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ILUSTRACIÓN: RAYA

La vida personal
YA NO ES SECRETA

En el pasado, la vida quedaba resguardada en diarios personales encerrados bajo llave, llenos de confesiones escritas con fines terapéuticos. Sin embargo, a la usanza neomoderna, las hojas virtuales invocan la vida íntima como puente afiliativo en una red donde lo oculto pasa a ser de dominio público. ¿Cómo entender aquel pudor y cómo asumir esta desvergüenza?
Por Néstor Luis Llabanero

La humanidad, hasta la más sensata, parece resuelta al desacato, a no respetar la intimidad. No sólo la ajena, que siempre es complaciente desdeñar; sino la propia. Hasta hace poco, hacer leña del árbol caído era la norma para las reuniones entre iguales. Nada más sabroso que encontrar en el ausente el escenario de todas las habladurías. Sin embargo, el mundo virtual ha engendrado una prole de aparentes descarados, todos hijos de una exhibición que, por impúdica, rebosa el límite de la sinrazón. Lo que antes fue un secreto bien guardado -como registrar la vida en un diario, sometido en una gaveta para evadir a cualquier fisgón-, hoy se plantea deliberadamente distinto. En los dos casos, en un diario queda la vida. Y eso ya es una coincidencia. Aunque, en los dos casos, el auditorio constituye la cuantitativa diferencia.

Parece un afán, y como afán se torna desmedido, el que en los tiempos que navegan la gente haga de su vida un hecho sin fronteras, a la vista de todos como una estatua pública, sin el reparo de ser observada. Unas veces para recibir halagos. Eso sí, sólo de los amigos. Y muchas otras para ser despotricada. Por extraños, y hasta por esos mismos amigos.

No importa que quien se revele sea un ejemplo nocivo; no importa que la decrepitud haya mellado la virtud, y no importa si se trata de alguien en desafuero. Sencillamente, luce importante sólo una aspiración: salir a la faena en el ruedo del espacio virtual, para decirle al mundo quién se es.

Descansa la idea de los exhibicionistas sin remedio en el argumento de que quien escribe el diario personal, bitácora o blog, intenta alcanzar la comprensión de los otros. No parece mal. Por eso, algunos de los diaristas en la red van sumando amigos y visitas y, como consecuencia, el milagro de interactuar desde el blog constituye el remedio para sus problemas.

Es como vivir la ilusión de que los medios facilitan la comunicación, dijo una vez el cantautor argentino Fito Páez. "Te puedes conectar por Internet con un ruso, pero no sabes como se llama tu vecino", dijo para ser exactos.

Mientras tanto, exponerse públicamente sigue siendo-contrario a los diarios personales de papel- el gran motivo para no pasar desapercibido.

Esta generación es más mediática, lo cual provoca que ahora no sólo se quiera ESCRIBIR un diario sino que se quiera DIFUNDIR...

ME MIRAN PORQUE SÍ
Como la huella digital que le da sustentación al hecho de existir, el mismo principio suele operar cuando alguien manifiesta su adhesión al mundo virtual. Ya se ha hecho algo global ese eslogan engañoso según el cual Facebook es tu cédula de identidad. ¡Qué temeridad!

Las razones que tiene la gente de contarse a sí misma, especialmente en la comunidad gigantesca de los blogs, ha sido motor de investigaciones, según dice Fernando Núñez Noda, profesor de la cátedra de Comunicación Digital en la Universidad Católica Andrés Bello. Y las conclusiones esbozadas por el catedrático apuntan a que quien escribe pretende alcanzar una voz propia. Ésta sería la motivación fundamental para lograr individualidad en una plataforma que pare usuarios donde todos poseen un fondo común de genes virtuales.

Así que la meta de ser único en tan extenso espacio es casi improbable; pero la persona, a juicio de Núñez Noda, vive la idea de abandonar la condición de ser sólo un consumidor pasivo de la información web para convertirse en el protagonista. Aunque para ello deba dejar hasta el pellejo de su alma.

