar de su trabajo en 93.5 FM,
en donde conduce el espacio Una hora
y parte de la otra. Después de unos minutos
de disertación política procede a explicar
su rol familiar, no sin antes prestarle atención
a su hijo Rolando Daniel, de 11 años,
quien le suplica que eche otro chiste que,
en estas líneas, no se puede reproducir.
Lo acompaña también Daniel Alejandro,
de siete años, y con evidente vena histriónica.
Así, mientras la madre acomoda a los pequeños para la foto, Rolando comenta: “Ser papá siendo humorista es la cosa más seria que me ha podido pasar. Uno tiene que encargarse de hacerles entender a ellos que, a pesar de que el oficio de uno tenga como materia prima a la risa, requiere de preparación, de estudio. Que el chiste tiene un contexto y un trasfondo y que la alegría es un estado privilegiado que congracia, compadece y concilia. Rolando Daniel ha entendido que el chiste es una manera de decir una verdad y que lo genial es que la gente se ría. Daniel Alejandro me hace reencontrarme con la infancia de Rolando Daniel, con esa condición tan ingenua, ocurrente y simpática de la que se goza a su edad, que es tan maravillosa. Juntos me han convertido en un adepto al videojuego. En eso podemos pasar horas enteras”.
Su propio escenario
Es evidente la influencia de Salazar en Rolando Daniel y Daniel Alejandro. El primero ya hace gala de algunas imitaciones famosas en el repertorio de su padre. Al segundo, la comicidad le sale natural. “Yo no los he inducido a la comedia. De hecho, los mantengo un poco al margen de mi trabajo”, aclara el padre, mientras Daniel
comienza a pedirles a los presentes: “Di chimenea, di chimenea”, en espera a que algún incauto caiga en la trampa del conocido juego de palabras. Rolando Daniel, de su lado, comenta: “Estar con mi papá es finísimo. Nunca me regaña, vale. ¿Por qué? Porque hago todas las cosas bien, como a él le gustan. Siempre jugamos fútbol y montamos bicicleta”. Daniel se une y expresa: “¿Que si yo le echo broma a mi papá? Bueno, más o menos”. Alguien asoma por ahí que Rolando Daniel es el más consentido de los dos hermanos, pero que también es el que siempre tiene que dar el ejemplo. “Los dos son tremendos, aunque Daniel está en una edad en la que está explorando todo y se pone más creativo”, comenta el artista. Entre otras distracciones los pequeños se ponen a imitar las voces de los personajes de los videojuegos que tanto comparten con su papá, disfrazándose y creando su propio escenario. El regaño es el último recurso y el castigo se evita a toda costa en esta familia, gracias a unos padres dados a la conversación permanente. Aunque parece que la madre es quien pone la disciplina si la rochela se desborda. “Por lo general, Daniel Alejandro me pregunta: ‘Papá, ¿me das permiso para decir una grosería?’. Y yo le digo: ‘Ajá, sí, dila’, entonces me sale con algún chiste picante o dice una que otra palabrota. Siempre trae una nueva. Yo le aclaro que eso no se dice y él me replica: ‘Pero te pedí permiso’.
El Día del Padre hacemos las cosas que a mí me gustan: paseamos en la motocicleta
o vamos a ver cómo vuelan avioncitos por Sartenejas. El regalo más grande es que ellos estén bien y que sepan que yo soy su amigo”.
Por las buenas o...
Claudio Nazoa hizo un stop en los ensayos del espectáculo Oscar Yanes, 80 años de humor y amor para asistir a esta cita. Fue él mismo quien propuso esta gráfica: “Quiero sentar a mis dos hijos en las rodillas”, comentó antes de iniciar la sesión. Todo un cliché de imagen paternal si los pequeños fuesen contemporáneos, que, como se ve, no es el caso. Al terminar la sesión, el orondo padre de familia comenta: “A mí todo me sale al revés, yo no quería ser ni humorista ni padre. ¿Regañar a mis hijos? ¡No! ¡Jamás! Yo les pego directamente. Bueno, le pego a Daniel que tiene 34. A la pequeña todavía no, tiene apenas tres años. Pero a Daniel sí le doy sus manos. Para él es un problema porque sale a la calle todo el tiempo moreteado y nunca se entera por qué, hasta que llega de regreso a la casa y le cae la locha. Cuando cumplió 12 años me dijeron que
no era hijo mío, pero ya le había agarrado
cariño... ¿qué iba a hacer? Con él comparto,
sobre todo, el gusto por la cocina. Y aunque
sea un pinche principiante ya andan diciendo
que sus panes de jamón son mejores que los míos, cosa que yo no creo.
La pequeña fue un accidente producto del uso del Viagra. Bueno, creo que
es obvio, la tuve 30 años después que al primero”.
