MI mamá NO ES usual
¿Buscaría a sus hijos, al colegio, en patineta?, ¿les regalaría discos de vinilo?, ¿les enseñaría a tatuar?, ¿los arrullaría
al ritmo del rock?, ¿los montaría sobre una tabla de surf? Ellas, sí. Son madres atípicas que no pasan desapercibidas. Por: Pablo Ernesto Blanco Fotos: Natalia Brand
Combinar la preparación de biberones mientras se concibe una fiesta electrónica, cambiar pañales al ritmo del heavy metal, sentarse a hacer las tareas con los niños después de una larga jornada de tatuajes o echarse al mar a surfear con los pequeños luego de un largo recorrido en bicicleta montañera, son sólo algunas de las actividades que caracterizan al cuarteto de progenitoras que ilustra estas páginas. Se trata de mujeres con oficios y gustos no convencionales que, después de dar a luz, no han abandonado su original estilo de vida. Con su estampa y actitud rompen el estereotipo de la fémina de aureola bondadosa que, por estas fechas, aparece retratada en las clásicas tarjetas de felicitación, a propósito del Día de las Madres. Las reuniones de padres y representantes en el colegio se convierten en una suerte de prueba de aceptación social donde predominan dos tipos de personajes: quienes las miran como "bichos raros" y aquellos a los que les parece cool que ellas sean como son.
Se trata de Mariantonia Blanco, Dj y organizadora de eventos; Marilyn de González, tatuadora y publicista; Kisbeth Pulido, surfista y diseñadora de trajes de baño; y Auris Veliz, rockera aficionada y técnica superior en Administración de Aduanas. Helas aquí, hablando de sus cotidianidades y -cómo no- de sus críos.
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ELLA ES
Mariantonia Blanco, de 42 años,
fotógrafa, Dj, practicante de gravity (manejo de una gran patineta en bajadas) y asesora en el diseño de eventos, a través de su empresa Ludic (muy conocida en la escena electrónica local). Cuenta que, de jovencita, el matrimonio y los hijos no estaban en su mente como proyecto de vida. Pero el tiempo la contradijo: se casó y dio a luz a Emiliano, quien, actualmente, cuenta con cinco años. El divorcio la convirtió en una madre soltera que -a diferencia de
muchas- dice sentirse plenamente apoyada por el padre de la criatura. |
"YO NO SOY PAVASAURIA"
"Si bien Emiliano es la razón más importante de mi vida, nunca he querido dedicarme exclusivamente a la maternidad. No quiero terminar siendo una de esas mamás invasoras que no tienen nada más que hacer sino ocuparse de lo que está haciendo el carricito. Además, creo que la única forma de transmitirle una educación chévere a tu hijo es que tu propia vida esté llena de áreas distintas y que vaya más allá de seguir una telenovela. Emiliano comparte conmigo, entre otras cosas, mi gusto por la música. Hoy en día, además de coleccionar discos de vinilo, me pide que le grabe sus propios compilados con las canciones que a él le gustan, que van desde temas del músico francés St. Germain hasta la banda de indie rock estadounidense Death Cab for Cutie. Por otro lado, trato de que tenga mucho contacto social y siempre me lo estoy llevando a hacer turismo de aventura. Creo que todo eso lo llena de grandes aprendizajes. No en vano es muy buen estudiante y tiene un impresionante manejo del lenguaje para su edad. Además, le encanta leer.
Actualmente, he procurado pasar la mayor cantidad de tiempo con él sin desatender mis asuntos. Tengo reuniones de trabajo en la mañana y en la tarde lo llevo al parque y patinamos juntos. Sí, yo patino; de hecho, todos los días voy a buscarlo al colegio en patineta y nos regresamos en el Metro. Me recorro toda la Rómulo Gallegos, que tiene una pendiente súper cool. La escena de llegada a las puertas de la institución es lo máximo. Sus compañeritos son muy afines conmigo, imagino que dialogan con mi niño interior (risas). Ahora bien, frente a las otras madres, me siento como pez fuera del agua. Suelo llegar en shorts y zapatos vans y estas 'jevas' andan siempre 'peluqueadas' y son como aseñoradas, ¡siendo más jóvenes que yo! Algunas tratan de ser simpáticas conmigo, aunque les cuesta. Pero es que si hasta mis amigos me dicen 'pavasauria' por andar en patineta. Yo les respondo: 'pavasauria sería si usara la patineta para conseguir pareja'. Y, a mí, eso de andar rodando así, más bien me ha espantado los novios (risas)".