Lo que ocurre, de acuerdo con el docente de la UCAB, es que hay gente con una necesidad exacerbada de compartir su vida con los demás, de demostrar cómo es, y dejar al descubierto lo que le pasa. "Creo que hay una cuestión afiliativa, de llenar la soledad, de evitar la incomprensión, de hablar sobre la inseguridad que tiene sobre ciertos temas".

Tal vez no sea, entonces, descabellado pensar que existe un deseo de atención de mucha gente, "y qué forma más masiva como escribir un diario en un muro donde muchos lo leen".

No ocurría esto con los diarios personales concebidos en papel, cuya naturaleza contraria tendía a hacerlos secretos. Explayar el resguardo en la costumbre del pasado, por esmerarse en que todos se enteren, como sucede hoy, indica cambios en la sociedad. "Esta generación es más mediática, lo cual provoca que no sólo ahora se quiera escribir un diario sino que se quiera difundir, convertirse en una persona pública, ser más actor y menos espectador".

MIEDO A LA SOLEDAD
Según César Landaeta, autor de Al infierno se va en pareja, la gente se mantiene en un estado de eterna adolescencia en el que se dedica a jugar, a enamorarse y a consumir productos de moda. Y así como sucede con los adolescentes, el mayor temor es a la soledad, de allí la necesidad de comunicarse así sea a través de Internet.

COMO EN UNA CASA DE CRISTAL
Pero, cómo puede interpretarse, a la luz de un psicólogo, esta pretensión de no sólo escribir un diario sino de querer luego, con todo el esmero posible, mostrarlo a todo el mundo. "He visto no sin cierta preocupación ese fenómeno de lo que he decidido llamar la casa de cristal, en el cual la persona busca exponerse, a veces riesgosamente, al escrutinio ajeno a través de Internet. Mi impresión es que mediante esa práctica se busca conjurar el temor al aislamiento y a no ser como los demás", reflexiona el psicólogo César Landaeta.

Explica que las personas tratan de no quedarse atrás en la moda y hacer exactamente lo que hace el resto de la gente. Para ello, abren un blog, un chat o una cuenta de Facebook; pero, al mismo tiempo, en esos formatos públicos, se esmeran por parecer únicos y originales. "Si ves cada una de esas manifestaciones, te darás cuenta del empeño que ponen sus creadores en parecer que no existe nadie como ellos en el mundo, mientras utilizan el mismo medio y el mismo estilo de comunicación que comparte una gran cantidad de otra gente. Eso no tiene nada de original. Lo original, en este caso, sería no querer mostrar sus vidas privadas o hacerlo recurriendo a sofisticadas señales de humo o al teléfono particular, como se hacía en la antigüedad".

Para el autor del libro Al infierno se va en pareja, tenemos una sociedad tan pintoresca que raya en lo patético. "Pareciera que esta generación está tan amenazada por fuerzas desconocidas que a los individuos les está costando percibir un horizonte futuro y por eso se refugian en lo inmediato, en la masa o en no pensar demasiado. Esta es una forma de actuar que se observa frecuentemente en la adolescencia. En ese sentido, bien puede decirse que hoy en día, la gente desea mantenerse en una especie de eterna fase adolescente para dedicarse a jugar, a enamorarse y desenamorarse con demasiada facilidad, a consumir apresuradamente el producto de moda y a aturdirse con una que otra droga (no necesariamente de las ilegales). Creo que en el fondo el mayor temor es el mismo de la adolescencia: la soledad. No sólo ahora, sino a través de toda la historia, a los seres humanos eso de quedarse solos no les va muy bien en la mente. El refugio en una masa indiferenciada y poco reflexiva ofrece un falso antídoto contra la soledad y de allí la necesidad de comunicarse con los demás, aun cuando sea a través de un medio electrónico, sin más expresión afectiva que unos emoticones o unos cuantos signos de exclamación. Allí, sin duda hay mucha soledad, pero como diría Benedetti: 'Una soledad muy concurrida'. O lo que es igual a pensar en seres internamente solos, pero rodeados de gente virtual".

