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Belleza brutal

Hay algo en Inglaterra que instiga a cometer crímenes poco usuales, incluso entre los americanos visitantes. Max Haines

JOYCE MCKINNEY era única. Fue acusada de raptar y obligar a un misionario mormón a tener sexo con ella.

Joyce fue criada en Minneapolis, Carolina del Norte. Se graduó del Instituto de Enseñanza Secundaria Cranberry en 1967 y siguió con su educación en la Universidad Estatal de East Tennessee, donde obtuvo su título. Joyce recibió un master de la Universidad de Tennessee, después de lo cual siguió estudiando en la Universidad de Brigham Young en donde esperaba obtener su doctorado.

Estos fríos logros académicos fallan a la hora de reflejar un retrato completo de la bella rubia. Joyce se presentó a concursos de belleza y ganó varios de ellos. Su mayor logro en este campo fue ganar el título de Miss Wyoming y participar en el consurso de Miss Mundo.

El primer amor de Joyce fue Wayne Osmond. Sí, Osmond de la famosa familia musical. Mientras Joyce estudiaba para su doctorado en la Escuela de Teatro y Artes Cinematográficas en Brigham Young, también perseguía a Wayne. Se volvió muy pesada siguiéndole a todas partes. Wayne, como todo el clan Osmond, tenía que lidiar con los fanáticos, que siempre se sienten enamorados de los famosos. No existe gran evidencia de que él se diera cuenta de la existencia de Joyce.

Después la rubia conoció a Kirk Anderson. Ella llegó en su Corvette a una heladería en Provo, Utah. La naturaleza siguió su curso y antes de lo que se puedan imaginar, Joyce y Kirk tenían relaciones íntimas. La pareja se distrajo un día y el padre de Joyce los pilló “in fraganti”. Joyce se sintió muy herida cuando Kirk le informó que todo había sido un terrible error y que el supuesto compromiso no oficial se daba por terminado.
Sin llegar a las profundidades de las creencias religiosas mormonas, es seguro afirmar que la iglesia prohíbe el sexo antes del matrimonio. También prohíbe fumar y beber alcohol, antes y después del matrimonio. Es una religión estricta. A Kirk le carcomía la culpa por la forma tan terrenal en la que había sucumbido ante Joyce.

Como mormón practicante que estaba a punto de embarcarse en dos años de trabajo misionero, estaba profundamente alterado. La cuestión tomó un giro de urgencia cuando Joyce le expresó su amor eterno al ahora reacio Kirk. También le informó a través de su abogado que estaba embarazada y que se moría por casarse con él. Esta situación bastante tensa se alivió cuando Joyce declaró haber sufrido un aborto natural.

Todos estos detalles de mal gusto se vuelven importantes en cuanto a los eventos futuros. Kirk consultó a su obispo, quien le sugirió que hiciera su trabajo misionero en Londres, Inglaterra, lo mejor para darle la espalda a Joyce. Pero ni Kirk ni el obispo contaron con la pasión y tenacidad de Joyce.

Durante tres años, Joyce esperó a su verdadero amor. Durante este tiempo, conoció a Keith May y le contó lo de su profundo amor hacia el reacio mormón misionario. Keith, de 21 años, sugirió que él podría ser un sustituto adecuado para Kirk, pero Joyce, de 27, no lo quiso escuchar.

Además, planeaba viajar a Inglaterra para recuperar su antiguo amor. Keith podía acompañarla para ayudarla a convencer a Kirk de su error.

Así es como Joyce y Keith terminaron en Inglaterra. Joyce había planeado fríamente su ataque. Tenía una réplica de una pistola Colt .38, una botella de cloroformo, esposas, un par nuevo de zapatillas, y la colcha usada como accesorio años antes, cuando Kirk había tenido su encuentro amoroso con ella en Utah.

También compró una grabadora con música romántica, una cama nueva y un refrigerador. Fuera lo que fuera que Joyce tenía en mente se iba a realizar con cierto grado de comodidad. Compró sábanas para la nueva cama y las mandó a bordar. Compró pijamas para Kirk y un camisón sexy para ella. Alquiló una casa de campo aislada en Devon. El escenario estaba listo.

Con la ayuda de Keith, Joyce obligó a Kirk a meterse en un auto que estaba en la puerta de la iglesia mormona de Banstead Rd. en Epsom. Apuntándole con el arma le metieron en la casita de campo en Devon. Los oficiales mormones informaron rápidamente que uno de sus misioneros había desaparecido.

¿Qué ocurrió en la casita de Devon durante esos tres largos días? Cuando la policía oyó los detalles, pensaron que ojalá hubieran tenido ellos tanta suerte. Un magistrado estaba tan intrigado que fracasó a la hora de escuchar las objeciones del abogado en la corte. El público inglés hacía cola en las plantas de salida de los periódicos. No podían esperar que los diarios llegaran a los kioskos con los detalles jugosos.
Dos días después del misterioso fin de semana prolongado, Joyce McKinney y Keith May fueron arrestados y culpados de rapto y llevados a prisión. El aguafiestas de Kirk había corrido a la policía y les había contado que había sido raptado, esposado, atado a una cama y abusado sexualmente por Joyce.

