Cerca de la estación del Metro Bellas Artes. Al fondo Parque Central
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WILLIAM NIÑO ARAQUE
Cree que Caracas es una de las urbes más hermosas del planeta, de las más competitivas del continente, y única por El Ávila, inigualable jardín vertical
Por Johan M. Ramírez
Foto: Natalia Brand
"Esta es la ciudad de los próximos 25 años"
'De Caracas me gusta todo, las lluvias, las sequías, la expresión de los conflictos; aquí lo malo es transitorio frente al imperio de la belleza, la topografía, el clima, los vínculos con el mar, la proporción del valle, las plantas, el ambiente tropical-caribeño-de selva húmeda; eso determina que ésta sea una de las ciudades más bellas del planeta", dice, basado en argumentos y no en optimismos etéreos, William Niño Araque, arquitecto, investigador, curador de la Galería de Arte Nacional y Directivo de la Fundación para la Cultura Urbana.
"Caracas es única por tener, en pleno centro, un jardín vertical de 85 mil hectáreas (El Ávila). En el futuro será la única urbe del mundo con un parque de semejantes dimensiones", y agrega: "El punto es que ella es incomprendida por gobernantes y ciudadanos. Nadie entiende que sus decisiones diarias, su actitud de limpieza y civismo, podrían transformarla".
En tanto, su visión de la metrópolis contraría aquello de la sobrepoblación. Cree, más bien, que aquí cabe el doble de los habitantes, pero que estamos mal distribuidos, el "reino automotriz" invadió los espacios públicos y no hay un plan para reordenar una de las ciudades más competitivas de Latinoamérica. Y vuelve a romper con lo establecido: "Caracas no está mal planificada. De hecho, su proyección es magnífica y respeta las determinantes paisajísticas, geológicas y geográficas. Lo que está es mal dirigida y mal habitada, porque nadie reconoce su valor", cierra su caudal expositivo. Tras una pausa, mira fijamente y siembra la esperanza en el porvenir: "Esta es la ciudad de los próximos 25 años (…) Pero jamás hemos explotado nuestro atractivo turístico, histórico y cultural. Al contrario, van 30 años desde la inauguración del Metro y no ha habido acá otra acción importante, sólo deterioro. Necesitamos un nuevo impulso de renovación".
"Caracas no está mal planificada. De hecho, su proyección es magnífica... lo que está es mal dirigida y mal habitada, porque nadie reconoce
su valor" |
Lo mejor es que Niño Araque no se quedó en lo abstracto sino que planteó ideas concretas: hacer de La Guaira parte de Caracas, con accesos desde Guarenas y Guatire; convertir el frente marítimo -Macuto, Caraballeda, Naiguatá
y Los Caracas- en una espléndida terraza de ocio y placer; decretar días de parada; construir ejes dimensionados de transporte público; eliminar el paradigma del consumo de energía y motivar a caminar por las calles; quitarle espacios al carro particular; convertir La Carlota en un parque a toda costa; hacer del eje Sabana Grande-Los Caobos un ombligo para la ciudad, cerrándolo al transporte privado y abriéndolo sólo al público con prioridad al peatón; construir un marco de viviendas en el Parque Vargas para que no dependa sólo de eventos culturales; intervenir los cerros con más metrocables; redimensionar Petare y hacerlo parte de nuestro patrimonio; sacar el comercio de los malls y fomentarlo a lo largo de las avenidas, en la ciudad histórica, la de la vida, la gastronomía y el enamoramiento. "¡Tenemos tantos desafíos factibles! Pero si no los cumplimos, Caracas será castrada", alerta.
Por eso se debate entre sentimientos encontrados, una tristeza ilimitada ante la realidad y una alegría inmensa por la fe en el mañana. Pero más puede el entusiasmo, y se imagina con emoción la ciudad del año 2060, esa urbe silenciosa, climatizada, reencontrada con la calle, horizontal -más nunca vertical-, compacta, erótica, resuelta con el mar, llena de árboles centenarios, con edificios de los cincuenta; una Caracas dispuesta sin discriminación para los niños y los jóvenes, la gran metrópolis del futuro, la más hermosa de la Tierra.
johan_ramirez3@hotmail.com
Asistente de fotografía: Anita Carli
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