La consideración de César Landaeta es que no hay nada liberador en mostrarse en un blog o en un diagrama público de la vida individual. De acuerdo con su explicación, se trata sólo de la búsqueda de contactos afectivos y de la necesidad de recibir ratificación de la propia existencia, lo que lleva a las personas a colgar sus prendas íntimas en las cuerdas públicas de Internet. "No considero esa tendencia exhibicionista como algo patológico o reprochable en sí mismo. En la mayoría de los casos, esa costumbre no pasa de ser un entretenimiento y, por lo general, no trasciende hacia un nivel preocupante. Sin embargo, como psicólogo, me gustaría ver cada día más contactos personales auténticos, afectivos y respetuosos, tanto de la propia individualidad como de la ajena. Pero reconozco que esa aspiración mía es tan utópica, como la de hallar un amor verdadero en el ciberespacio".

ESCRITURA DE SANACIÓN, NO DE EXHIBICIÓN
Jesús Nieves Montero, escritor y docente de narrativa en el Instituto de Creatividad de Caracas, cree en los argumentos del psicólogo J.W. Pennebaker cuando éste habla del efecto sanador de la escritura.

Pennebaker es un nombre de constante evocación en las clases de Nieves Montero, por cuanto, según explica, "el autor norteamericano ha demostrado con pruebas clínicas que a una persona el hablar de la ansiedad que le produce un examen justo antes de presentarlo, no sólo le ayuda a tener un mejor desempeño en la prueba sino que se produce en su organismo un conjunto de reacciones químicas que aumentan la sensación de bienestar".

Existen dos tipos de diario: aquel que es un ejercicio de narración del presente inmediato y ese otro MÁS pensado que puede alcanzar un nivel filosófico

El principio es el que sigue: si se expulsa el veneno a tiempo, vuelve la salud. Por eso, a la luz de estos criterios, hablar de traumas personales genera un aumento en los anticuerpos contra diferentes enfermedades. "Hay un consenso en que el hecho de guardar temores y frustraciones convierten a la persona en una especie de bomba de tiempo; en cambio, el escribir sobre ellos -que en cierta manera equivale a conversarlos con un terapeuta- permite drenarlos y hacer que se manifieste cierto bienestar".

Pero una cosa es hablar y escribir como acto de salud personal, y otra es hacer de uno mismo una verdadera propaganda egocéntrica. Y para Nieves Montero muchos dedos apuntan hacia un alto contenido exhibicionista a la hora de escribir un diario o un blog saturado de intimidades. "El redactor de este tipo de blog casi siempre tiene un fuerte impulso de hacer escuchar su voz, de decir al mundo que él existe".

Exceptúa de este lote a aquellos que persiguen finalidades creativas. Son los casos de quienes "publican sus textos en la web, pues consideran que es un medio de democratización en comparación con los canales establecidos que cortan el paso para publicar".

Intentando ser exhaustivo, Nieves Montero, autor del libro Juegos de perdón, divide dos tipos de diario. Aquél que funciona "como un compendio melodramático y totalmente condescendiente, que por autocomplaciente tiene poco valor, incluso para la misma persona, porque tiene siempre un toque adolescente, con un exclusivo ejercicio de narración del presente inmediato sólo comprensible en ese momento". Y aquellos diarios más pensados, "de personas -no siempre es así- sumidas en profundas patologías los cuales pueden alcanzar un nivel casi filosófico". En este apartado ubica los grandes diarios literarios como los de Franz Kafka, Virginia Woolf y Sylvia Plath.

