
Un venezolano en la ruta de la seda
El reto para el expedicionario venezolano Rui Mendes -y su acompañante, el camarógrafo Oscar Blanco- era, en esta ocasión, recorrer más de 18.000 kilómetros a bordo de un solo vehículo -la Montero Limited de Mitsubishi-, sin asistencia técnica o mecánica de ningún tipo. Esa es la distancia que, aproximadamente, se lleva atravesar las regiones que en la antigüedad conformaban la ruta por la que se llevaba la seda de la misteriosa China hasta los puertos de Estambul y, de allí, al resto de occidente. Un gran puente de intercambio cultural que, hasta hoy, sigue atrayendo a miles. He aquí un registro de la aventura
Por Raúl Chacón Soto. CHINA
Fotos: Rui Mendes
Turquía
TOMAR LAS COSAS
CON TÉ
El inicio del recorrido deparó momentos inolvidables a los viajeros. Después de salir de la cosmopolita Estambul, ciudad que une a dos continentes, y de deleitarse con la contemplación de sus célebres mezquitas y del Bósforo con su incesante tráfico, atravesaron el país buscando el oriente, convirtiéndose en testigos de sus muchos contrastes, pero, al mismo tiempo, del carácter afable de sus habitantes. Se maravillaron en Capadoccia, visitaron una de sus ciudades subterráneas -que alcanza los 80 metros de profundidad- y ascendieron los 2.150 metros del Monte Nemrud, para inquietarse con el santuario funerario de Antioco I.
¡Qué mejor escenario que el ofrecido por la bellísima Mezquita Azul, en Estambul, la capital de Turquía, para tomarse la foto de largada de esta travesía! En la foto aparecen Rui Mendes y el camarógrafo Oscar Blanco, acompañados de representantes de Mitsubishi Motors, quienes les desearon la mejor suerte para culminar el exigente recorrido.
"El té es para los turcos como el mate para los argentinos", comenta Mendes al hacer referencia a la amabilidad de los ciudadanos de ese país, quienes siempre se interesaban por su procedencia y les invitaban a compartir la aromática infusión. "Es un país de contrastes, pero se comparte el respeto hacia el semejante".
Capadoccia los deslumbró. "Nos topamos con un escenario extraterrenal, porque en este valle están las llamadas 'casas de los trogloditas', talladas en las rocas... incluso construyeron catedrales". Las ciudades subterráneas y las ruinas del santuario funerario de Antioco I también fueron fuente de verdadero asombro.

Irán
DE FERVOR EN FERVOR
Como "bichos raros" se sintieron los venezolanos ante las miradas de curiosidad, y hasta desaprobación, que les lanzaban por su indumentaria. Oscar prefirió guardar sus bermudas y ponerse pantalones mientras Rui tuvo que explicar, más de una vez, por qué usaba zarcillos. Irán significó un dramático contraste con lo precedente, si bien la amabilidad de la gente era una constante, más aún al saber que se trataba de venezolanos, a quienes saludaban uniendo los dedos en señal de alianza. "Este es un país con potencial económico, pero eso no se ve cuando manejas a través de él".
Olvídense del caos a la hora de conducir en urbes como El Cairo, Ciudad de México o Sao Paulo. Según Mendes, en ninguna parte se maneja peor que en las calles iraníes. "La gasolina es otro tema. Los ciudadanos sólo pueden gastar tres litros diarios o 90 al mes. Las largas colas en las gasolineras nos recuerdan la época del paro".
Impacta el fervor religioso, aunado al hecho de que todas las mujeres, sin excepción, deben usar el pañuelo en la cabeza; y, las más ortodoxas, la túnica negra que las cubre de los pies a la cabeza... da dolor verlas así bajo el sol inclemente, con temperaturas de hasta 38 °C".
 
Cerca de la ciudad de Shiraz vieron las ruinas de Persépolis -"ciudad de los persas"-, construida a partir del año 518 a.C., durante el reinado de Darío I. "Aún se conserva gran parte de sus bajo relieves... Puede percibirse la grandeza y el legado de ese gran imperio".
Turkmenistán
EN LA CIUDAD BLANCA
Antes de salir de Irán los viajeros ya sabían que la ruta prevista cambiaría -por el cierre del sector de la frontera china-, así que Kasajistán, Rusia y Mongolia serán nuevas etapas del recorrido. Turkmenistán no es un país grande -tiene unos cinco millones de habitantes-, pero allí tendrán que atravesar el desierto Karakum -lo que les tomará unos tres días. Sorpresas no faltaron: tienen el canal de irrigación más largo del mundo y sólo pagan por la gasolina el equivalente a 0,20 dólares por litro.
iRumbo al desierto, en un pequeño poblado, unos pequeños corren hacia la camioneta llenos de curiosidad. "Venimos de Venezuela, que es un país que está muy lejos, pero donde también hay niños bellos y simpáticos como ustedes". Cuando el guía traduce el mensaje, todos estallan en risas.