En noviembre de 1977, Joyce y Keith se enfrentaron a la audiencia preliminar. Joyce contó todo en su estilo inimitable. Revisó su historia de cómo amaba fervientemente a Kirk y cómo había tenido relaciones íntimas con él en Utah, para después seguirle hasta Inglaterra. Ella culpó a los mormones de volver a su amor verdadero contra ella. Explicó que en Provo, Kirk había sido el agresor. Después de todo, ella entonces había sido Miss Wyoming. “No tenía que rogar por los servicios de los muchachos”, dijo.

Según Joyce, no hubo rapto alguno. En el viaje de Londres a Devon, ella y Kirk se abrazaron y besaron bajo una manta. ¿Por qué llevaba ella la botella de clorofromo? “Simple”, explicó Joyce. “Para mi propia protección, por si los mormones me perseguían”.

Kirk tenía una versión bastante diferente. Declaró que Keith, haciéndose pasar por un futuro convertido, le llevó a punta de pistola fuera de la iglesia. Una vez en el vehículo, Joyce le puso una manta sobre la cabeza. Sólo se la quitaron cuando ya estaban dentro de la casa en Devon. Joyce le dijo que aún le amaba y que no quería otra cosa en su vida más que casarse con él. Esa noche él y Joyce se quedaron en la misma habitación, pero no sucedió nada de naturaleza física.

A la mañana siguiente, Keith May le ató a la cama. ¿Por qué no se escapó durante la noche? Kirk dijo: “Pensé en escaparme, pero realmente no sabía dónde estaba. Decidí que si intentaba cooperar y ganarme su confianza, sería capaz de conseguir que me liberaran”.

Kirk le contó a la corte que Joyce le estaba reteniendo por un rescate novel. Le tendría que dar otro bebé. Kirk prosiguió: “Esa noche la pasó conmigo en la cama. La besé y la sostuve en mis brazos. Pero no ocurrió nada más. Estaba intentando cooperar”.
La tercera noche, confesó, fue forzado a tener relaciones sexuales con Joyce. “Ella llevaba puesto un negligé. Se acercó a mí mientras yo descansaba en la cama”.
Inicialmente Kirk se negó. Keith May entró en la habitación y, usando cadenas, cuerdas y esposas, le amarró a la cama. Salió del cuarto. Joyce inició su trabajo en el pobre Kirk y el hecho fue consumado.

Joyce vio las cosas de forma muy diferente. Ella afirmaba que Kirk sabía todo el tiempo que las armas que usaron para obligarle a llegar a la casa eran falsas. Y en cuanto a hacer el amor en la casa de Devon, dijo: “Hicimos el amor varias veces en la casa. Si no le gustaba, por qué no se marchó hasta la casa de los vecinos de arriba para decirles: “Perdone, hay una chica en la casa de al lado que me ha raptado. Me está cocinando un pastel de chocolate y me está haciendo el amor”.

Joyce respondió su propia pregunta: “Porque nadie le hubiera creído. Hubieran pensado que era un idiota”. Joyce subrayó lo obvio. Ella pesaba 50 kilos; Kirk unos 110. Según explicó ella: “Venga, ¿quién engaña a quién?”

Joyce se presentó voluntaria para declarar: “Creo que debo explicar la unión y adicciones sexuales de Kirk”. Se le pidió que explicara. “Kirk tenía que ser atado para llegar al orgasmo. Cooperé porque le amaba y le quería ayudar. Atarle sexualmente le excitaba porque así no se sentía culpable. Me gustaría destacar que llevé a cabo una escena de atadura sexual dirigida por el señor Anderson. Gradualmente quitas las cuerdas hasta que puedes hacer el amor normalmente”.

Joyce era un personaje, y los ingleses adoraron cada minuto de su recital de historias. El drama de la belleza rubia que ató a un amante misionero viajó alrededor del mundo.

Joyce declaró: “Amaba tanto a Kirk que hubiera escalado desnuda el Monte Everest con un clavel en mi nariz”.

Los magistrados que presidían el caso aclararon sus gargantas y enviaron a Joyce McKinney y Keith May para ser juzgados en el Old Bailey de Londres. Se les liberó bajo fianza. Tras pasar dos meses en la cárcel, los dos estadounidenses habían conseguido alcanzar un estatus de celebridades. Inglaterra no podía esperar para que Joyce fuera el centro de atención en el Old Bailey.

Pero nunca sucedió. Poco antes de ser citados ante la corte, los dos acusados, haciéndose pasar por sordomudos, se saltaron la fianza y escaparon a Estados Unidos. Después de mucho debate, se decidió que Inglaterra lo dejaría pasar. Los dos prófugos de la justicia no serían extraditados. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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