UN VACIADO DE VÍSCERAS
Hay gente que se impresiona de que en tiempos tan impersonales en tanto individuales exista un hábito tan personal para el consumo colectivo. Pedro Isea, un ingeniero mecánico con vocación de artista, no se suma al grupo de los impresionados. "Creo que soltar verdades o puntos de vista, en el tono que se decida, funciona como un vaciado de vísceras. Es como sentir que lo pude decir y expresar en vez de guardármelo. Lo escribes con la esperanza de que se produzca una respuesta del otro lado. Siempre es una catarsis".

Soltar verdades o puntos de vista, en el tono que se decida, funciona como un VACIADO de vísceras... siempre es una CATARSIS

Después de su experiencia como bloguero, Isea cree que la vida para él no puede ser igual sin ese hábito. "Ya lo he incorporado como patre de mi expresión personal y artística".

No recuerda su gusto por escribir pasajes personales, salvo unos cuentos cortos en la Universidad Simón Bolívar, donde participó dos veces en el concurso de ciencia ficción. Pero dista la ficción de lo que luego constituyó una sistematización: contarse en crónicas de oficina, relatarse en sus vivencias de conciertos, desnudarse en los acontecimientos familiares, y transparentarse en las discusiones con amigos. Todo, como ven, alrededor de sus preocupaciones registradas en blogs. "Lo empecé a hacer en julio de 2005. Me motivé cuando leí un artículo en el cual una mujer comentaba su experiencia de escribir bitácoras en blog, y el esposo, decía el artículo, le recriminaba por sus sospechas de que seguramente nadie se interesaría en los relatos. Entonces, yo me dije `vamos a ver cómo es esto´". Y abrí mi página pública (www.petruscosas.blogspot.com). Pensé que si el blog genera tráfico de personas, lo aprovecharía para echar cuentos y combinar con la música brasilera de mi grupo donde soy cantante y percusionista".

Isea enumera las razones para dejarse ver en un blog. "En la medida que he ido escribiendo, me he estructurado mejor en la narrativa, he aprendido a utilizar mejor las imágenes para ilustrar lo que digo, y he ampliado el intercambio cercano con otras personas. Es la posibilidad de exponer mis relatos y el tipo de música que a mí me gusta, y como artista quiero exponerme al ojo público, el blog sigue siendo un camino para eso mismo". De frecuencia semanal, Pedro Isea (www.elamargado.wordpress.com) se aleja de la modalidad del diario personal en tanto no concibe la escritura sobre el día a día, sino que la relaciona con las sensaciones y la contextualiza en el tiempo y espacio. A tres años de su aventura, determina que internet es una herramienta poderosa; de modo que las presunciones de que alguien no vaya a interesarse en lo que se escriba quedan esfumadas en el mundo paralelo que por virtual no deja de ser real.


nllabanero@eluniversal.com

ESCRIBIR COMO TERAPIA
A partir de la necesidad manifiesta de algunos de los participantes del Programa Superior de Escritura Creativa, del ICREA, que demandaron la utilización de la escritura con fines terapéuticos, se encomendó, en 2005, la tarea de diseñar un programa que le dio forma al taller La escritura personal y el relato de familia. El objetivo era ayudar a los participantes a elaborar algunas de sus situaciones conflictivas en forma de pequeños relatos o de anotaciones de diario.

"Fue un taller exitoso que me impulsó -dice su creador Jesús Nieves Montero- a seguir investigando hasta desarrollar, para el año 2006, el programa de Escribir para sanar, un taller todavía más concentrado en la escritura como medio para alcanzar un bienestar físico y emocional, al unir técnicas de escritura creativa para este fin. El mero hecho de escribir sin ninguna restricción sobre conflictos, temores, frustraciones o traumas es como `vomitar´. Es decir, tiene el mismo alivio sintomático que se tiene durante una digestión al vaciar del estómago el contenido problemático, aun cuando a veces no vaya a la raíz. En el trabajo que realizamos en Escribir para sanar profundizamos y tratamos de que la persona, a través de un uso consciente del lenguaje, consiga sino solucionar sus problemas, por lo menos alcanzar un punto de comprensión".

 
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