| Madre célula
Una
nueva esperanza para la curación de enfermedades como
la leucemia o inmunodeficiencias congénitas se encuentra
en
la sangre contenida en el cordón umbilical y placenta de
los recién nacidos. La terapia, aun incipiente en Venezuela,
tiene comprobada efectividad a nivel internacional. Idalia
De León
Y pensar que el remedio a muchos de
nuestros males estaba dentro de nosotros mismos. La utilización
de la sangre de cordón umbilical con el fin de regenerar
células enfermas se está asumiendo, cada vez más,
como una esperanza de vida para quienes padecen de enfermedades
graves, en las que la ciencia no había asomado alguna posibilidad
de cura. Padecimientos como diabetes, mal de Parkinson, leucemia,
cáncer, enfermedad de Alzheimer, podrían vislumbrar,
efectivamente, una luz al final del túnel. Un informe publicado
recientemente en el diario El Mundo de España, señala
que “El número de trabajos de investigación
para determinar la capacidad terapéutica de las células
madre es proporcional a las esperanzas puestas en ellas”.
Ciertamente, la ciencia médica se encuentra recorriendo una
desesperada carrera para lograr la curación de aquellas enfermedades
que se caracterizan por la muerte de las células. En este
sentido, la utilización de las llamadas células madres
se presenta como una esperanza.
Las células madres tienen la
capacidad de formar células sanguíneas (que dan origen
a la sangre) y al sistema inmune. Sin embargo, también se
ha visto que pueden dar origen a otras células distintas
a la de las sangre. La plasticidad que han demostrado estas células
permite a la ciencia augurar su eficiencia en órganos como
riñón, cerebro e hígado, por sólo mencionar
algunos. Específicamente, la experiencia ha demostrado que
las células madres son capaces de producir tejidos en el
miocardio y formar nuevos vasos sanguíneos.
Pero el camino a transitar en relación
con la utilización de las células madres está
en plena evolución; lo que constituye una realidad en este
momento es el trasplante de médula ósea utilizando
células del cordón umbilical de los recién
nacidos.
El primer trasplante de este tipo se
realizó en Francia en 1988. El paciente, un niño de
cinco años que padecía de anemia de Fanconi, recibió
células madres del cordón umbilical de su hermana
que nació por esos días. El chico reaccionó
favorablemente al tratamiento que se convirtió en pionero,
y en el modelo para que otros países se acoplaran a la nueva
ola de esta medicina.
De hecho, desde 1996, en España
se decretó que la sangre de cordón umbilical no es
de desecho, sino que es un producto que tiene importancia dentro
del programa de trasplante de órganos. En este sentido, el
gobierno implantó políticas de salud orientadas a
desarrollar este sistema de trasplante. Más adelante, en
1999, Brasil creó un decreto para reglamentar lo correspondiente
a trasplante de médula ósea y sangre de cordón
umbilical, al tiempo que abrió tres centros públicos
de cordón, uno en Sao Paulo, otro en Rio de Janeiro y otro
en Curitiba. En México, ya se han hecho tres trasplantes
utilizando “el programa nacional de sangre placentaria”;
en Estados Unidos existen múltiples unidades, siendo la más
grande e importante la ubicada en Nueva York. Australia e Inglaterra,
también forman parte de la corriente.
Por la riqueza que tienen las células
madres, refiere Francisco Ramírez, pediatra y hematólogo
de la Unidad de Trasplante de Médula del Hospital de Clínicas
Caracas, poseen una connotación muy importante dentro del
área de trasplante. Son células que tienen mejor tolerancia;
además, mantienen una vigilancia inmunológica ante
los defectos del huésped. Esto quiere decir que, unido a
la quimioterapia que recibe el paciente para destruir la enfermedad,
las células madres trasplantadas actúan como vigilantes
dentro de este nuevo sistema inmunológico para atacar la
enfermedad y lograr la curación. Por otro lado, esta sangre
del cordón al ser bien seleccionada y estudiada, está
libre de transmitir alguna enfermedad.
Hay
dos tipos de trasplante de médula ósea, explica Humberto
Caldera, también de la Unidad de Trasplante antes mencionada.
Uno de ellos consiste en colocar al individuo sus propias células,
procedimiento que recibe el nombre de trasplante autólogo.
El otro método se denomina alogénico, y es cuando
se utilizan las células de otro individuo. En este caso,
generalmente, se busca como donante de médula ósea
a un hermano del paciente que sea compatible. “Cuando no se
tiene un hermano afín genéticamente, los esfuerzos
se orientan a ubicar un donante, mediante un sistema conectado a
nivel mundial. En el caso del cordón umbilical, el procedimiento
es similar, pues los bancos internacionales hacen estudios de histocompatibilidad
a cada donación, lo cual facilita el trabajo de ubicar y
suministrar el tipo de sangre, solicitado”, explica Caldera.
