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CRÍMENES MAX HAINES

MUERTE
EN FAMILIA

El deseo de una mamá encarcelada resultó ser una orden mortal para su hijo

Algunas mujeres tienen un talento especial para meterse ellas y a sus familias en toda clase de problemas. Amelia Palwodzinski habría ganado un premio de la Academia si dieran un Oscar al mejor gran problema. Amelia vivía en Buffalo, algo que muchos consideran una clara desventaja. Tengan presente que nuestra cruel historia transcurre en 1950, cuando la actual atracción de Buffalo, ir de compras al otro lado de la frontera, no estaba de moda como hoy. Amelia residía en la sección de la ciudad plagada de maleza y de casas a las que se les caía la pintura, la que evitaban los turistas, aunque era hogar de muchos desafortunados.

El 8 de enero de 1950, Amelia tuvo una pelea con su segundo esposo, John. No me refiero a una discusión, sino a empujones y golpes. En plena batalla, ella divisó un cuchillo de carnicero en la mesa de la cocina; John lo vio al mismo tiempo. Tanto el hombre como la mujer corrieron a tomar el arma; John perdió la carrera. Amelia tomó el cuchillo y lo clavó en el pecho de su cónyuge. La hoja atravesó su corazón.

Con una frialdad glacial, Amelia llamó a la policía y les contó a los agentes su triste historia. Su hijo de su primer matrimonio, Harley LaMarr, de 19 años de edad, se enteró de la difícil situación de su madre. Harley estaba alterado, especialmente cuando supo que su progenitora se había declarado culpable de homicidio culposo y podía ser condenada a un máximo de 30 años de cárcel. Amelia sólo tenía un deseo, y era darle
a John un entierro decente. Harley miró a su madre a los ojos y le prometió que su padrastro no sería sepultado como un pobretón ni permanecería insepulto indefinidamente.

Dejemos a Amelia por un rato y vayamos al otro lado de la ciudad, al Buffalo de los ricos. Marion Frisbee vivía en una casa grande y agradable. Su esposo, Willard, era gerente de ventas de la compañía de agua Queen City Pure Water Co.

El sábado 11 de febrero de 1950, Marion había planificado una noche agradable en el Sandy Beach Yacht Club, en Grand Island, para ella y su familia. Desafortunadamente, Willard debió terminar algunos trabajos y no pudo asistir. Marion iba a recoger a sus padres, el señor Arthur Little y su esposa, en su edificio, ubicado a pocos minutos de su propia residencia. Luego irían a Kenmore para buscar a su cuñada, Helen Little.

El sábado 11 de febrero de 1950, Marion había planificado una noche agradable en el Sandy Beach Yacht Club, en Grand Island, para ella y su familia. Desafortunadamente, Willard debió terminar algunos trabajos y no pudo asistir. Marion iba a recoger a sus padres, el señor Arthur Little y su esposa, en su edificio, ubicado a pocos minutos de su propia residencia. Luego irían a Kenmore para buscar a su cuñada, Helen Little.

Marion esperaba con ansias a que se hiciera de noche. Sacó de su joyero sus costosos zarcillos de diamantes, los cuales combinaban con su reloj incrustado también de diamantes. Antes de terminar de vestirse, llamó a su madre para decirle que estaría allí en media hora. Unos 20 minutos después se puso su abrigo de piel de cordero persa, le gritó adiós a Willard y salió de la casa.

La madre de Marion se dirigió al vestíbulo de su edificio para esperar a su hija. Minutos después, Marion se detuvo en un semáforo justo frente al edificio de su progenitora. La señora Little dio media vuelta y usó el intercomunicador para decirle a su esposo que bajara, que Marion había llegado. Cuando volvió a mirar hacia la calle, su hija había desaparecido. No sabía qué pensar. Su esposo llegó y ambos esperaron en el vestíbulo. Llamaron a Willard. No, Marion no había regresado a casa. Llamaron a Helen en Kenmore. No, Marion no había estado allí. Willard Frisbee presentó una denuncia de persona desaparecida en la policía.

Ese domingo, la desaparición de Marion Frisbee fue la gran noticia del área de Buffalo. Antes de que terminara la mañana, un agricultor en Clarence, localidad ubicada a unos 16 kilómetros al este de la ciudad, se topó con el cadáver de la mujer. Había una perforación de bala en el centro de su frente. El asesino le había arrojado su abrigo de piel sobre el cuerpo. Su ropa estaba desarreglada, pero los zarcillos y el reloj de diamantes no habían sido retirados. Pese a que su vestido y su abrigo habían sido rasgados, Marion no fue atacada sexualmente. El estado de su ropa y la tierra removida le indicaron a la policía que la mujer luchó fieramente por su vida. La autopsia reveló que había sido asesinada con un proyectil de rifle calibre 32-20.