En los 50, una compañía de gas rusa perdió una de sus instalaciones al toparse con una caverna bajo el suelo. Al notar que el gas seguía saliendo encendieron fuego para que se consumiera. Pero sigue ardiendo. El resplandor de este cráter -60 metros de diámetro- se ve a kilómetros de distancia. "Es la imagen de las llamas del infierno".
"El impacto que ofrece Asjabad es notorio. Uno no espera encontrarse con una ciudad cosmopolita de fastuosos y blancos edificios, anchas avenidas y grandes jardines que recuerdan a Las Vegas. Le dicen La Ciudad Blanca... Llaman la atención los colores intensos de la ropa de las mujeres y la costumbre de cubrir los dientes con oro".
Uzbekistán
an englishman in... Tashkent
"El destino es lo que ocurre cuando tenías otros planes". Este era el dicho que recordaba Rui al verse detenido en la ciudad de Taskent, durante más de ocho días, a la espera de los documentos necesarios para seguir avanzando. Pero el destino le tendría otras sorpresas, algunas realmente agradables. De la ciudad, asegura, no hay mucho de qué hablar.
Después de haber recorrido 750 kms de malos caminos, lo único que querían los venezolanos era un lugar para dormir. Curiosamente lo consiguieron en una hostería muy buscada por mochileros trotamundos; y todo gracias a la amabilidad de un inglés que tenía un cuarto disponible en el apartamento que había rentado. ¿Quién era el inglés? Pues, Paul Wilson, el autor de la guía que habían utilizado para hallar sitios donde alojarse y saber de permisos. La vida te da sorpresas.
 La torre de telecomunicaciones es uno de los pocos sitios relevantes que, a juicio de Mendes, pueden visitarse en la capital de Uzbekistán, una de las antiguas repúblicas de la Unión Soviética.
En Bukhara se detuvieron los viajeros el tiempo suficiente para escribir una de sus bitácoras.
Kazajistán
EL PAÍS DE BORAT
Desde la frontera hasta Almaty, hay 900 km. La ciudad los recibió con temperaturas de 13 °C. Luego de rodar otros 1.500 kilómetros, esperaron dos días en Semey para cruzar a Rusia, muy a su disgusto, pues muy cerca se hicieron pruebas nucleares, en los noventa, según cuentan, ¡risueños!, los propios kasajos.

La hora de comer representaba no pocos obstáculos. Cuando no se entendía el menú lo mejor era ver los platos de los vecinos y señalar los que les gustaban. Si estaban solos en el lugar, pues no quedaba más remedio que tratar de entrar a la cocina y escoger...
 "Al llegar a Almaty pensamos que estábamos en una sucursal de Mónaco por la gran cantidad de autos costosos que había. Allá el nivel social viene determinado, antes que por la casa que habitas, por el vehículo que manejas. Es común ver Mercedes, Montero Limited y BMW, delante de bloques de apartamentos".
Rusia
SIBERIA...AUNQUE USTED
NO LO CREA
Contrario a lo que cabría imaginarse, el paso a Rusia no implicó un proceso largo y tedioso. Sólo una hora estuvieron detenidos antes de iniciar el recorrido de unos 1.500 kilómetros que les tomaría cruzar el sur de Siberia para alcanzar la frontera con Mongolia. La belleza del otoño les tomó por sorpresa...

"Esta ha sido la expedición donde he aprendido más de las costumbres de la gente... de cómo estamos unidos sin saberlo o sin querer aceptarlo... es constatar que el mundo no es tan grande como lo es el espíritu de cada ser humano".

"Me imaginaba el sur de Siberia más despoblado e inhóspito. Pero sus carreteras son excelentes. Los paisajes y los colores del follaje de los árboles, propios del otoño, son de fotografía".
Mongolia
CAMELLOS COMO CANGUROS
La línea que separa a Rusia de Mongolia también marca un cambio dramático de paisaje. Las imágenes, de "belleza apabullante", marcan el estado de ánimo de los viajeros, quienes viven en este país varios de los momentos más emotivos, pero también retadores y frustrantes, del viaje... y es que aquí no sólo serán testigos de modos de vivir diferentes a los suyos, sino que tendrán que atravesar el desierto del Gobi y, peor aún, esperar por permisos en la frontera, con China a la vista, por tiempo indefinido...

