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FRENTE A PARQUE CENTRAL

ZHANDRA RODRÍGUEZ

Se alegra profundamente pues, asegura, está viendo cambios en la ciudad, una que, por sorpresiva e impredecible, compara con la danza contemporánea Por Johan M. Ramírez Foto: Natalia Brand

"Quiero enorgullecerme de vivir acá"

Cuando la rusa Anna Pavlova, famosa bailarina del naciente siglo XX, visitó Caracas para presentar algunos espectáculos, la ciudad enloqueció por ir a verla. Una señora, una más entre la multitud, decidió tras la función el destino de su hija: estudiaría danza. Así lo hizo la pequeña, y conforme creció mostró un talento nada usual. Años después, a sus 18, asistió al Aula Magna para ver un par de funciones que el entonces célebre American Ballet Theater realizó en la capital. El programa incluía Études, Las Sílfides y El lago de los cisnes. La joven quedó impactada por la hermosura de aquel montaje y la frescura de los artistas. Jamás había visto algo parecido. "Aún así, yo sabía que podía hacerlo mejor, estaba muy preparada", cuenta, y, en efecto, años después se convierte en primera bailarina del mencionado ballet estadounidense).

Presenciar semejante evento la animó a irse tras un sueño. Se marchó a Estados Unidos buscando la experiencia que la elevara luego a la altura del arte europeo. "Cuando tienes 20 años, quieres hacerlo todo y la nostalgia no cuenta ni la ciudad importa, no le paras a nada", dice. Y quién podía vaticinar que aquellos momentos caraqueños encaminarían la carrera de una de las mejores bailarinas del país, cuyo nombre es referencia ineludible de la danza en Venezuela: Zhandra Rodríguez.
"Afuera trabajé duro. Tomaba 54 vuelos en las 52 semanas del año. No fue hasta mi segunda boda cuando, por fin, surgió el arraigo con la ciudad", cuenta. En efecto, dice que su segundo esposo, también bailarín, no podía acompañarla a las giras por tener sus propios compromisos. Entonces, ella decidió establecerse en la capital por el bien de la relación.

"Cree que llevando cultural a las calles, la ciudad se volverá má pacífica, y, en lugar de emborracharse y matarse, los caraqueños preferirían ver una función"

"Cuando regresé, aquí no había nada. José Antonio Abreu comenzaba con el Sistema de Orquestas, pero la danza era nula. Y como no iba a perder mi carrera porque una ciudad no se interesara en las Artes Escénicas, fundé el Ballet Internacional de Caracas y comencé a pelear para sacarlo adelante", relata.

Influenciada por Europa, donde los festivales de verano se celebraban al aire libre, pensó hacer lo mismo en esta ciudad, usando las calles y plazas como escenario. "Antes de eso, Caracas era sólo para mis temporadas. Pero todo cambió, y ahora me siento parte de ella, y quiero enorgullecerme de vivir acá. Me alegra que las cosas se estén enrumbando… lo digo porque veo la transformación", afirma con optimismo.
A propósito, está convencida de que la danza es esencial en ese cambio capitalino. Cree que llevando cultura a las calles, la ciudad se volvería más pacífica, y, en lugar de emborracharse y matarse, los caraqueños preferirían ver una función.

Por otra parte, asegura con gracia que distingue a leguas la interpretación de una bailarina caraqueña. "Se les nota demasiado la idiosincrasia: todas quieren ser vistas, venderse y mostrarse para que las aplaudan. Es la misma ostentación que hay en la calle, la de tener el mejor celular o la ropa de marca para ser vistos", agrega.

Ahora bien, tras una vida entre solos y duetos, primera bailarina en decenas de ballets en el mundo y, actualmente, al frente de un Programa Integral de Danza para las Escuelas Bolivarianas y del Sistema Nacional de Danzas, observa a Caracas con ojos de bayadera y afirma: "Ella se parece a la danza contemporánea, porque, mientras la clásica es planificada, precisa y predecible, ésta es sorpresiva, abierta y libre. Y así es esta ciudad. ¡Olvídate! ¡Aquí todos bailamos danza contemporánea!".

johan_ramirez3@hotmail.com

Asistente de fotografía: Anita Carli

 
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