Carolina Herrera
En privado
Tiene sentido
del humor,
es sensual
y muy divertida.
Encarna los
valores de la
mujer CH,
a quien dedica
ahora su último
perfume
Por Marta michel
Su vida transcurre entre Madrid, Nueva York y Extremadura, en España. En la finca Los Guateles, una inmensa hacienda situada en Aliseda (Cáceres), a los pies de la Sierra de San Pedro, Carolina disfruta de sus momentos más íntimos con su marido, el famoso torero Miguel Báez, El Litri, y sus hijos, Olimpia y Miguel, Ban-Ban (sí, como el pequeño de Los Picapiedra, "es que es un poco cavernícola", bromea su madre). Entre toros bravos, alcornoques y eucaliptos es donde la mujer que se enamoró de un matador y dejó la alta sociedad neoyorquina para empezar una nueva vida en España se siente más a gusto. Dispuestos a compartir con ella un día familiar en el campo español nos reunimos en Rocamador, un precioso hotel monasterio, propiedad de sus buenos amigos Lucía Bosé y Carlos Tristancho. Allí nos habló con pasión de su último trabajo: CH. No en vano es la fragancia que resume los recuerdos y emociones de sus 38 años.
Mi vida en extremadura
¿Cuál es el olor que más te agrada?
"El de la lluvia, los perros, el jazmín, la gardenia... y el olor de mis hijos recién bañados. ¡Pero estos acordes no son los del perfume! (se ríe)".
El campo español forma parte de los paisajes olfativos de CH, ¿qué elementos te han inspirado?
"Es más bien figurativo, no tanto un paisaje concreto... El jazmín, por ejemplo, que es muy mediterráneo".
¿Te ha sorprendido esta región?
"Sí, porque pensaba que era llana. Me encanta su horizonte. El paisaje que veo desde mi casa tiene múltiples relieves. Llegar aquí es espectacular".
¿Cómo es Aliseda?
"Es pequeño y muy acogedor. Por las tardes, los señores mayores están en la plaza sentados con sus sombreros".
¿Haces vida en el pueblo?
"Sí, sí. Vamos al videoclub, a la farmacia, a misa... Nos encanta hablar con todo el mundo, con el cura, que es el que bautizó a los niños, la empleada de Correos...".
Mi papel en Carolina Herrera
Hace diez años que empezaste tu colaboración en la empresa con 212, una fragancia muy neoyorquina. Esta nueva, CH, ¿refleja tu madurez?
"El primero era muy del momento de Nueva York, y éste resume mis vivencias de ahora hacia atrás, es un poco nostálgico, pero de una nostalgia moderna".
¿Tienes un don especial para los olores?
"No creo. Trabajo mucho con el instinto aunque también he aprendido de los narices profesionales. Ahora soy capaz de poner adjetivos a aromas, que van más allá de dulce, fresco, fuerte, amargo... y a reconocer otros matices".
¿Qué papel juegas en el negocio familiar? ¿Es el puesto que habías deseado?
"Nunca pensé que terminaría trabajando con mi madre. Hice cine hasta hace cuatro años, así que no ha sido 'quiero dedicarme a algo, a ver, mami, dame un empleo'. Todo empezó porque me llamaron para ver si colaboraba en un perfume nuevo, que fue 212, y esa relación funcionó. Vieron que yo podía representar otra parte de la historia de Carolina Herrera".
¿Y a ti te gusta trabajar con la familia?
"Sí, no me siento obligada a ello".
¿Tienes que rendir cuentas a tu madre?
"No. Hablamos todos los días y si tengo que decirle algo de trabajo, lo hago, pero yo me relaciono con ella como mi mamá, nunca como Carolina Herrera, ni siquiera cuando hablamos de un perfume".
¿Son muy unidas?
"Sí, cuando está en Nueva York y suena el teléfono en Madrid a las cinco de la tarde, sé que es ella, se está despertando y me pregunta cómo estoy, qué hago... Cuando está en España, en la misma franja horaria, me llama por la mañana, por la tarde y por la noche (carcajadas)".
¿Te sientes libre para crear? ¿Cuáles son los límites?
"Me siento libre para decir todo lo que quiero y los límites que me imponen son económicos. Hay veces que deseo realizar algo que se puede lograr artesanalmente, pero no se puede producir. O, en el caso de los perfumes, porque el nariz sabe que esa mezcla no es la adecuada...".
¿Cuánto tiempo le dedicas al trabajo?
"Cuando tengo un lanzamiento es intenso, tres meses, pero, en otros momentos, hay entrevistas en revistas, sesiones de fotos, aunque no es a diario. ¿Ir a una oficina? ¡No! Lo he hecho, pero ahora mismo que tengo familia y la suerte de ejercer este trabajo no me gustaría para nada".