Familiares del guía mongol que les acompañaba les acogieron en sus yurks. Allí, lejos de la civilización, pasaron dos días inolvidables "con gente tan humilde como sabia".
A Rui le pasó con los camellos en Mongolia lo mismo que con los canguros en Australia. Él asegura que al ver los primeros no puede evitarse gritar de la emoción... pero son tantos que, después, ya ni se les presta atención.
En estas tierras utilizan a las águilas para cazar. Los mongoles las capturan recién nacidas y las amarran por una pata a un palo. Las dejan varias semanas sin comer y, luego, las alimentan con carne para que entiendan que ellos son sus amos. Después les enseñarán a cazar.

Difícil es atravesar un país sin caminos asfaltados. Rui se valió de su experiencia para descifrar las trillas que surcan ese inmenso territorio. Pero el reto fue mayor en el desierto del Gobi. "Qué experiencia hemos vivido. En más de 21 años nunca me había guiado, por más de 2.000 kms, sólo por los puntos cardinales. El GPS es una herramienta valiosa".

espués de haber recorrido gran parte del Gobi, los viajeros llegaron a Ulaanbaatar, la capital, donde fueron recibidos con temperaturas bajo cero. Estaban a sólo 750 kms de China...

El paso fronterizo no es más que una estación de tren muy concurrida por personas que van y vienen de Beijing. Quedan 900 kms para terminar la travesía... sólo faltan los permisos.

| En inmejorable compañía |
| "Nadie en toda América Latina había intentado hacer esta ruta con su vehículo -dice Rui Mendes. Esta expedición es especial porque se cruzan países que son considerados "de riesgo", y por la variedad de terrenos por los que debemos pasar: desiertos con diferentes tipos de dunas así como caminos remotos y poco transitados. Para hacerlo más difícil, en la gran mayoría de los países que cruzamos no se habla inglés y tuvimos que optar por navegar con brújula para entender la dirección de los caminos ya que los letreros están en árabe, uzbeko, ruso o mongol. El objetivo era, además, hacer los más de 18.000 kms sin asistencia técnica o mecánica. Un solo vehículo, un piloto y un camarógrafo... esto, de por sí, ya es un gran reto". En las bitácoras donde daba cuenta de sus experiencias a lo largo de la travesía, Rui no se cansa de alabar el rendimiento de su vehículo: la Mitsubishi Montero Limited. Se sabe que para este viaje a la camioneta sólo se le hizo un trabajo especial en materia de suspensión y de neumáticos. "No nos ha defraudado. No importa lo rudo del camino, se maneja con total confianza en cuanto a estabilidad y performance... su rendimiento, en cuanto a consumo de combustible, supera las expectativas al hacer seis kms con un litro de gasolina con el 4x4 activado y el peso extra de carga. Es el vehículo más estable y confiable para manejar en malos caminos que he conducido hasta ahora". Luego de más de dos meses de travesía, ya tiene en mente una nueva ruta: "Desde Suráfrica hasta Dakar, en Senegal: 17 países en plena África Negra". |
| Un viaje de emociones |
¿Cuál fue el momento
de mayor alegría?
"Aún está por llegar. Cuando nos permitan el paso a China".
¿Cuál el de mayor tristeza?
"Cuando nos informaron, estando al lado de Kirguistán,
que teníamos que dar la vuelta y cruzar Kasajistán, Rusia y Mongolia para llegar a China".
¿El de mayor temor o miedo?
"El temor que nació, después de haber dado esa inmensa vuelta por tres países, cuando nos dijeron que no era seguro que el gobierno chino autorizara el ingreso del vehículo".
¿El de mayor sorpresa?
"Cuando nos dimos cuenta de que en Mongolia no existe señalización de caminos".
¿El de mayor indefensión?
"En todos los pasos fronterizos".
¿El de mayor asombro?
"La hospitalidad y espontaneidad del pueblo mongol".
¿El de mayor dolor?
"Un dolor de estómago y cuatro días con diarrea por comer algo típico en Ulaanbaatar".
¿El de mayor placer?
"Haber estado en Capadoccia".
¿El de mayor frustración? "La espera en Mongolia". |
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