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ELLA ES
Kisbeth Pulido, de 35 años. Es abogada, pero, desde hace más de una década, está entregada a la pasión de su vida: el surf. El fitness le viene en los genes, casi toda su familia practica alguna disciplina deportiva. Desde que estaba pequeña, sus padres la inscribieron en toda clase de actividad física como natación y ballet clásico. Eso sin contar que ha esquiado en los canales de Higuerote desde sus siete años. Actualmente, es, además, bailarina del grupo Danza en Movimiento, de La Boyera, y diseñadora de su propia marca de trajes de baño, Acqua, que se distribuye en todo el país. Convertirse en mamá, a los 19 años, no la hizo modificar su dinámico estilo de vida; de hecho, sus hábitos deportivos fueron heredados por sus hijos: Rafael Alejandro, de 16 años, y Gabriela Valentina, de 11. Hace pocos meses se casó con el respetado surfista Gerhard Weil (fundador del colectivo de deportes extremos Zona Radical, con un espacio radial homónimo en La Mega 107.3 FM), quien también tiene una hija, de 12 años, dedicada al surf, llamada Valerie Cristina. Así pues, queda conformado un atlético núcleo familiar. Ambos se encuentran, hoy, llevando a cabo un campamento de surf para madres, que venían organizando desde hace unas semanas. |
"NO ESTOY LIBRE
DEL PREJUICIO"
"Durante mi embarazo no surfeaba, partiendo de que, en la gestación, si tú recibes un golpe, pues también lo recibe tu bebé. Pero nunca he dejado de ejercitarme. En ese entonces, por ejemplo, hacía yoga para embarazadas. Por lo general, el hecho de ser deportista me ha generado muy buena reputación. Viendo nuestra familia, otras madres siguen el ejemplo de inscribir a sus muchachos en alguna disciplina y algunas se animan también a ejercitarse y me piden orientación al respecto. Pero no estoy libre del prejuicio, ya que mucha gente ve el hecho de que yo sea surfista como una forma de no terminar de madurar. Y no me parece que crecer tenga que ver con abandonar tus pasiones. Cuando me entero de que una mujer de 70 años se inscribe en un curso de idiomas o decide formarse para ser chef, me contento. Eso es vivir.
Por otro lado, estoy consciente de que este deporte, muchas veces, es asociado al consumo de drogas, pero, con mis hijos, ya he conversado sobre eso y también sobre las relaciones sexuales. Manejo una gran libertad temática con ambos. También los fastidio hasta el cansancio para que se apliquen siempre protector solar y usen la vestimenta adecuada en la playa, por lo cual me dicen que 'ellos ya no son unos niños' (risas). ¿Una situación divertida? Cuando los llevo al colegio en moto, vestida con ropa súper sport. Todo el mundo se queda viéndome porque 'eso no es usual en una madre'. ¿Otra? Cuando pasamos un cumpleaños en la playa y yo les 'piloneo' las olas a todos ("pilonear", en el argot del surfista significa algo así como "colearse", quitarle la ola al compañero). Siempre soñé con pertenecer a una familia de surfistas y, como verás, el sueño se me hizo realidad. Sobre las olas el mejor aprendizaje es, literalmente, aprender a levantarse después de caer".
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ELLA ES
Auris Veliz, de 22 años. Es técnica superior en Administración de Aduanas, una carrera que apenas ha comenzado a ejercer. Si hay algo que la identifica es su fanatismo por las bandas de lo que se conoce como metal melódico. Según cuenta, entre sus favoritas se encuentran Tren Loco y Hermética, de Argentina, y Warcry y Tierra Santa, de España. Eso sin contar que adora los primeros discos de Metallica, el archiconocido grupo estadounidense de heavy metal. Hace un año y medio, producto de su unión con el bajista Javier Hernández, dio a luz a Ramsés Alejandro, un ser que cambió su rol social, pero no su costumbre de asistir a conciertos de rock y usar muñequeras de púas. |
"MEJOR ROCKERA
QUE REGGETONERA"
"Cuando salí embarazada, mucha gente dijo: 'a esta se le arruinó la juventud'. Y, por el contrario, mi hijo llegó como una bendición. Me cuidé mucho durante mi embarazo, pero eso no evitó que sufriera de lo que se conoce como preclampsia severa (aumento de la presión arterial que les ocurre a algunas mujeres en plena gestación). Mi bebé nació sietemesino y, después de tenerlo, pasé una noche entera en terapia intensiva. Estuve al borde de la muerte. Así que todo este proceso de convertirme en mamá me ha hecho valorar más la vida, me abrió los ojos. Más allá de estas reflexiones, el hecho de ser madre no hizo que yo cambiase mi estilo de vida. Soy rockera de corazón y si hay algo que me gusta hacer es asistir a toques y reunirme con amigos a hablar de los grupos que nos gustan. Sé que el rock tiende a asociarse a algo oscuro, y no gratuitamente.