El procedimiento consiste en hacerle
a la madre una evaluación para detectar si no tiene enfermedades
transmisibles, ni hereditarias, ni adquiridas. Llegado el momento
de dar a luz –vía parto normal o cesárea–,
el equipo técnico realiza una ligadura del cordón
y toma la muestra, garantizando siempre que quede suficiente sangre
en la placenta. Esa sangre que, por regulaciones internacionales,
debe ser mayor de 80 cc., se somete a un estudio para detectar la
concentración de células madres contenidas en ella,
y congelarla antes de haber transcurrido 40 horas, en máquinas
de criopreservación.
Harry Goldsztajn, hematólogo
y oncólogo del mismo equipo, explica que el trasplante propiamente
dicho consiste en trasplantar las células madres e introducirlas
en el paciente, quien previamente ha sido sometido a un tratamiento
de quimioterapia para destruir las células enfermas, procedimiento
que no se prolonga por más de una semana. Después,
al igual que una transfusión, se colocan las nuevas células
que, a través del torrente sanguíneo, llegan a la
médula donde se anidan y empiezan a crecer. Si son células
del mismo paciente no se produce rechazo; en cambio, si es de un
hermano, al paciente se le administra un medicamento inmunosupresor,
por unos seis meses, para, en un principio, evitar el rechazo.
“En el caso de Venezuela, existe
un banco de cordón umbilical de carácter privado (Cryo
Blood Bank), pero aunque no somos opuestos a este tipo de servicios,
somos partidarios de aquellos de carácter altruista, a los
cuales pueda tener acceso cualquier paciente”, señala
Caldera. “Que sepamos, en los banco de cordón umbilical
privados la sangre que se guarda es de uso exclusivo de quien la
deposita, para la cual paga una tarifa por su mantenimiento, ante
la eventualidad de que el bebé o algún familiar lo
llegue a necesitar en el futuro, lo cual, por cierto, es muy poco
probable. De manera que, lo ideal es que esa sangre está
a la disposición de las diferentes clínicas y hospitales
del mundo”.
En este sentido, agrega Ramírez,
este tipo de banco de carácter altruista, tendría
que ser regido por alguna Organización No Gubernamental,
y debería ser decretado y reglamentado por el Ministerio
de Salud, para que pacientes con enfermedades congénitas,
metabólicas, de tipo anémico o leucemia, puedan tener
acceso a él. Este mecanismo, también debería
formar parte de un programa de cordón umbilical. Como bien
puede advertirse, el camino está en plena evolución
l
ideleon@eluniversal.com
| Un caso venezolano |
En
2001, se realizó en Venezuela el primer trasplante
de células madres extraídas de un cordón
umbilical. La beneficiaria de esta intervención fue
una niña de seis años, quien padecía
de leucemia mieloblástica aguda secundaria, la cual
surgió dos años después de haber superado,
gracias a un tratamiento de quimioterapia, una leucemia linfoblástica
aguda. La oportunidad que le quedaba a la pequeña,
en esta oportunidad, la ofrecía un nuevo tratamiento
que, habiendo sido probado exitosamente en otros países,
nunca se había aplicado en Venezuela. El tiempo se
convirtió en un factor en contra debido a que la enfermedad
avanzaba rápidamente y no se podía esperar para
ubicar un donante de médula ósea y cumplir con
los trámites correspondientes. Así las cosas,
se procedió a ejecutar el trasplante de sangre de cordón,
procedente del Banco de Sangre de Cordón Umbilical
de Nueva York. La intervención, la ejecutaron los especialistas
Luis Humberto Caldera, Harry Goldsztajn y Francisco Ramírez,
de la Unidad de Trasplante de Médula del Hospital de
Clínicas Caracas, y Ely Benaim, médico que se
trasladó desde el Hospital St. Jude (Menphis), para
estar presente en el proceso de trasplante, el cual se hizo
con el financiamiento de la Fundación Unidad de Trasplante
de Médula Osea del Hospital de Clínicas (Fundamédula),
y el Fondo Unico Social. Y en el país no podía
ser de otra manera, pues una operación de ese calibre
cuesta en Estados Unidos, unos 300 mil dólares. Acá,
hace tres años, significó la erogación
de 90 mil dólares. Este hecho, sin precedentes en Venezuela,
tuvo, sin embargo un desenlace no esperado. La pequeña
falleció debido a que la enfermedad que padecía,
leucemia, reapareció para esta vez no dar chance a
una nueva oportunidad.
En Caracas existe una unidad de trasplante y funciona en
el Hospital de Clínicas Caracas. Igualmente, existen
centros en el mundo que están autorizados para hacer
este tipo de trasplantes. |
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