Poco después de que el cuerpo fue hallado, un hombre informó que un auto que correspondía con la descripción del vehículo de Marion estaba estacionado en el sector este de Buffalo, a muchos kilómetros de la escena del crimen. Dentro del auto, los detectives descubrieron el cinturón de un impermeable, una linterna, la cartera de la víctima y un viejo rifle Winchester recortado, que resultó ser el arma homicida.

Harley compró
las balas y se fue a la zona más adinerada para buscar una VÍCTIMA.
Vio a Marion Frisbee
en el semáforo...

Se consideraba que el rifle era la mejor pista. Las ferreterías del área en que se halló el auto fueron inspeccionadas. Efectivamente, los investigadores encontraron una tienda en la que el dependiente recordaba haber vendido balas para un Winchester calibre 32-20 el día del asesinato. El empleado recordaba al cliente porque el hombre había llevado el viejo rifle a la tienda a fin de comprar las municiones del calibre adecuado. Medía 1,80 metros, tenía el cabello negro liso y era de tez oscura.

La descripción del sospechoso le resultó familiar a uno de los oficiales. Coincidía perfectamente con el hijo de Amelia Palwodzinski, Harley. Pobre Amelia -las desgracias nunca vienen solas. ¿No tenía suficientes problemas sin que su único hijo fuera sospechoso de asesinato? Los detectives tocaron la puerta del humilde apartamento de Harley. Uno lo interrogaba mientras otro revisaba su impermeable; el cinturón no estaba. Se encontró una camisa ensangrentada colgada en un armario. Harley bajó la cabeza y confesó haber asesinado a Marion Frisbee.

Harley le dijo a la policía que había visitado a su madre en la cárcel y le prometió que haría todo lo que pudiera para ayudarla. Amelia sólo le pidió una cosa a su hijo. Quería que le diera a su esposo, a quien ella le había clavado un cuchillo, un entierro decente. Harley juró que daría una sepultura digna a su padrastro.

Después de salir de la cárcel, Harley pensó en cómo podría cumplir su promesa, dado que no tenía dinero ni medios para conseguirlo. Cuando vio el viejo rifle en medio del desorden de su apartamento, la idea de un robo le cruzó la mente.

Harley compró las balas y se dirigió a la zona más adinerada de Buffalo para buscar una víctima. Vio a Marion Frisbee detenida en el semáforo. Sacó el rifle, que tenía oculto debajo de su impermeable, y subió al auto a la fuerza.

Mientras le apuntaban a la cabeza con el rifle, Marion condujo hacia Clarence, donde le ordenaron que se detuviera. Harley le juró que sólo quería dinero para enterrar a su padrastro. Tomó la cartera de Marion. Fue entonces que ella forcejeó y el arma se disparó. Harley arrojó el cuerpo a la cuneta, lo cubrió con el abrigo y se alejó en el vehículo.

Los detectives estaban desconcertados. Si Harley pensaba robar a Marion, ¿por qué no le había quitado sus joyas de diamantes? Sencillo, explicó Harley. Sólo quería dinero para pagar el funeral. Los diamantes no le servían para nada. La cartera de Marion tenía la jugosa suma de seis dólares.

El 15 de mayo de 1950, Harley fue enjuiciado por asesinato. El jurado no creyó su historia del accidente; lo encontraron culpable y lo sentenciaron a la pena de muerte. El 11 de enero de 1951 fue una fecha importante en la vida de Harley. También fue su último día. Amelia, esposada, visitó a su hijo en la sección de condenados a muerte de la penitenciaría de Sing Sing. Le dijo a su madre: "No te preocupes, má". Pocas horas más tarde fue ejecutado.

Amelia tenía sus propios problemas. Pocos meses antes había sido encontrada culpable de homicidio culposo y sentenciada a 30 años de cárcel. Como dije al comienzo, era una mujer con grandes problemas. Su esposo y su hijo estaban muertos. Ella estaría en prisión por 30 años y, al final de todo, su cónyuge John fue enterrado en una fosa común.

Traducción: José Peralta.

Ilustraciones: David Márquez. davidmarquez@cantv.net

 
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