Hay que oír a los niños
Daniel Nazoa, el primogénito en cuestión, director y productor audiovisual, desmonta con seriedad la anterior imagen pugilística. “Mi papá es un tipo bien buena nota, lo admiro muchísimo. Lo que pasa es que es muy poco comprensivo, más por su falta de paciencia que porque sea una mala persona. Lo quiere todo para ya y lo quiere perfecto. He tenido que lidiar con eso, aunque debo reconocer que esa característica suya es la que me ha hecho ser quien soy hoy en día. Compartimos la cotidianidad porque somos vecinos. Los fines de semana nos reunimos todos en familia con la abuela. Eso es lo máximo. Y bueno, tal y como él dijo: mis panes de jamón son mejores que los suyos. Eso es un hecho”. Por su parte, Valentina Isadora engloba todo en una frase: “Mi papá es bonito”. Mientras su papá le sopla: “Echale el cuento del papagayo”. El cuento del papagayo se resume a que la pequeña soñaba constantemente que ella volaba papagayo con su papá en un parque, hasta que su sueño se hizo realidad. Desde entonces el sueño dejó de ser recurrente. “Ahora sueño que montamos
a caballo”, dice Valentina en lo que pareciera ser una inteligente estrategia con fines no tan ocultos. Jeannette, la madre de la niña, comenta: “La primera palabra que ella dijo fue papá, lo cual me afectó muchísimo. Es que él se derrite por ella y ella lo adora. Tanto así que en estos días me dijo: ‘Cuando sea grande me voy a casar
con mi papá’”.
De lo más promedio
Raudo y veloz, debido a sus compromisos con
el programa Ni contigo ni sin ti, de Onda 107.9
FM, y con el late show Buenas Noches, de Globovisión, el periodista y humorista Kico Bautista también posó para este encuentro
junto a Diego, su hijo de 15 años. “Mi paternidad fue bastante planificada. Lucía, la madre,
incluso se informó sobre cómo
hacer para concebir un varón. Cuando me dijo que estaba embarazada me alegré muchísimo, era algo que estábamos esperando y estábamos preparados para ello. Siempre ha sido grato ser papá, yo no recuerdo algún instante en el que
yo no me haya sentido bien estando con mi hijo, compartiendo con él. Ahora que está
adolescente —ya razona gracias a Internet
y a la globalización— está muy bien informado
y habla de todo, eso es muy divertido e interesante, compartimos muchas ideas.
Está en una de las mejores etapas de su vida,
en esa en la que uno comienza a echarles
los perros a las muchachas. Cuando él estaba chiquito, yo trabajaba como secretario de redacción de El Nacional y llegaba muy tarde a la casa. Pero apenas entraba me daba cuenta de que él todavía estaba despierto, era muy inquieto. Y entonces yo aprovechaba para compartir con él a esas horas: lo montaba en el coche y lo paseaba por toda la sala. Luego, cuando comenzó a tener uso de razón, fui yo quien lo introdujo a los videojuegos, inventábamos proyectar el Playstation en la pared y allí pasábamos horas en esa suerte de home theater (risas). Por cierto, eso lo seguimos haciendo; tanto en casa de su mamá como en la mía contamos con nuestro teatro casero. Los domingos tenemos una cita fija para jugar cartas, dominó y comer parrilla junto al resto de la familia en casa de mi mamá. Físicamente es muy parecido a su mamá, pero de mí sacó el sentido del humor. Nunca discutimos. Sólo recuerdo haberle subido la voz una vez, en un viaje. Ahí sí lo regañé. No recuerdo haberle pegado, yo no soy de esos. A diferencia mía no le gusta mucho salir en público, tampoco quiere estudiar periodismo sino Administración o Economía, aunque sus rasgos humanísticos son más preponderantes que eso. ¿Yo, papá excéntrico? No. Soy de lo más normal, de lo más promedio”.
“Mi presencia es un regalo”
De Diego dicen que es más reservado que el padre, lo cual no anula la posibilidad de que haya heredado su sentido del humor. “¿Cómo es mi papá? Bueno, esa respuesta hay que reflexionarla porque mi padre es muy complejo. Eh... bueno, eso: es muy complejo, esa es la conclusión. Puedo decir, además, que es inteligente, cómico y relajado. No me regaña nunca. A diferencia de él, yo sí uso medias. Nunca me pondría unos zapatos sin medias, después me salen callos y voy a andar con los pies todos dañados. La única forma de que lo haga es que me ponga unas sandalias. No nos gusta celebrar el Día del Padre, son cosas de nosotros, nos parecen fechas muy comerciales. Además, yo todos los días le regalo algo: mi presencia (risas). Como verás, físicamente no me parezco a él en nada, ¡gracias a Dios! La gente me
dice que tengo sus gestos y que nuestro sentido del humor se parece. Ambos somos cinéfilos.
Nos encanta la ciencia ficción, aunque a él le gusta mucho Stephen King y a mí no. Disfruto más de películas como Blade Runner, 2001: Odisea del espacio y The Matrix. No me veo para nada siguiendo su carrera, no es un área que me interese. Yo soy
más bajo perfil”. •
pblanco@eluniversal.com
Ver también en Encuentros:
-Mi papá es un show
-El padre de los inventos
-Generaciones al día
-Regálale talento hecho en Venezuela
-Saludable a cualquier edad
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