Mi etapa española
¿Cuánto tardaste en decidir instalarte en España?
"Fue gradual. Vine a hacer un documental, y antes de casarme ya estaba viviendo aquí y tenía mi apartamento; lo que me encanta, porque es algo que yo hice y después vino todo lo demás. No tuve que mudarme por..., aunque lo hubiera hecho encantada".
¿Qué echas de menos de la vida que tenías en Nueva York? Figurabas en las listas de las jóvenes neoyorquinas que frecuentaban las fiestas más exclusivas.
"Sólo el día a día con mis amigas de toda la vida. Pero tampoco tanto porque estamos continuamente en contacto. Voy mucho a Nueva York, y con toda la familia lo hago un mes al año, entre noviembre y diciembre. Por regla general, voy yo primero con los niños y luego viene Miguel".
Le conociste rodando tu documental sobre el mundo del toro.
"No tuvo nada que ver con el documental, me lo presentaron en aquel momento, pero ni lo filmé ni nada. Fue una coincidencia".
¿Lo de ustedes fue un flechazo?
"No, porque nos conocimos y hasta tres años después no empezamos a salir. Nos volvimos a encontrar y ahí fue cuando hubo flechazo. Lo que se llama el timing, o sea, el momento adecuado".
Proceden de mundos muy diferentes…
"Eso es bueno porque él aporta y yo aporto. Nos ayuda a ser más tolerantes. Para una neoyorquina casarse con un torero sería un crack. Cuando vino la primera vez a Nueva York conmigo, él ya conocía la ciudad de sobra...".
Y ahora ¿cuál dirías que es tu plan más divertido?
"Quedarme en casa. Antes me encantaba ir en auto con Miguel por la costa y parábamos en cualquier parte, pero ya no lo hacemos porque los niños son muy chiquitos. Nos encanta improvisar, tanto es así que el destino del viaje de novios lo decidimos en el aeropuerto. Allí mismo compramos los billetes".
Un estilo nada formal
Te gusta el look desenfadado…
"Sí. No me gusta estar uniformada a la moda y siempre mezclo ropa de H&M, por ejemplo, con otra de marca. El total look me espanta. Compro un bolso cinco años después de salir. Ése que en la revista ponen out es el que llevo (grandes carcajadas). No estoy superobsesionada con la ropa, aunque me encanta".
¿El colmo del estilo?
"El estilo es más cómo caminas y cómo te sientes. Y, desde luego, menos es más".
¿Tus prendas básicas?
"En invierno, soy muy de jeans. En verano, me pongo muchísimos vestidos".
Si tuvieras que darte un lujo...
"Alquilaría un velero para ir con mi familia y mis amigos una semana por el Nilo. Sin teléfono ni correo electrónico".
Así son Olimpia y Miguel
"Olimpia tiene dos años y es muy independiente y femenina. Siempre le he hablado en español, pero he empezado a hacerlo en inglés y me dice: 'English no, mami'. Aunque es muy pequeña, ya va a la guardería, así que a partir de ahora nos tocará estar más tiempo en Madrid. Miguel tiene un año y le llamamos Ban-Ban porque se parece un montón al niño de Los Picapiedra. Es como cavernícola, sólo le falta el garrote. Desde que soy madre ha cambiado mi ser, me he vuelto más miedosa. Ellos son las personas a las que adoro incondicionalmente, ¿lo obvio, no?".
Mi último accesorio
¿Podrías definir el perfume CH en pocas palabras?
"En cuatro: moderno, dulzón, gustativo y sensual".
¿Por qué su caja es una pequeña sombrerera?
"Porque queríamos algo redondo. Cuando se crea
un perfume, se elabora un guión que sirve para que
todos los que participamos en el proyecto estemos
en la misma página. Si se habla de algo redondo,
uno puede imaginarse una pelota, otro una bola
de billar, otro la luna... Entonces, para darle
contundencia, una visión concreta, pensamos
en la sombrerera. Además, es algo conectado
a la moda y los accesorios".
¿Quieres conquistar con él a las mujeres
de tu generación?
"Yo siempre digo que
el perfume está hecho
para quien le guste.
La mujer CH tiene sentido
del humor, es divertida
y segura de sí misma.
Ama la moda, pero
no está obsesionada
con ella. Pero, ¿y si hay
una mujer a quien le encanta
el perfume y no entra en eso?
Siempre se dice: ' Es para una mujer
urbana, de tal y tal edad', y yo digo:
'¡Noooo!' Yo rompo con eso".
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