Conozco rockeros que sí son como 'oscuritos' y andan en drogas. Pero no es algo con lo que yo comulgue. Y si bien la música que escucho está llena de descargas, las letras contienen mensajes positivistas y de crítica social, cero violencia; de hecho, mi hijo se queda tranquilito cada vez que pongo mis discos en la casa. Hay quien bromea diciéndome: '¿Y si a ese niño le da por ser reggaetonero teniendo dos papás rockeros?, ¿eso no sería como un castigo?'. Si le llegaran a gustar las melodías del reggaetón quizás no me alarmaría tanto, pero si se aprende las letras, lo sentaría a conversar sobre el tema. Me da risa que tantos hablen con espanto de los rockeros y se metan en una discoteca a bailar y cantar reggaetón. Porque esas líricas sí me parecen destructivas, aunque respeto que a muchos les gusten. En todo caso, ¿sabes qué sí me parece condenable? Que una mujer embarazada no sea rigurosa en sus controles médicos.
Mientras veía a mi hijo -durante un mes- dentro de una incubadora, me encontré con tantos bebés enfermos -a causa de los descuidos de sus madres durante la gestación- que me indigné muchísimo. Me da mucha rabia cada vez que veo a una mujer embarazada fumando, por poner uno de los tantos ejemplos de lo que no debe hacerse. Si me permites un consejo diría a las que están en la dulce espera: ¡Recuerden que ya no es una, son dos!".
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ELLA ES
Marilyn de González, de 32 años. Cuenta que se desveló muchas noches para obtener su título de técnica superior en Publicidad y Mercadeo. Pero, justo después de tal logro, descubrió su verdadera vocación: tatuar. Todo comenzó hace 15 años, cuando conoció a su actual esposo, Emilio González (una referencia obligada en Venezuela si de plasmar imágenes sobre la piel se trata). La pareja regenta, actualmente, la tienda Mithos Tattoo, de Sabana Grande (www.mithostattoo.com). Tiene dos hijos: Thorvald, de 10 años, y Shannon, de siete. |
"AUNQUE NO LO PAREZCA, SOY CONVENCIONAL"
"Cuando salí embarazada de mi primer hijo, mi cuerpo ya estaba tatuado por muchas partes. No me tatué durante la gestación y no lo recomiendo a ninguna madre, partiendo de que todo lo que tú sientes, el chamo lo siente. Dado mi oficio y el de mi esposo -que también es tatuador- es normal que se crea que somos una suerte de pareja liberal y permisiva con nuestros muchachos. Pero, contrario a lo que pudiera pensarse, yo represento el estereotipo de una mamá convencional: soy muy estricta con mis pequeños en lo que se refiere a los deberes escolares y domésticos. Si no han hecho la tarea o no han arreglado el cuarto, pues no hay Wii ni televisión ni paseos.
¿Qué tengo de atípico? Pues que me considero una mamá a la que sus hijos tratan como una pana más, ojalá no me equivoque. Mis chamos me lo cuentan todo y yo, a la vez, trato de hablarles de todo. Ya saben qué es la menstruación, para qué sirve un preservativo y los peligros del consumo de drogas. A muchos eso les horroriza, les parece que están muy chiquitos para abordar esos asuntos. Pero es que no quiero esperar a que un extraño converse sobre estos temas con ellos antes que yo.
No soy estricta, por ejemplo, en eso de mandarlos a acostar temprano. A veces, me quedo con ellos, hasta tarde, viendo televisión. Les explico por qué no pueden ver ciertos programas. Cuando les prohíbo hacer algo evito la frase: 'No, porque no'. No están tatuados (lo recomendable es hacerlo a partir de los 18 años). Y, a pesar de que ya le hicieron un par de tatuajes a su papá, no los estamos preparando para que se dediquen a lo mismo que nosotros; de hecho, el varón quiere ser veterinario y la hembra, cirujana. Respetaré lo que ellos decidan hacer con su vida, siempre y cuando no le hagan daño a los demás, tal cual como me lo enseñó mi mamá. Tengo una teoría: el que es buen hijo es buen esposo, buen padre y, en definitiva, buena persona. Y mis muchachos son dos buenos hijos".
pblanco@eluniversal.com
asistentes de fotografia omar viñas y anita carli
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