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FOTO: shutterstock.com / szefei

Causas y tratamiento de la
CONJUNTIVITIS

Picor, ojos rojos, legañas, pestañas pegadas... parece que el niño tiene conjuntivitis. ¿Qué se hace en estos casos?

Todas empiezan de forma similar: el niño se queja de molestias en un ojo, como si tuviera algo metido en él, y la picazón le incita a rascarse. O, si es un bebé, parpadea mucho y lagrimea. Después el ojo enrojece y aparecen legañas blancas, amarillentas o verdes. Y en poco tiempo el otro ojo tiene los mismos síntomas. Incluso para los profanos en la materia, tiene toda la pinta de ser una conjuntivitis, pero ha de ser el pediatra quien lo determine.

La conjuntivitis es una inflamación de la membrana que recubre el globo ocular y los párpados. La irritación y el enrojecimiento que conlleva pueden deberse a muchas causas. A pesar de lo escandalosa que es, no suele ser grave y, por lo general, no altera la salud del ojo ni la visión, pero sí es bastante molesta y, muchas veces, contagiosa.

Cuando empiecen los síntomas hay que ir al médico, más si se trata de niños pequeños, ya que ellos no guardan las medidas higiénicas mínimas que requiere esta afección. A menudo al facultativo le basta la observación del ojo para determinar la causa que la ha provocado, aunque es habitual que se tome una pequeña muestra de la secreción para analizarla y establecer el tratamiento.

DIFERENTES CAUSAS
La conjuntivitis puede tener muchas causas, aunque la más común suele ser una infección. En este caso se trata de virus o bacterias que llegan al ojo por las manitas sucias del niño o a través de la nariz, después de un catarro. Hay que prestar especial atención a los lactantes con conjuntivitis. En ellos la trompa de Eustaquio (un tubito que conecta el oído medio con la parte posterior de la nariz), es muy corta, y por eso los gérmenes de la nariz pueden acceder a ella con mucha facilidad, lo mismo que por el conducto nasolagrimal (conecta la nariz con el ojo). Por esta razón, cuando un bebé tiene conjuntivitis, el pediatra valora si también tiene otitis, ya que ambas afecciones pueden ir unidas.


FOTO: shutterstock.com / VÍctor Polyakov

Otra de las causas más comunes durante la etapa infantil es la presencia de un cuerpo extraño en el ojo (arena, jabón, pintura...). Los niños se rascan los ojos con las manos tal como las tengan y es fácil que se irriten la conjuntiva y ésta se inflame. El viento fuerte, el polvo, el humo, el cloro de las piscinas y, en el caso de las mamás, el uso de ciertos cosméticos de poca calidad, también pueden originar una conjuntivitis irritativa, que suele mejorar con el lavado ocular y algún colirio analgésico (bajo prescripción del pediatra).

Tampoco hay que descartar la posibilidad de que la inflamación esté relacionada con una alergia. En ocasiones el primer síntoma de que el niño es alérgico al polen, al polvo o a los epitelios de animales es la aparición de una conjuntivitis acompañada de rinitis que mejora y empeora cíclicamente.

Por otro lado, existe una conjuntivitis específica del primer mes de vida del niño. Todos los bebés nacen con una inmadurez del conducto nasolagrimal. En algunos de ellos este conducto está más cerrado y no permite su aireación ni la evacuación de las lágrimas, que rebosan por el ojo y caen continuamente. Esta situación favorece las infecciones y la inflamación de la conjuntiva, causando la llamada "conjuntivitis del primer mes", que suele manifestarse entre el quinto día de vida y la novena semana.

Hasta que el conducto se abra, por su propio desarrollo o por la intervención del oftalmólogo, los padres deben colaborar masajeándolo. Así se mejora el drenaje y la limpieza del ojo. Además, han de estar muy atentos a la presencia de legaña abundante o párpados pegados, que indican infección.

Un dato a tener en cuenta: las conjuntivitis no producen fiebre, aunque sí es posible que al aparecer en el transcurso de una enfermedad, como por ejemplo un catarro, una otitis o el sarampión, la fiebre sea una de las manifestaciones que las acompañen.

Ante la sospecha de una conjuntivitis y hasta que el pediatra indique la causa, hay que ser muy rigurosos con la HIGIENE

EN GUARDIA Y AL MÉDICO
Ante la sospecha de una conjuntivitis y hasta que el pediatra indique la causa, hay que ser muy rigurosos con la higiene, ya que las infecciosas son muy contagiosas. Tanto es así, que es fácil que afecte a toda la familia o a los compañeros de clase. Por precaución, un niño con conjuntivitis no debe ir al colegio ni jugar con otros en la sala del médico.

En el caso de las bacterianas el pediatra indicará antibióticos para poner en el ojo. Para las víricas (salvo las relacionadas con el virus varicela-Zóster, para las que sí existe un tratamiento), sólo sirven los lavados y el uso de colirios analgésicos y lágrima artificial.

¿QUIÉN LE PONE EL CASCABEL...?
Lavados, gotas, pomadas... No duele, pero sí escuece y molesta. Y no todos los niños aguantan esto sin protestar.

Si tu hijo colabora pídele que, tumbado, eche la cabeza hacia atrás, mantenga el ojo abierto y mire hacia arriba. En ellos la medicación puede ser colirios y/o pomadas (hay que depositarla, a pulso, en el saco interior del párpado, sin tocar el ojo). Además, la pomada enturbia la vista y hay que esperar, sin rascarse, hasta que se distribuye el producto y la vista se aclara.

En los bebés hay que sujetarlos bien y en este caso es más fácil administrarles gotas que pomadas. Si el niño se pone muy nervioso, puedes hacerlo cuando esté dormido. Vierte dos gotas en el lagrimal, ábrele el párpado para que entre el colirio y mantenle la cabeza recta.

Recoge el sobrante con una gasita. Lo mismo con el otro ojo. Completa el tratamiento durante el tiempo indicado por el médico; suspenderlo cuando los síntomas cesan favorece que la conjuntivitis aparezca de nuevo.

Sea cual sea el medicamento que utilices, desecha el sobrante; estos productos, una vez abiertos, tienen una caducidad muy corta. Y, por lo demás, ánimo y mucha paciencia.


FOTO: shutterstock.com / Gorilla

Manten
LA HIGIENE

y evita que te contagie

Algunas conjuntivitis son muy contagiosas y es fácil que tu hijo te la pase a ti, y luego tú a él... Por eso te proponemos una serie de medidas higiénicas que pueden ayudarte...

• Lávate bien las manos antes y después de tocar su ojito enfermo.

• Manipula las medicinas con las manos limpias. Después de aplicárselas al niño, lávate las manos antes de ponerles el tapón y guárdalas en la nevera.

• Antes de ponerle la medicación, lava el ojo con agua tibia, con suero fisiológico, toallitas oftálmicas o soluciones para el lavado de ojos.

• Cuando le toques la cara o le limpies la nariz, lávate después las manos. La nariz está comunicada con el ojo malito.

• No acuestes al niño en tu cama ni le pongas sobre tu almohada.

• Si empleas pañuelos de papel, deséchalos al instante; dejarlos por ahí supone que alguien pueda tocarlos y contagiarse.

• Limitar los besos y los abrazos es una medida muy drástica, pero si acercan sus caras, conviene que luego te laves los ojos. Haz lo mismo si te toca los ojos.

• Él debe tener su propia toalla y ésta debe estar en un sitio fijo, no andar por toda la casa.

• No le dejes el babero puesto después de comer, ya que puede ser vehículo de transmisión de la conjuntivitis de un ojo a otro. O puede prolongar la que ya tiene.

• Utiliza una gasa para cada ojo.

© PRISACOM, S.A./HACHETTE FILIPACCHI. derechos de el universal. foto: archivo

 
 
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